Hipólito Yrigoyen

Hipólito Yrigoyen
HIPOLITO.jpg
Retrato de Yrigoyen por Alfredo Dalerole

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Presidente de la Nación Argentina
12 de octubre de 1928- 6 de septiembre de 1930
Vicepresidente Enrique Martínez
Predecesor Marcelo T. de Alvear
Sucesor José Félix Uriburu (de facto)

12 de octubre de 1916-12 de octubre de 1922
Vicepresidente Pelagio Luna ( 1916- 1919)
Ninguno ( 1919- 1922)
Predecesor Victorino de la Plaza
Sucesor Marcelo T. de Alvear

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Diputado de la Nación Argentina
1880- 1882
Presidente Julio Argentino Roca ( 1880- 1886)
Vicepresidente Francisco Bernabé Madero ( 1880- 1886)

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Diputado de la Nación Argentina
por Buenos Aires
1878- 1880
Presidente Nicolás Avellaneda ( 1874-1880)
Vicepresidente Mariano Acosta (1874-1880)

Escudo de la UCR.svg
3.er Presidente del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical
Convencional por la ciudad de Buenos Aires
1897 -  1930
Predecesor Bernardo de Irigoyen
Sucesor Marcelo T. de Alvear

Información personal
Nacimiento 12 de julio de 1852
Buenos Aires, Bandera de Argentina  Argentina
Fallecimiento 3 de julio de 1933 (80 años)
Buenos Aires, Bandera de Argentina  Argentina
Lugar de sepultura Cementerio de la Recoleta Ver y modificar los datos en Wikidata
Residencia Brasil 1039, Buenos Aires
Nacionalidad Argentina Ver y modificar los datos en Wikidata
Partido político Partido Autonomista
Partido Republicano
Unión Cívica
Unión Cívica Radical
Educación
Alma máter
Información profesional
Ocupación Abogado, comisario, estanciero y profesor
Firma Hipólito Yrigoyen - Firma.svg
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Juan Hipólito del Sagrado Corazón de Jesús Yrigoyen ( Buenos Aires, 12 de julio de 1852- ibídem, 3 de julio de 1933) fue un político argentino, y figura relevante de la Unión Cívica Radical. Fue el primer ciudadano en ser elegido por medio del sufragio universal masculino y secreto, y fue asimismo el primer mandatario reelecto por medio de dicha reglamentación electoral en 1928. A su vez, fue también el primer presidente constitucional derrocado por un golpe de Estado. Su primer mandato marcó la apertura del período histórico conocido como primeras presidencias radicales.

Nació y se crió en el seno de una familia de clase media baja, por lo que tuvo que buscar empleo para solventarse y, en algunas ocasiones, lo hizo abandonar sus estudios. Era sobrino de Leandro Nicéforo Alem, hermano menor de su madre Marcelina Alén. Se recibió de abogado pero nunca ejerció tal profesión. Fue comisario de Balvanera y participó en la revolución de 1874 encabezada por Bartolomé Mitre. Ejerció como docente y Domingo Sarmiento lo nombró presidente del Consejo Escolar de Balvanera. Ocupó la diputación en dos ocasiones, de 1878 a 1880 y para el periodo de 1880 a 1882, esta última interrumpida por la Federalización de Buenos Aires.

Participó en las revoluciones radicales de 1890 y 1893, en las que centenares de civiles y militares rebeldes se levantaron en armas contra el régimen conservador. Así, Yrigoyen condujo y financió un ejército radical de 8000 hombres. Si bien ambas revoluciones fracasaron, la primera de ellas provocó la renuncia de Miguel Juárez Celman y puso en jaque al régimen, exponiendo la necesidad de una reforma electoral y social. Yrigoyen fue apresado a horas de la madrugada y deportado a Montevideo, la única tierra extranjera que conoció en su vida. Tras el suicidio de su tío Alem en 1896, Yrigoyen comenzó a adoptar su característica personalidad reservada. De los tiempos de la lucha armada conoció a Marcelo T. de Alvear, por quien siempre tendría un especial afecto. Fundó junto con su tío y Aristóbulo del Valle la Unión Cívica. Cuando se produjo una división en el partido por un acuerdo con el mitrismo, ese sector fundó la Unión Cívica Nacional, mientras que los cívicos adeptos a Alem fundaron la Unión Cívica Radical. Encabezó la revolución de 1905 que aceleró la sanción de la Ley Sáenz Peña de voto secreto que lo llevó a la presidencia en 1916.

El primer gobierno de Yrigoyen fue innovador en varios aspectos para la historia argentina. Además de haber sido elegido mediante la reforma electoral por la cual luchó por varios años, fue el primer presidente surgido de las clases populares, lo cual puso fin a la hegemonía conservadora y marcó el ingreso de la clase media en la política del país. Asimismo, fue el primero en adoptar una línea nacionalista y en plantear una reforma social. Asumió la presidencia en el marco de una crisis provocada por la Primera Guerra Mundial en Europa, lo que provocó el cierre de los mercados argentinos y frenó gran parte de la actividad económica. Esto repercutió en grandes manifestaciones obreras y se reflejó en el crecimiento exponencial que experimentaron los gremios durante el período. Se sancionaron reglamentaciones para proteger a los campesinos y se crearon cajas jubilatorias para empleados públicos y estatales. Yrigoyen dictó medidas para que la Argentina controlara sus transportes, yacimientos energéticos y su propia moneda. Se regularon las tarifas de los ferrocarriles operados por capitales británicos, a la vez que se creaban líneas férreas estatales. En 1922 fundó Yacimientos Petrolíferos Fiscales, una empresa estatal destinada a explotar las riquezas energéticas del país. El estallido de la reforma universitaria fue bien visto por su gobierno, e Yrigoyen impulsó una serie de normas a favor de los reformistas. Pese a las iniciativas que favorecieron a sectores obreros y medios, su mandato se vio manchado por las mayores masacres en la historia argentina: la semana trágica, la masacre de la Forestal y la Patagonia rebelde, con centenares de obreros fusilados por parte de las fuerzas policiales y grupos de extrema derecha como la Liga Patriótica, ya que el gobierno no pudo controlar ni satisfacer los pedidos de los manifestantes. No existe unanimidad entre los historiadores para determinar el grado de responsabilidad del mismo Yrigoyen en las masacres; no obstante, es un hecho que el presidente nunca mandó investigar los sucesos trágicos ni los condenó públicamente. En materia de política internacional, Yrigoyen mantuvo una posición neutral ante la Primera Guerra Mundial y, finalizada ésta, abogó por la igualdad entre naciones vencedoras y vencidas, a la vez que defendía el principio de no intervención. La expansión económica que experimentó la Argentina durante el periodo conocido como república radical sigue siendo hasta hoy en día el ciclo de mayor crecimiento económico en la historia argentina, ciclo sólo superado por la gestión del presidente Arturo Illia.

Yrigoyen brindó su apoyo para sucederlo en la presidencia a su amigo Alvear, quien ganó las elecciones para presidente de la Nación en 1922. Pero durante la nueva presidencia radical de Alvear se produjo el quiebre de la UCR entre los antipersonalistas e yrigoyenistas. Para las elecciones de 1928 la UCR se presentó en dos partidos: por un lado la Unión Cívica Radical con Yrigoyen a la cabeza y por el otro la Unión Cívica Radical Antipersonalista con Leopoldo Melo. Yrigoyen ganó por segunda vez con amplia mayoría en unas elecciones que fueron conocidas como «el plebiscito». Durante su segundo mandado ocurrió el crac del 29, la mayor crisis financiera mundial hasta ese momento. El gobierno no pudo reaccionar ante la crisis y fue perdiendo apoyo. El 6 de septiembre de 1930 fue derrocado por el primer golpe de Estado en la etapa constitucional de la Argentina, comandado por José Félix Uriburu. Poco antes de su destitución, su gobierno estuvo cerca de lograr la nacionalización del petróleo, un hecho que se considera una de las causas del golpe de Estado. Tras su derrocamiento, fue confinado a la isla Martín García, en donde compartió presidio con varios presos políticos. Falleció el 3 de julio de 1933 y fue acompañado a su última morada por una de las manifestaciones espontáneas más masivas y sorpresivas de la historia argentina, pues una multitud trasladó a pulso su féretro hasta el Cementerio de la Recoleta.

Biografía

Infancia y juventud

La estación Plaza Constitución en 1920. En la avenida Brasil, muy cerca de la estación, vivió Yrigoyen hasta su muerte en 1933. Años después su casa fue demolida para construir una autopista allí.

Juan Hipólito del Sagrado Corazón de Jesús Yrigoyen nació, según su fe de bautismo, el 12 de julio de 1852,[3]

Según las investigaciones de Roberto Etchepareborda, su apellido original —a diferencia del de Bernardo de Irigoyen— era Hirigoyen, que significa «ciudad de lo alto». En el país vasco-francés la «h» se aspira como en inglés, mientras que en el país vasco-español no se pronuncia, por lo tanto el apellido Hirigoyen probablemente tiene su origen en Francia, mientras que sus variantes Yrigoyen e Irigoyen lo tienen en España.[5] En 1965, tras la investigación de Etchepareborda, la Academia Nacional de la Historia, se pronunció por nombrar a Yrigoyen, con la «y» inicial.

El dirigente radical utilizaba «Yrigoyen» e «Irigoyen» indistintamente. El uso de «Yrigoyen» fue una utilización política de la cuarta década del siglo XX: Gabriel del Mazo, dirigente de FORJA, recomendaba usar el «Yrigoyen» en contraposición del «Irigoyen» que utilizaban los sectores que respondían a Marcelo T. de Alvear.

Carrera política

Hipólito Yrigoyen en 1893, uno de los pocos retratos que existen de su juventud.

Cuando terminó el bachillerato en 1869, junto a su tío, Leandro N. Alem comenzaron su vida política como miembros del Partido Autonomista, conducido por Adolfo Alsina, un partido de base popular enfrentado al Partido Nacional de Bartolomé Mitre.[3]

Para 1870 ingresó en la administración pública como escribiente de la Contaduría General en la Oficina de Balances e Información, pero no permaneció por mucho tiempo en esa labor. Dos años después, cuando Alem fue elegido diputado provincial, Yrigoyen, con veinte años, fue nombrado comisario de Balvanera,[3]

Escrituras del campo Los Médanos perteneciente a Hipólito Yrigoyen.

Comenzó a trabajar como profesor de historia argentina, instrucción cívica y filosofía en 1880, en la Escuela Normal de Maestros, no si antes haber sido designado presidente del Consejo Escolar de Balvanera por Domingo Faustino Sarmiento, entonces presidente del Consejo Nacional de Educación. Dictó esas materias durante cerca de veinticuatro años, hasta que fue expulsado por orden del presidente Manuel Quintana, producto de la revolución de 1905, dirigida por Yrigoyen. Donó su sueldo de 150 pesos para el Hospital de Niños y el Asilo de Niños Desvalidos, pese a que su situación económica no era favorable.[9]

Placa en un solar en el barrio de Constitución, donde estuvo la casa de Yrigoyen.

En esa década de 1880 Yrigoyen habría de enriquecerse dedicándose a la invernada, es decir, a la compra de vacunos ya criados, para su engorde y venta al frigorífico. Para ello rentó una estancia y compró tres más, con lo que reunió casi 25 leguas de tierra.[8]

En 1889, Yrigoyen se mudó a su propia casa, frente a lo que hoy es la plaza Congreso en la Ciudad de Buenos Aires, en la calle que lleva su nombre, a la altura del 1600. Por esa época entabló una profunda amistad con dos amigos de su hermano trágicamente fallecido, y que tendrían mucho que ver con los cambios institucionales que llevarán a Hipólito Yrigoyen a la presidencia de la Nación: Carlos Pellegrini y Roque Sáenz Peña.

La lucha armada

Hipólito Yrigoyen, jefe revolucionario en 1893. Dibujo de Demócrito de Eduardo Sojo, publicado en la revista Don Quijote.

El 10 de abril de 1892 hubo elecciones presidenciales, las cuales llevaron a Luis Sáenz Peña a la presidencia. Una semana antes el presidente Carlos Pellegrini había decretado el estado de sitio y, con la excusa de una conspiración radical, mandó encarcelar a Leandro Alem y prácticamente todos los dirigentes radicales fueron apresados por dos meses, a excepción de Yrigoyen. En noviembre de ese año se congregó la Convención Nacional de la Unión Cívica Radical, en la que Alem leyó un informe e Yrigoyen emitió una declaración que llamaba a levantarse en armas contra el régimen. Así la Convención aprobó un manifiesto que calificaba al gobierno como «surgido del fraude y la violencia». Acto seguido, el 17 de noviembre, se sancionó la carta orgánica, primer documento de este tipo en la historia del partido. En este año comenzaron los sucesivos acontecimientos que derivaron en una nueva revolución radical. El 29 de julio de 1893 el gobierno de San Luis fue depuesto por Juan Sáa, y el 31 sucedería lo mismo en Rosario. Mientras tanto, en Buenos Aires, Yrigoyen decidió poner en práctica su plan. Varios dirigentes abandonaron la ciudad para dirigirse al interior de la provincia, cada uno de los cuales tenía asignada una precisa tarea para llevar a cabo la nueva rebelión. Yrigoyen reunió en su estancia «El Trigo» a sus amigos y algunos de sus peones, unas sesenta personas en total, y se dirigieron a la comisaría de Las Flores, que tomaron sin resistencia. Llegó a Temperley el 3 de agosto a horas de la mañana con 1200 hombres y allí instaló el cuartel general de la revolución, dirigido y organizado por Marcelo T. de Alvear. El campamento llegó a albergar 2800 ciudadanos armados, quienes llegaban en columnas que venían de tomar localidades linderas. El 4 de agosto el jefe de la rebelión creó varios batallones para defender su asentamiento en Temperley, cuyas fuerzas ascendían a 4500 hombres subdivididos en dieciocho batallones. Ante esta situación, el gobernador renunció ese mismo día. Dos días después se formó el Comité de la Provincia presidido por Yrigoyen, que se reunió en Lomas de Zamora con la presencia de unos sesenta miembros. Domingo Demaría pidió que Yrigoyen fuera el gobernador provisional de la provincia, pero éste se negó rotundamente, considerando que él había participado en la revolución para terminar con un gobierno ilegal, no para instaurar otro. Ante la insistencia de sus correligionarios Yrigoyen dijo: «Ni a la provisoria, ni a la definitiva».[8]

Miembros de la Revolución del Parque (izquierda a derecha): Marcelo T. de Alvear, José Crotto, Enrique Pérez, Luis Basaíl, Tomás Valleé y Mariano de la Riestra. Las revoluciones radicales produjeron profundos cambios políticos para finales de siglo.

Aristóbulo del Valle fue designado ministro de Guerra por Luis Sáenz Peña. En ese contexto del Valle organizó la revolución con Yrigoyen. Pero el plan de del Valle era intentar instaurar elecciones libres y limpias, lo que fue rechazado por el Congreso. Dada su posición cercana al gobierno, del Valle podría haber dado un golpe de Estado contra el gobierno como Alem le pidió, pero sus convicciones legales le impidieron emprender dicha acción aun cuando ello significara el fracaso de la revolución.[8]

El 8 de agosto una formación ferroviaria partió de Temperley para tomar La Plata. El coronel Martín Yrigoyen (hermano de Hipólito) dirigía a tres mil quinientos civiles que, tras algunas acciones bélicas, desalojaron al gobernador Carlos Costa y tomaron la ciudad de La Plata. A los hombres del coronel Yrigoyen se sumaron los refuerzos comandados por su hermano, y alrededor de 4500 personas desfilaron por las calles de 13 y 44. Martín y Hipólito iban al frente de la tropa revolucionaria, que fue ovacionada por los platenses. Decidieron usar el hipódromo cercano a la estación de tren como campamento. Así terminó la toma de La Plata, que se produjo de forma pacífica. Ese mismo día se reunió en Lomas de Zamora el Comité de la Provincia para elegir al gobernador provisional, y resultó designado Juan Carlos Belgrano, quien eligió a Marcelo T. de Alvear para ocupar el Ministerio de Obras Públicas. El gobierno provisional duraría sólo nueve días. Cuando el gobierno nacional mandó tropas para intervenir, Belgrano no opuso resistencia y entregó el poder al interventor Eduardo Olivera.[8]

Leandro N. Alem era el tío de Yrigoyen, y fue el modelo que siguió. En 1896, tras el suicidio de su tío, comenzaría a adoptar su característica personalidad reservada.

Fue en vísperas de esta revolución cuando Yrigoyen conoció a Alvear, más precisamente cuando se estaba buscando un jefe de policía para la ciudad de Buenos Aires. Aristóbulo del Valle propuso a un pariente de Alem, que había sido comisario. Yrigoyen entró en contacto con Alvear y otras personalidades del civismo como Le Breton, Apellániz y Senillosa. Alvear e Yrigoyen se siguieron viendo en el Café de París y en reuniones de comités. Yrigoyen siempre conservaría un especial aprecio por Alvear, inclusive en los últimos años de vida del caudillo, cuando años atrás ambos dirigentes radicales estaban enfrentados.[14]

El 1 de julio de 1896 Leandro Alem se suicidó en plena calle. Aristóbulo del Valle había fallecido prematuramente en enero del citado año, por lo que la jefatura del partido recayó aún más en Yrigoyen. Pero, durante la noche del velatorio de Alem, anunció que la pérdida era demasiado grave para poder pensar en nuevos proyectos, y pidió a los presentes volver a sus provincias de origen hasta nuevo aviso. Aquí es donde Yrigoyen adoptó su costumbre de dejarse ver lo menos posible.[8]

Se habían señalado los primeros días de febrero de 1905 para el comienzo de la nueva revolución radical, y a finales de enero los delegados partieron a sus destinos para comenzar la revuelta. Pero la policía sospechaba que existían planes conspirativos, por lo que allanaron varios edificios y, cuando los civiles acudieron a buscar armas, acabaron detenidos por la policía. Muchos radicales tuvieron que exiliarse al extranjero, mientras que otros fueron apresados cuando intentaban salir del país y se les aplicaron penas de hasta ocho años de cárcel por orden del presidente Quintana. Pocos años después el presidente murió y fue sucedido en el cargo por José Figueroa Alcorta, quien sancionó una ley de amnistía para liberar a los presos radicales como también para que los exiliados pudiesen retornar a su hogar. Yrigoyen auxilió económicamente a los exiliados gracias al loteo y venta de sus estancias.[8]

Camino a la reforma electoral

El inicio del cambio político largamente postergado se produjo con la llegada a la presidencia de Roque Sáenz Peña, un opositor interno del Partido Autonomista Nacional. Éste centró toda su gestión gubernamental en sancionar una ley para garantizar elecciones secretas, universales y obligatorias para todos los ciudadanos.[19]

Una de las primeras fotografías tomadas a Yrigoyen en público. Saliendo de una Convención de la UCR en el Salón Príncipe Jorge de la ciudad de Buenos Aires, en 1909.

A comienzos de marzo de 1916 se reunió el Comité Nacional de la Unión Cívica Radical a fin de convocar una Convención, que tuvo lugar el 20 de marzo en la Casa Suiza con una asistencia de 138 delegados. Terminó la sesión con la designación de una comisión integrada por los delegados Vicente Gallo, José Camilo Crotto, Pelagio Luna, José Saravia e Isaías Amado. Paralelamente se nombró otra comisión, integrada por Eudoro Vargas Gómez, Crotto, Luna y Marcelo T. de Alvear, para que entrevistaran al presidente Victorino de La Plaza con el objetivo de exigirle un acto electoral limpio y libre. Al día siguiente, mientras la primera comisión estaba debatiendo sobre poner en vigencia la Constitución tras años de desquicio institucional, la comisión que fue a entrevistar a De la Plaza no volvió con noticias alentadoras. Este hecho terminó dividiendo las opiniones dentro del cuerpo de delegados, por lo que se levantó la sesión para continuarla el 22 de marzo en el Teatro Onrubia, donde además debían elegirse los candidatos a presidente y vicepresidente. Desde las ocho de la mañana el teatro estaba colmado de gente y reinaba el nerviosismo porque, pese a que se sabía que Yrigoyen ganaría por apoyo unánime, los delegados sabían que éste renunciaría a la candidatura. Al respecto de la vicepresidencia, hubo exigencias por parte del grupo «azul» para integrar parte del binomio, y finalmente se designó al riojano Pelagio Luna candidato a la vicepresidencia. A las 10.30 de la mañana comenzó la votación; Yrigoyen obtuvo ciento cincuenta votos, dos Leopoldo Melo, y Alvear, Crotto y Gallo uno cada uno. Crotto rechazó el voto que le habían dado, ratificando que sólo Yrigoyen podía ser el candidato indicado. Luego se procedió a la elección del candidato a la vicepresidencia, y fue elegido Luna con 81 votos contra 59 de Gallo, mientras que Joaquín Castellanos y Melo obtuvieron uno cada uno. Se pasó a un cuarto intermedio para esperar la aceptación de las candidaturas y, entre tanto, una manifestación se congregó en la casa de Yrigoyen, pero no había signos de que hubiera nadie dentro. Yrigoyen había ido a recibir a la Mesa Directiva de la Convención en el estudio jurídico del doctor Crotto en Avenida de Mayo, y allí manifestó su propósito de renunciar a su candidatura. Crotto propuso entonces formar una comisión que entrevistara a Yrigoyen a fin de convencerlo para que aceptara la candidatura. Los delegados designados Guido y Oyhanarte se dirigieron, pues, a la residencia de Brasil 1039 y le comunicaron a Yrigoyen que, de renunciar a tal candidatura, se daría por terminada la lucha. A las siete y media de la tarde el caudillo aceptó. La noticia hizo congregar una multitud frente a la casa de Brasil 1039.[8]

Elecciones presidenciales de 1916

El presidente, en coche presidencial, recorre la Avenida de Mayo durante su asunción.
Primera urna electoral empleada en las elecciones de 1916, expuesta en el Museo del Bicentenario.

Las elecciones presidenciales del 2 de abril de 1916 fueron las primeras en la historia argentina en adoptar la ley Sáenz Peña, que garantizaba el voto secreto y obligatorio. La fórmula Hipólito Yrigoyen- Pelagio Luna se impuso cómodamente superando a la fórmula del Partido Conservador ( Ángel Rojas- Juan Eugenio Serú) con 339 332 votos contra 153 406 del Partido Conservador.[21]

El embajador de España en la Argentina asistió en representación de su país y escribió para el diario La Época las siguientes líneas:

En mi carrera diplomática he asistido a celebraciones famosas en diferentes cortes europeas; he presenciado la ascensión de un presidente en Francia y de un rey de Inglaterra; he visto muchos espectáculos populares extraordinarios por su número y su entusiasmo. Pero no recuerdo nada comparable a esa escena magistral de un mandatario que se entrega en brazos de su pueblo, conducido entre los vaivenes de la muchedumbre electrizada, al alto sitial de la primera magistratura de su patria (...). Pero todo ello había de ser pálido ante la realidad de la plaza inmensa, del océano humano enloquecido de alegría; del hombre presidente entregado en cuerpo y alma a las expresiones de su pueblo, sin guardias, sin ejército, sin polizontes.[22]

Yrigoyen había sugerido en su momento al presidente Figueroa Alcorta la intervención de catorce estados federales donde aún radicaba el fraude, práctica aún vigente tras la creación de la Liga de Gobernadores, de la que fueron sus principales mentores Miguel Ángel Juárez Celman y Julio Argentino Roca. Las intervenciones federales, llamadas de «higiene cívica», se llevaron a cabo despaciosamente por decretos del poder ejecutivo en épocas de receso legislativo. A excepción de las provincias gobernadas por radicales, que habían obtenido el poder por vía legítima, las demás fueron intervenidas. La intervención tenía por objetivo llamar a elecciones legales y fuera cual fuese el resultado el triunfador obtendría la gobernación. En muchos distritos el radicalismo triunfó; no obstante, en provincias como Corrientes y San Luis los conservadores se impusieron, y en esos casos se respetó la decisión popular. Tampoco se habían intervenido las provincias de Santa Fe, Buenos Aires y Jujuy.[23]

El triunfo electoral significó que, por primera vez, un amplio sector social excluido hasta entonces de los puestos públicos de dirección llegaba a la conducción de diferentes ámbitos estatales. Se trataba de sectores medios, sin grandes recursos económicos, ni conexiones con las clases altas.[26]

Durante el primer gobierno de Yrigoyen, el radicalismo estuvo en minoría en el Congreso: en la Cámara de Diputados 101 miembros eran radicales y 129 opositores, mientras que en el Senado de 58 miembros sólo 2 eran radicales.[27] Aún en minoría, Yrigoyen mantuvo una actitud poco proclive al diálogo y la negociación, no sólo con los partidos tradicionales conservadores que controlaban el Senado, sino también con los nuevos partidos populares que adquirieron protagonismo a partir del voto secreto: el Partido Socialista y del Partido Demócrata Progresista.

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