Helicón (mitología)

En la mitología griega Helicón era el dios que personificaba el monte homónimo, entre el Parnaso y el Citerón, en Beocia. Como la mayoría de los ourea, Helicón era hijo partenogénito de la Tierra, y se le representaba como un anciano con grandes barbas encaramado a las rocas de su cima.

Oto y Efialtes fueron sus primeros habitantes, y lo consagraron a las musas,[3]

Una vez que las musas se enfrentaron a Las Piérides su canto fue tan hipnotizador que incluso el cielo, las estrellas, el mar y los ríos se detuvieron a escucharlo. Extasiado por tal belleza, Helicón fue creciendo más y más hasta que Poseidón se dio cuenta y ordenó a Pegaso que lo detuviera golpeando con su pezuña la cima de la montaña.[6]

En una ocasión participó en un concurso de canto frente al monte Citerón, próximo a él. El canto de Citerón versaba sobre cómo Zeus había sido escondido para protegerlo de su padre, y recibió la mayoría de los votos de los dioses que formaban el jurado, así como sus bendiciones. Enfurecido por su derrota, Helicón arrancó una roca de la montaña, haciéndola retumbar, y quejándose lastimosamente la golpeó resquebrajándola en cientos de piedras, lo que explicaría la orografía de la zona.[7]

El río Helicón

También se denominaba Helicón a un río que nacía en el monte Olimpo y atravesaba Pieria, y a su correspondiente dios fluvial. Tras recorrer setenta y cinco estadios, el río desaparecía bajo tierra, volviendo a emerger más adelante, pero esta vez con el nombre de Bafiras para desembocar en el Egeo, junto a la ciudad de Díon. Los habitantes de ésta afirmaban que el río se sumergió en la tierra para que las asesinas de Orfeo no lavasen las manchas de sangre y se purificasen en sus aguas, pues no quería ser cómplice de este trágico asesinato.[8] Helicón (o Bafiras) fue el padre de las náyades piéridas, que habitaban en el monte del mismo nombre.

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