Hermanos de la Vida Común

Hermanos de la Vida Común
Portret Macropedius, Philips Galle.jpg
El humanista neerlandés Georgius Macropedius, vestido con el hábito de los Hermanos de la vida común. Siglo XVI.
Nombre latinoFratres a Vita Communi
FundadorGerardo Groote y Florencio Radewijns
Fundaciónsiglo XIV.
Lugar de fundaciónDeventer, Países Bajos.
DesapariciónSiglo XVII
ActividadesSe dedicaban a la transcripción de documentos antiguos y a las obras de caridad, cuidando de los enfermos, el estudio y la enseñanza de la Biblia.
Personas destacadasGeorgius Macropedius

Los Hermanos de la Vida Común fueron una organización religiosa iniciada en el siglo XIV vinculada a la devotio moderna, cuyos miembros buscaban una forma de entrega y santificación en el mundo desde el laicado, aunque también había clérigos entre ellos. Primeramente se constituyó una hermandad femenina —las Hermanas de la Vida Común—, que precedió a la versión masculina.

Contexto histórico

La congregación nació hacia la segunda mitad del siglo XIV, cuando los Países Bajos septentrionales fueron el escenario de constantes conflictos de la nobleza con sus vasallos y con las ciudades, que habían crecido notablemente en riqueza y poder desde las cruzadas, dando origen a un vívido interés en cuestiones políticas, sociales y eclesiásticas. El creciente amor por la libertad se mostró en un antagonismo de amplio alcance contra el clero, que fue fomentado por el desarrollo del estudio científico y aún más por el misticismo que era entonces tan popular, en contraste con el rígido y duro escolasticismo del período anterior.[1]

Gerardo Groote y la devotio moderna

El creador de la devotio moderna fue Gerardo Groote (1340-1384), natural de Deventer, hijo de un acaudalado comerciante de paños: huérfano desde temprana edad, heredó de sus padres una cuantiosa fortuna. Buscando una "forma de entrega a la vida religiosa", durante años vivió en beguinaje, entregado "al estudio y a la oración" en Munnikhuizen.[2]​ Fruto de sus estudios, y de la recopilación de notas, fue su obra Resoluciones y propósito, no votos.

A través de su vinculación con los cartujos, estos le hicieron ver que su verdadera vocación se hallaba en la predicación, no en el silencio que practicaban ellos. Tras ser ordenado diácono, comenzó su labor de predicación. El más célebre de sus sermones fue De focaristis, en el que exponía ideas extremistas, como que "pecaban los que asistían a la misa celebrada por un sacerdote concubinario conocido y que pecaba también el obispo que lo consentía".[2]​ Por estas razones fue suspendido de su oficio como predicador.

Hermanas de la vida común

Estando en Deventer, su ciudad natal, Gerardo Groote compuso unas minuciosas normas a modo de reglamento para las beguinas a las que había cedido su casa y medios tras su conversión en (1374). Las piadosas mujeres que aceptaron aquellas radicales normas de vida tomaron el nombre de Hermanas de la Vida Común. Eran en total unas 16 mujeres que decidieron vivir en comunidad, pero sin hacer votos religiosos; renunciaban a los bienes patrimoniales, se dedicaban a curar enfermos, a la enseñanza de las jóvenes y a los labores domésticas.

Florencio Radewijns y los Hermanos

Entre los seguidores de Groote también había varones, destacando Florencio Radewijns (1350-1400),[1]