Hechicero

Hechicero o Dios Astado del Gruta de Trois Frères.

El hechicero es un individuo al que se le atribuye la capacidad de modificar la realidad o la percepción colectiva de ésta de maneras que no responden a una lógica causal, lo que se puede expresar finalmente, por ejemplo, en la facultad de curar, de comunicarse con los espíritus y/o dioses y de presentar habilidades visionarias y adivinatorias. El hechicero está presente principalmente en sociedades arcaicas, aunque muchas comunidades en la actualidad todavía presentan esta figura encargada de realizar dichas tareas, especialmente en tribus o pueblos originarios que mantienen sus tradiciones y creencias desde la antigüedad.

En las sociedades primitivas, al hechicero se le atribuían diversas funciones, tales como sacerdote, chamán, mago, curandero o médico, e incluso en algunas culturas se creía también que podían indicar en qué lugar se encontraba la caza y alterar los factores climáticos, razón por la cual ocupaba una posición muy importante en la comunidad.[1]

Rol y posición en la sociedad

En la sociedad primitiva, el hechicero era respetado y temido. Poseía conocimientos misteriosos, múltiples facultades, lograba comunicarse con el mundo sobrenatural, rompía maleficios y ahuyentaba demonios y encolerizadas divinidades.

El hechicero no cumplía solamente una función, sino que realizaba una serie de múltiples tareas en torno al ámbito mágico, religioso y político; es por esto que se le considera ser precursor de muchas profesiones de la actualidad, como sacerdote, médico, juez, ministro de asuntos exteriores, de defensa, etc. En muchas sociedades, el hechicero solía ser el encargado de tomar las decisiones más importantes, pudiendo reinar sobre su tribu, por lo que, obviamente, su posición era mucho más significativa que la del médico o la del sacerdote en la sociedad moderna. La jurisdicción del hechicero no tiene siempre el mismo alcance, sino que varía según cada tribu y época, sin embargo, en la mayoría de las sociedades cumplía generalmente funciones muy similares. Es así como esta figura podía, además de ser el jefe de la tribu, realizar y supervisar todo tipo de ritos y tradiciones religiosas y mágicas y, al mismo tiempo, fomentar la enseñanza a nuevas generaciones; preocuparse y atender al bienestar físico y espiritual de todos los miembros, cumpliendo así la función de médico; tenía también la tarea de decidir cuándo iniciar o concluir las incursiones bélicas, pudiendo dictar sentencias contra malhechores y prevaricadores. Como representante de la tribu, el hechicero además mantenía contacto con los de otras tribus vecinas, supervisaba el intercambio con éstas y velaba por la obtención de buenas cosechas.[1]

Es por esto que en momentos de crisis toda la confianza recaía en el hechicero, pudiendo llegar a alcanzar un poder ilimitado, depositándose en él todas las esperanzas de salvación. Esta fama hacía que se refuerce aún más el aplome del hechicero, sin embargo, todos sus éxitos podían verse empapados por el orgullo, incidentes o abusos del hechicero, lo que llevaría a la venganza de su gente, que lo acosará e incluso matarán.[1]

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