Hermandad Sacerdotal San Pío X

Hermandad Sacerdotal de San Pío X
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Nombre latino Fraternitas Sacerdotalis Sancti Pii X
Siglas FSSPX
Nombre común Hermandad San Pío X, Fraternidad San Pío X
Tipo Sociedad de vida apostólica sin votos tradicional
Hábito Sotana sin botones, fajín clerical.
Fundador Marcel Lefebvre C.S.Sp.
Fundación 1o. de Noviembre de 1970
Lugar de fundación Suiza
Aprobación Mons. Charriere, obispo de Friburgo, Suiza.
Superior General Bernard Fellay
Lema Christus vincit, Christus regnat, Christus imperat
Religiosos 117
Sacerdotes 585
Curia

Casa de la Anunciación

Schwandegg 6313 Menzingen (ZG) SUIZA
Presencia 32 países
Personas destacadas
Sitio web http://www.fsspx.org
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La Hermandad Sacerdotal San Pío X ( latín: Fraternitas Sacerdotalis Sancti Pii X, FSSPX) es una sociedad internacional de sacerdotes católicos tradicionales que junto con otros miembros religiosos que son hermanos, hermanas, y oblatos, y por afiliación, los miembros de la tercera orden. Fue fundada en noviembre de 1970 en torno a Marcel Lefebvre, un arzobispo francés renombrado por su oposición al rumbo tomado por la Iglesia católica después al Concilio Vaticano II (1962–1965).

Uno de los símbolos que esta Sociedad Sacerdotal ha tomado como bandera es la defensa de la misa tradicional de rito romano. Afirman mantenerse fieles a la teología basada en el tomismo y la Tradición milenaria de la Iglesia frente a los errores modernos, el liberalismo y otras doctrinas anticatólicas, y a pesar de reconocer la autoridad del Papa se mantiene reacia en la recepción de la doctrina del Concilio Vaticano II.[1]

Historia

El arzobispo Lefebvre durante una misa en Veldhoven.
El obispo Antonio de Castro-Mayer, otro obispo crítico del concilio.

La primera década

El 1 de Noviembre de 1970, con la autorización de Mons. Charriere (obispo de Friburgo, Suiza), Monseñor Marcel Lefebvre fundó en Écône la Hermandad Sacerdotal, a raíz de la petición de varios seminaristas franceses que no querían estudiar con los nuevos métodos introducidos en el Pontificio Seminario Francés de Roma ad experimentum tomados tras terminar el Concilio Vaticano II. Los objetivos de la FSSPX son "el sacerdocio y todo lo que viene con él y nada más que lo que se refiere a él".[2]

Con el permiso de Pablo VI, la institución fue erigida canónicamente por el obispo François Charrière, obispo de Lausana, Ginebra y Friburgo, como "unión piadosa" para un período de seis años renovables ad experimentum.[3] Por su parte, el obispo de Sion autorizó a establecer un seminario en Écône. Tras esto el prefecto de la Sagrada Congregación para el Clero el cardenal John Joseph Wright, escribe elogiando los estatutos de la Hermandad.

El 10 de junio de 1971 reunido junto el claustro de profesores del seminario de Écône, Monseñor Lefebvre, se manifiesta el rechazo a adoptar el Novus Ordo del rito romano para la Misa. A pesar de que hay plena aceptación por parte de Roma permitiendo que las casas de la Hermandad se erijan canónicamente en dos diócesis suizas y una italiana, el rechazo a adoptar el misal promulgado por Pablo VI, el sector renovador del clero, como la Conferencia de Obispos de Francia están en contra de la Hermandad demandando el cierre de su seminario. Lo califican de "salvaje, fuera de la ley". Con el cardenal francés Jean-Marie Villot a la cabeza, siendo Secretario de Estado, según Monseñor Lefebvre, le acusa a él de «obligar firmar un documento contra el Papa Pablo VI»[4]

Posteriormente, Monseñor Lefebvre sigue señalando y denunciando la política de apertura post-conciliar, atacando en particular, lo que para él eran los tres puntos fundamentales que condensaban los errores del Vaticano II, asimilables éstos a los tres principios revolucionarios del liberalismo:

  • La Libertad religiosa: La declaración Dignitatis humanae del Concilio Vaticano II afirmó el derecho de cada persona y comunidad a la libertad social y civil en materia religiosa, por lo que Lefebvre y sus seguidores consideraron que la Iglesia abandona su bimilenaria vocación misionera y desalienta en sus miembros la labor proselitista, por lo que se recomienda a los potenciales conversos a permanecer en su fe. La libertad de cultos es asimilable al principio revolucionario liberal de la «Libertad».
  • El Conciliarismo: La Iglesia no es ya una monarquía, sino una democracia donde la voluntad de la mayoría gobierna a través de un estado de "Concilio Permanente", asimilable al principio revolucionario liberal de la «Igualdad».
  • El Ecumenismo: Todos los credos —incluso los no cristianos, animistas o paganos— son iguales y agradan al único Dios, principio base de la Reunión de Asís 1988 y sus secuelas, asimilable al principio revolucionario liberal de la «Hermandad».

El 21 de noviembre de 1974, publicó un manifiesto que definió su posición:

Nos adherimos de todo corazón, con toda nuestra alma, a la Roma católica guardiana de la fe católica y de las tradiciones necesarias al mantenimiento de esa fe, a la Roma eterna, maestra de sabiduría y de verdad. Por el contrario, nos negamos y nos hemos negado siempre a seguir la Roma de tendencia neomodernista y neoprotestante que se manifestó claramente en el Concilio Vaticano II y después del Concilio en todas las reformas que de éste salieron. […]Ninguna autoridad, ni siquiera la más elevada en la Jerarquía, puede constreñirnos a abandonar o a disminuir nuestra fe católica claramente expresada y profesada por el magisterio de la Iglesia desde hace diecinueve siglos. “Si llegara a suceder - dice san Pablo- que nosotros mismos o un ángel venido del cielo os enseñara otra cosa distinta de lo que yo os he enseñado, que sea anatema” (Gál. 1, 8). ¿No es esto acaso lo que nos repite el Santo Padre hoy? Y si una cierta contradicción se manifestara en sus palabras y en sus actos así como en los actos de los dicasterios, entonces elegimos lo que siempre ha sido enseñado y hacemos oídos sordos a las novedades destructoras de la Iglesia. […] Habiendo esta Reforma nacida del liberalismo, del modernismo, está totalmente envenenada; sale de la herejía y desemboca en la herejía, incluso si todos sus actos no son formalmente heréticos. Es pues imposible a todo católico consciente y fiel adoptar esta Reforma y someterse a ella de cualquier manera que sea. La única actitud de fidelidad a la Iglesia y a la doctrina católica, para nuestra salvación, es el rechazo categórico a aceptar la Reforma. Es por ello que sin ninguna rebelión, ninguna amargura, ningún resentimiento, proseguimos nuestra obra de formación sacerdotal bajo la estrella del magisterio de siempre, persuadidos de que no podemos prestar un servicio más grande a la Santa Iglesia Católica, al Soberano Pontífice y a las generaciones futuras. Es por ello que nos atenemos firmemente a todo lo que ha sido creído y practicado respecto a la fe, las costumbres, el culto, la enseñanza del catecismo, la formación del sacerdote, la institución de la Iglesia, por la Iglesia de siempre y codificado en los libros aparecidos antes de la influencia modernista del Concilio, esperando que la verdadera luz de la Tradición disipe las tinieblas que oscurecen el cielo de la Roma eterna. […]

Marcel Lefebvre (21 de noviembre de 1974)
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