Historia de Andorra

Las primeras menciones del territorio que formaría Andorra datan del siglo I a. C.; en efecto, el historiador griego Polibio menciona una batalla de los pobladores locales (andosinos) frente al cartaginés Aníbal, a su paso por los Pirineos.

El territorio fue incorporado más tarde al Imperio Romano como parte de la provincia Hispania Tarraconense, creada en 27 a. C. a la cual perteneció incuso tras la creación del reino visigodo. Después de la conquista musulmana, los valles andorranos fueron parte de la Marca Superior de Al Ándalus. Este territorio fue el escenario de la lucha entre francos y andalusíes hasta la invasión de Carlomagno, fecha tradicional de la independencia de Andorra (año 788).

El primer documento conservado en el cual se nombra a Andorra es el acta de consagración de la catedral de Urgel, del siglo IX, donde se señala que Andorra era un feudo del condado de Pau.

El 27 de enero de 1133, el conde Ermengol VI de Urgell cedió sus bienes y derechos en los valles de Andorra al obispo de Urgell. Con posterioridad, los diferentes conflictos bélicos obligaron al obispo a someterse a la protección de la casa Caboet, cuyo heredero era el Conde de Foix. En 1278, y debido a numerosas disputas, se firmó el “Pariatge” entre el obispo de Urgel y el conde de Foix, un documento de reconciliación que dio origen a la institución del coprincipado. En 1288 se firmó el segundo "Pariatge".

Firma del segundo "pariatge".

En los pariatges se firmaba un acuerdo de co-soberanía entre el obispo de Urgel y el conde de Foix. Andorra pagaba un tributo feudal al conde de Foix y al obispo de Urgel. Se discute la naturaleza constitucional de "Los Pariatges" y de hecho algunos autores los consideran la primera constitución europea; sin embargo, la naturaleza de esta concordia entre el conde de Foix y el obispo de Urgel parece relacionarse más con uno de tantos acuerdos y concordias feudales que con una constitución en sentido contemporáneo.

El Parlamento actual, llamado Consell General (en castellano, Consejo General), se constituyó en 1419, con la creación de lo que entonces se llamó el Consell de la Terra (en castellano, Consejo de la Tierra).

Siglos XVIII y XIX

Andorra en el Imperio Napoleònico (1812-1814).
Departament del Segre (Département du Sègre)

A comienzos del siglo XVIII, Andorra se mantuvo neutral en la Guerra de Sucesión Española. En 1715, el obispo de Urgel, Simeón de Guinda, dictó diversas normas en las que se indicaba a los Cónsules de los Valles de Andorra no obedecer ninguna orden que no fuera expedida por el rey de Francia.

En 1748, Antoni Fiter i Rossell, doctor en derecho y natural de Ordino, recopiló los usos y costumbres de Andorra en el Manual Digest. En este libro transcribió todo aquello que guardaban los archivos andorranos.

En 1789, el estallido de la Revolución francesa colocó a Andorra entre dos potencias enfrentadas, Francia y España. Los revolucionarios franceses se negaron a mantener el pariatge por su origen feudal y quedó interrumpido, suspendiendo también las relaciones con Francia y la percepción de los tributos de la Qüestia. En 1794, en plena guerra con España, un destacamento francés penetró hasta Soldeu en un intento de ocupar la Seo de Urgel. Una representación andorrana fue a Puigcerdá y convenció al general Chabret de que renunciara a aquella operación. En 1806, Napoleón restableció la tradición feudal y los derechos de conseñoría de Francia sobre el Principado de Andorra.

Entre 1812 y 1814, cuando el Imperio francés se anexionó nominalmente Cataluña y la dividió en cuatro departamentos (Segre, Ter, Montserrat y Bocas del Ebro), Andorra formó parte del distrito de Puigcerdá, dentro del departamento del Segre.

Durante las guerras carlistas sucedidas a lo largo del siglo XIX en España, Andorra sirvió de refugio tanto para liberales como para carlistas.

En 1866, un noble y rico propietario andorrano, Guillem d'Areny i Plandolit, encabezó una reforma en las instituciones de gobierno, la Nova Reforma. Esta reforma de las instituciones concedió una limitada participación de los cabezas de familia en el gobierno del país. El Consejo General se compuso, a partir de entonces, de 24 consejeros elegidos por los síndicos. En 1866 la reforma fue aceptada por el obispo de Urgel, y en 1869 por el copríncipe francés Napoleón III.

A finales del siglo XIX y principios del XX, las dificultades económicas obligaron a muchos andorranos a emigrar.

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