Historia de Bogotá

Escudo de la ciudad de Santafé de Bogotá.

Época prehispánica

Desde el 10.500 a. C., grupos de humanos (la cultura de El Abra) habitaron el altiplano cundiboyacence. Allí desarrollaron actividades de caza y recolección, de lo que quedan vestigios en el sitio conocido como El Abra. Desde el 3500 a. C. se registran actividades hortícolas, de alfarería[1] y la domesticación del curí por grupos que aún dependían de la caza y la recolección. En el 500 a. C. estaba difundido el cultivo del maíz y la papa.

Periodo muisca

Hacia el siglo IX los muiscas ya habitaban la zona, como resultado de una migración de origen chibcha, sobre cuyos orígenes se han propuesto diferentes teorías,[2]

Hunzahúa, bajo cuyo mandato se unificaron el idioma y la religión muiscas.

La cultura muisca careció de escritura,[3]

En la cumbre de la escala de la organización social muisca se ubicaba el zipa, seguido por el estrato religioso de los chyquy, o sea los sacerdotes, a quienes los españoles llamaron jeques, y los uzaques, que eran los caciques menores. Después estaban los güechas (guerreros), seguidos por los artesanos, mercaderes, campesinos, etc. Contaban con un calendario lunar de gran precisión y una compleja estructura jurídica,[4]

Su territorio estaba poblado por cerca de dos millones de habitantes, repartidos en cinco federaciones independientes, enemigas entre sí, situadas en los actuales departamentos de Boyacá y de Cundinamarca.[5]

Las restantes cuatro federaciones que conformaban el territorio muisca fueron la Hunza, que dio su nombre a la ciudad de Tunja, la capital de Boyacá; la Iraca o Sugamuxi; la Tundama, que se extendía al norte hasta el Chicamocha; y la Guanetá.[5]

Cuando llegaron los españoles, tres gobernantes independientes reinaban sobre los muiscas: el zipa en Funza, el zaque en Hunza y el jefe de Iraca, quien tenía un carácter sacerdotal como sucesor de Bochica, el civilizador.[6]

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