Historia de Creta

Creta (en griego: Κρήτη [Kriti]) es la isla más grande de Grecia y la quinta en tamaño del mar Mediterráneo. El archipiélago cretense conforma una de las trece periferias y una de las siete administraciones descentralizadas de Grecia. Hasta principios del siglo XX también se la conoció con el nombre de Candía, topónimo que deriva del latín candidus («blanco») y que le aplicaron los marinos y comerciantes italianos del Medievo. Posee una superficie de 8300 km2, una costa de 1040 kilómetros de longitud y una población de unos 620 000 habitantes. Su capital es Heraclión.

Creta fue antiguamente el centro de la civilización minoica (2700-1420 a. C.), considerada la más antigua civilización de la que se tienen registros en Europa.1Creta es la principal isla de Grecia y también una de las más meridionales de ese país. Representa una de las fronteras simbólicas entre Oriente y Occidente. Localizada a equidistancia entre Europa, Asia y África, la isla ocupa una posición geográfica que le confiere una rica historia mientras que su posición estratégica le ha valido el ser terreno de numerosos conflictos entre pueblos en el contexto del control del Mar Mediterráneo. La isla es un punto de cruce entre Europa y Asia Menor, Europa y el Oriente Próximo, así como entre Europa y África.

Parte integral de Grecia en la actualidad, Creta no formó parte de esta sino hasta 1913, Habitada por lo menos desde el Neolítico, Creta fue la cuna de la civilización minoica que dominó el Mediterráneo oriental desde el IV hasta el I milenio a. C., antes de derrumbarse ante el florecimiento de la Grecia continental.

Cuando Roma dirigió sus intereses hacia el Oriente, la isla formó parte de una etapa de expansión del Imperio romano. Tras la partición del Imperio, Creta se integró al Imperio de Oriente. Fue sucesivamente bizantina, árabe en el siglo IX, veneciana tras la Cuarta Cruzada y la partición del Imperio bizantino entre los reinos francos. Creta estuvo entonces dividida entre la ocupación latina y la herencia bizantina, y su posición fue estratégica para la defensa del comercio veneciano en el Mediterráneo.

En todas las etapas de su historia, la isla ha sido objeto de la codicia de los piratas, que hicieron de ella una base para sus correrías. Los actos de piratería y la amenaza que ello significaba para el comercio mediterráneo fue frecuentemente el pretexto para la intervención y ocupación en la isla por parte de diferentes pueblos que tenían intereses en ella.

Creta pasó bajo el dominio otomano durante el siglo XVII. Su historia ha estado marcada por rebeliones del pueblo cretense contra sus diferentes ocupantes. Estas rebeliones fueron más frecuentes en el transcurso de los tres siglos de ocupación otomana, y en particular durante el siglo XIX. Creta logró desligarse de la tutela turca desde 1897, pero no se integró a Grecia sino hasta 1913.

Fue teatro de enfrentamientos durante la Segunda Guerra Mundial, además de ser una de las regiones griegas ocupadas por Alemania durante la repartición de Grecia entre Alemania, Italia y Bulgaria.

Creta ha sido desde hace bastante tiempo una tierra de emigración, padeciendo de un éxodo rural. El auge del turismo desde la década de 1970 ha aportado cierto repunte económico.

Prehistoria

Se conoce bastante poco sobre la aparición de la antigua civilización cretense debido a que muy pocos testimonios escritos han sobrevivido hasta la actualidad. Ello contrasta con la riqueza de palacios, casas, caminos, pinturas y esculturas de esa época.

Teseo y el Minotauro, detalle de una ánfora del grupo de Londres B 174, hacia 540 a. C., Museo del Louvre.

La historia cretense está salpicada de leyendas (como las del rey Minos, Teseo, el Minotauro, o Dédalo e Ícaro) que han llegado hasta nuestros días a través de los historiadores y poetas griegos.

A falta de fuentes escritas, la cronología de la historia de Creta se ha basado en el estilo de la alfarería egea y del Oriente Próximo, de modo que los estudios cronológicos se han realizado a partir de objetos comprados por los cretenses a otras civilizaciones (por ejemplo a la egipcia). Para los tiempos más antiguos, la datación por carbono 14 de restos orgánicos y de carbón vegetal ofrece datos independientes. Con base en estos elementos, se cree que Creta fue poblada a partir del VII milenio a. C., como lo prueban numerosas astillas de obsidiana encontradas al este de Heraclión,[1]​ así como las pinturas rupestres de Asfendou Sfakion, que representan animales con cuernos y motivos abstractos.[2]

La presencia de humanos es palpable desde el Neolítico. En la región de Rétino se descubrieron herramientas de hueso y cuerno correspondientes a ese período. Esas herramientas habrían pertenecido a hombres del período interglaciar, pero ninguna prueba es aún demasiado convincente.[3]​ Otra teoría, al parecer más sólida, apunta al establecimiento humano en la isla desde el Paleolítico.[1]​ En el último período glacial, el nivel del Mediterráneo debía encontrarse cien metros abajo del nivel actual, por lo que habría sido relativamente fácil alcanzar la isla desde el Peloponeso.[4]

En Creta se ha descubierto la existencia de una fauna del Pleistoceno,[1]​ con restos de hipopótamos enanos en la meseta de Katharos, caballos y elefantes enanos,[5]​ ciervos enanos ( Praemegaceros cretensis), roedores gigantes, insectívoros, tejones, y una especie de nutria terrestre. No hubo grandes carnívoros, y la mayoría de los animales desaparecieron al final de la última glaciación. No es seguro que el ser humano haya jugado un papel en esas extinciones, como sí hay indicios de que ocurrió en otras islas mediterráneas como Sicilia, Chipre y Mallorca. Hasta la actualidad, no se han encontrado osamentas de esa fauna endémica en sitios neolíticos.

Hojas de piedra tallada, originales del Neolítico (Museo Arqueológico de Heraclión).

Los primeros habitantes llegaron posiblemente del este: Anatolia, Cilicia, y quizás de Canaán.[6]​ Introdujeron animales domésticos, como ovejas, cabras, cerdos y perros, pero también la cultura de los cereales y las hortalizas. Hasta hoy, el sitio de Cnosos, cuya ocupación se remonta al VII milenio  a. C. (estrato X), permanece como el único sitio acerámico (o precerámico). El hecho de que ninguna pieza de alfarería se haya encontrado en el estrato X hace pensar que la ocupación del sitio fue anterior a la aparición de la cerámica.[7]​ El sitio ocupa unos 350 000 m². Las raras osamentas encontradas en el lugar son de animales arriba mencionados, pero también de ciervos, tejones, martas y ratones: la extinción de la megafauna local no dejó demasiadas piezas de caza. La cerámica neolítica ha sido hallada en Cnosos y en las grutas de Lera y de Gerani. En el neolítico tardío proliferaron los núcleos de población, lo que da testimonio de un crecimiento demográfico. Durante este período, se introdujeron el asno y el conejo, mientras que se cazaban el venado y el kri-kri, una cabra salvaje que conserva las características de las primeras domesticaciones.

La cerámica del Neolítico evolucionó durante este período. Simple y sin decoración al comienzo del Neolítico, se volvió más sofisticada, con la presencia de grabados, mientras que las técnicas de fabricación parecen demasiado avanzadas para la época.[8]​ Las piezas de cerámica, de color negro y rojo, eran cocidas en hornos abiertos.[9]​ Las primeras estatuillas aparecen en esta época, elaboradas de arcilla, pizarra, piedra, mármol o conchas.[10]​ A finales del Neolítico, se trata generalmente de figuras femeninas que tienen resaltadas las partes del cuerpo relacionadas con la fecundidad.[10]

En el neolítico precerámico, la vivienda se presenta en forma de cabañas elaboradas de troncos de madera,[11]​ con suelo de tierra batida.[6]​ En Creta se encuentra una particularidad ausente en el resto del Mar Egeo: tumbas de niños en el interior de las casas.[11]​ A partir del neolítico antiguo, las excavaciones de Cnosos muestran que las casas poseían piezas contiguas de muros de piedra y ladrillo[12]​ y cubiertos de un emplasto en el interior. Los techos son planos y de un entretejido de madera.[9]​ En el neolítico antiguo II, las casas se equipaban de escalones de terracota. Los muertos eran enterrados y acompañados de piezas de cerámica y de joyas de piedra.[9]​ Numerosas grutas se ocuparon como viviendas, sobre todo en las regiones más montañosas. Frecuentemente, los muertos eran enterrados en las grutas, una práctica bastante corriente incluso después que los hombres del Neolítico abandonaron esos lugares para establecerse en casas construidas.[7]

Las relaciones de Creta con el resto del Mar Egeo parecen haberse desarrollado esencialmente hacia el final del Neolítico. La cerámica pintada de rojo y pulida hace suponer que existieron relaciones con las regiones norte y oriente del Egeo, donde se encuentran cerámicas idénticas.[13]​ La introducción de la obsidiana, proveniente de Milo y de Nísiros para la fabricación de pequeñas herramientas presupone el surgimiento de la navegación en el Mar Egeo.[13]

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