Hispania

Provincias romanas de Hispania en la época de Augusto.
Provincia administrativa de la Hispania romana tras la reforma diocleciana.
Escena del teatro romano de Augusta Emerita, actual Mérida. Más de 2000 años después de su construcción sigue albergando representaciones teatrales.

Hispania era el nombre dado por los romanos a la península ibérica, y parte de la nomenclatura oficial de las tres provincias romanas que crearon ahí: Hispania Ulterior Baetica, Hispania Citerior Tarraconensis e Hispania Ulterior Lusitania, Carthaginense y Gallaecia. Posteriormente el concepto evolucionó hasta incluir, en las épocas finales del imperio, a la provincia de Balearica y la provincia de Mauritania Tingitana.

Origen del nombre

Puente de Alcántara (Alcántara, Cáceres), construido sobre el río Tajo entre el 104 y el 106 d. C. por el arquitecto Cayo Julio Lacer.

El nombre de España deriva de Hispania, nombre con el que los romanos designaban al conjunto de la península ibérica, término alternativo al nombre Iberia preferido por los autores griegos para referirse al mismo espacio. Sin embargo, el hecho de que el término Hispania no es de raíz latina ha llevado a la formulación de varias teorías sobre su origen, algunas de ellas controvertidas.

Hipótesis fenicia

Las etimologías más aceptadas actualmente prefieren suponer un origen fenicio de la palabra. En 1674, el francés Samuel Bochart, basándose en un texto de Gayo Valerio Catulo donde llama a España cuniculosa ('conejera'), propuso que ahí podría estar el origen de la palabra España. De esa forma, dedujo que en hebreo (lengua semítica, emparentada con el fenicio) la palabra spʰ(a) n podría significar ' conejo', ya que el término fenicio *i-špʰanim literalmente significa: 'de damanes' (špʰanim es la forma plural de šapʰán, 'damán', Hyrax syriacus), que fue cómo los fenicios decidieron, a falta de un vocablo mejor, denominar al conejo Oryctolagus cuniculus, animal poco conocido por ellos y que abundaba en extremo en la península. Otra versión de esta misma etimología sería ʾi-špʰanim 'Isla de conejos' (o, de nuevo literalmente, damanes). Esta segunda explicación se hace necesaria porque en latín clásico la H se pronunciaba aspirada, haciendo imposible derivarla de la S sorda inicial ( leyes de Grimm y Verner).

Otra posibilidad respecto de la raíz fenicia Span es su significado de 'oculto', que indicaría que tomaban a Hispania como un país escondido y remoto.

Por otra parte, el conejo no era el único animal que llamaba la atención por su abundancia. Los griegos llamaron a la península Ophioússa, que significa 'tierra de serpientes', que luego cambiaron por Iberia, pues iber era una palabra que oían constantemente entre los habitantes de la península. Es un término geográfico, aunque no se le puede asignar en concreto al río Ebro, ya que se oía del mismo modo por toda la Andalucía actual. Algunos lingüistas piensan que significaba simplemente 'río', pero todavía no se ha alcanzado un acuerdo sobre la palabra.

Otra posibilidad, propuesta por el sevillano Trigueros en 1767, la derivaría del fenicio *sp(a)n (Norte), como era la península ibérica con respecto al norte de África, desde donde fenicios y cartagineses llegaban a ella, de manera que *I-Span-ya sería la 'isla del Norte'.

Según otra teoría, Hispania provendría del fenicio i-spn-ya, un término cuyo uso está documentado desde el segundo milenio antes de Cristo y significa tierra de conejos debido a la gran cantidad de conejos que habitaban en España, en inscripciones ugaríticas.[4] con -ya con el significado de 'región'. Una hipótesis supone que el lexema <spn>, que en hebreo se puede leer como sapʰan (שָׁפָן) se tradujo como 'conejo(s)' (en realidad damanes, unos mamíferos similares al conejo extendidos por África y el Creciente Fértil). Los romanos, por tanto, le habrían dado a Hispania el significado de 'tierra abundante en conejos', un uso recogido por Cicerón, César, Plinio el Viejo, Catón, Tito Livio y, en particular, Catulo, que se refiere a Hispania como península cuniculosa (en algunas monedas acuñadas en la época de Adriano figuraban personificaciones de Hispania como una dama sentada y con un conejo a sus pies). Abundando en el origen fenicio del término, Isidoro de Sevilla, en sus Etimologías, postula que tiene su origen en Ispani, el topónimo fenicio-púnico de Sevilla, ciudad a la que los romanos denominaron Hispalis.

Sobre el origen fenicio del término, el historiador y hebraísta Cándido María Trigueros propuso en la Real Academia de las Buenas Letras de Barcelona en 1767 una teoría diferente, basada en el hecho de que el alfabeto fenicio (al igual que el hebreo) carecía de vocales. Así spn (sphan en hebreo y arameo) significaría en fenicio 'el Norte', una denominación que habrían tomado los fenicios al llegar a la península ibérica bordeando la costa africana, viéndola al norte de su ruta, por lo que i-spn-ya sería la 'tierra del Norte'.

La teoría más reciente proviene de Jesús Luis Cunchillos y José Ángel Zamora, expertos en filología semita del CSIC, quienes tras analizar todas las hipótesis y realizar un estudio filológico comparativo entre varias lenguas semitas, han llegado a la conclusión de que la hipótesis más probable sería *I-span-ya, 'isla/costa de los forjadores o forjas (de metales)', o sea, 'isla/costa donde se baten o forjan metales', hecho que además estaría justificado por la intensa actividad minera y metalúrgica que existía en las costas de Andalucía, o reino de Tartessos, en los tiempos de la llegada de los fenicios, quienes entre otras razones establecieron sus colonias en estas tierras precisamente atraídos por su gran riqueza minera, célebre en toda la antigüedad.[6]

Hipótesis autóctonas

Aparte de la teoría de origen fenicio, la más aceptada (si bien el significado preciso del término sigue siendo objeto de discusiones), a lo largo de la historia propusieron diversas hipótesis, basadas en similitudes aparentes y significados más o menos relacionados. A principios de la Edad Moderna, Antonio de Nebrija, en la línea de Isidoro de Sevilla, propuso su origen autóctono como deformación de la palabra ibérica Hispalis que significaría la ciudad de occidente.[10]

Hipótesis vascuence

Durante los siglos XVIII y XIX, estudiosos como el padre Larramendi o el padre Isla[11] aventuraron un origen autóctono de la palabra: unos lo suponen relacionado con el vocablo vasco ezpaina (‘labio’, pero que podría también interpretarse como ‘borde’ o ‘confín’). Juan Antonio Moguel defendía que la palabra «España» procede de la corrupción del vocablo Izpania, el cual, a la luz del euskera tiene dos etimologías. La voz iz puede significar ‘mar’ o ‘palabra’ o ‘lenguaje’.

  • Atendiendo al significado de «lenguaje» de iz, se puede interpretar que izpania está compuesta de los términos simples iz, pat o bat y enia que vendrían a significar ‘un lenguaje es el mío’.
  • Atendiendo al significado de ‘mar’, la palabra izpania estaría compuesta por las voces iz y pania o bania que significa ‘dividir’, lo que nos indica que vendría a significar ‘que divide el mar’, es decir, la tierra o el país que divide el mar.[12]
Hipótesis íbera

Al menos desde principios de la Edad Moderna hasta 1927 se defendió la teoría de que Hispania es una deformación de Hispalis, palabra de origen íbero que significaría 'la ciudad de Occidente',[13] y que, al ser Hispalis la ciudad principal de la península, los fenicios y, posteriormente, los romanos dieron su nombre a todo su territorio.

«Muchas escrituras de gran substancia —dice Florián de Ocampo— sólo por hallar su fundación tan trasera, certifican muy de propósito ser ésta la primera población de toda ella (España), y aun dicen que por su causa la tierra y comarca de aquellos derredores se dijo Hispalia primeramente y que después aquel nombre se fue derramando y añadiendo por las otras provincias, hasta que todas ellas, en lugar de llamarse Hispalia, corrompieron el vocablo y se nombraron Hispania». La misma opinión sostiene con no refutadas razones Antonio de Nebrija y el texto de Justino que reza: «hanc veteres ab Ibero amne primum Iberiam post ab Hispalo Hispaniam cognominavunt», confirma que el nombre del río Hispal pasó a la ciudad (Hispalis) y de ésta a la nación (Hispania).[14]

La hipótesis legendaria

Hubo una hipótesis que suponía que tanto Hispalis como Hispania eran derivaciones de los nombres de dos reyes legendarios de España, Hispalo y su hijo Hispano o Hispan, hijo y nieto, respectivamente, de Hércules.[15]

Imagen de la península ibérica tomada desde un satélite artificial.

Los escritores antiguos optaban por un origen griego de la palabra: esperos era el nombre de la primera estrella que se observaba tras el crepúsculo en el occidente. Los griegos llamaron (H)Esperia a Italia y a España, ya que se encontraban a su occidente; por una mutación de fonemas es posible que Hesperia pasara a ser Hispania. Otros creían que la palabra procedía de alguna manera del dios Pan.

Teoría integradora de la hipótesis fenicia y la legendaria

En sentido estricto, no se puede diferenciar de manera tajante entre hipótesis fenicia e hipótesis legendaria. Roberto Matesanz Gascón ha formulado una teoría que explicaría la presencia en fuentes latinas y griegas, así como en las obras históricas medievales, de un héroe epónimo denominado Hispan, Espan, Hispano o Hispalo. Este historiador integra la hipótesis fenicia y la legendaria. Hispano o Espan sería la forma latinizada de una divinidad semita importada por los fenicios a sus colonias occidentales: Baal Sapanu (B'l Spn), cuyo nombre significa 'Señor del Sapanu'. El Sapanu es un monte mítico radicado en un norte ubicuo, en el cual, según la mitología de los semitas occidentales, se desarrollan diversos episodios divinos. Espan o Hispano era el señor o dios de esta montaña. Y en Gades, la principal fundación fenicia en Hispania, donde diversas fuentes ubican las andanzas de Hispano, existía un lugar que era denominado así. Matesanz Gascón concluye que en origen el término Hispania era aplicado a ese hinterland gaditano, y con el transcurso del tiempo, según fue extendiéndose el conocimiento del territorio, también se fue extendiendo el ámbito de aplicación del término hasta abarcar a toda la península.[16]

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