Hasekura Tsunenaga

Este artículo está titulado de acuerdo a la onomástica japonesa, en que el apellido precede al nombre.
Retrato de Hasekura Tsunenaga, en su misión a Roma en 1615.
Embajada de Keisho en su recorrido completo desde Japón.
Embajada Keichō, en el siglo XVII. La ida y la vuelta fueron muy similares, pero a la vuelta no se hizo escala en lugares como Saint Tropez

Hasekura Rokuemon Tsunenaga (支倉六右衛門常長 ?) (1571 - 7 de agosto de 1622), bautizado en España como Felipe Francisco de Fachicura, fue un samurái japonés que prestó servicios al daimyō de Sendai, Date Masamune. Poco se sabe de su juventud, exceptuando el hecho de que fue un samurái veterano de las invasiones japonesas a Corea bajo el taiko Toyotomi Hideyoshi entre 1592 y 1597.

Entre los años 1613 y 1620, Hasekura encabezó una misión diplomática a España, potencia hegemónica, y al Vaticano en Roma. La ruta hacia España era a través del Pacífico, recalando en el virreinato de Nueva España (llegó a Acapulco y partió desde Veracruz) y de ahí recorriendo el Caribe y el Atlántico, para remontar el Guadalquivir hasta Coria del Río y, una vez allí, seguir una ruta terrestre por España que le llevó por Sevilla, Madrid y Barcelona. En Barcelona embarcaría para recorrer el Mediterráneo rumbo a Italia, haciendo escala en un puerto del Sur de Francia, para finalmente recorrer la costa italiana hasta Roma.[1]

Esta misión histórica recibe el nombre de Embajada Keichō (慶長使節) y había sido precedida unas décadas antes por la Embajada Tenshō (天正使節) de 1582.

En el viaje de regreso Hasekura y sus acompañantes atravesaron de nuevo la Nueva España en 1619 y navegaron desde Acapulco a Manila y luego hacia el norte en dirección a Japón. Se considera a Hasekura el primer embajador japonés entre América y Europa.

Aunque la embajada de Hasekura fue recibida cordialmente, se produjo en una época en la que en Japón se estaba reprimiendo el cristianismo, razón por la cual el que entonces era el monarca más poderoso del mundo, el rey Felipe III de España, se negó a sellar los acuerdos comerciales que buscaban los japoneses. Hasekura regresó a su patria en 1620 y murió un año después de enfermedad tras haber completado una expedición pionera que no logró grandes resultados para un Japón cada vez más aislacionista. La siguiente embajada oficial japonesa a Europa no se produjo hasta dos siglos y medio después, en 1862.

El acercamiento español

Los españoles comenzaron los viajes a través del Océano Pacífico entre Nueva España (actual México) y China, a través de su base territorial en Filipinas, siguiendo los viajes de Andrés de Urdaneta en el siglo XVI. Manila se convertiría en la base principal de la región asiática en 1571.

España estableció contactos con Japón, por un interés comercial con esa nación tan poblada y también en razón a que las naves españolas naufragaban periódicamente en las costas japonesas a causa del mal tiempo local. Los españoles además deseaban expandir la fe cristiana en Japón, pero los portugueses y los holandeses querían hacerse con el comercio japonés dejando fuera a los españoles, sin embargo se encontraron con una gran resistencia por parte de los jesuitas, que empezaron la evangelización del país en 1549.

En 1609, el galeón español San Francisco, debido a una tormenta, naufragó en la costa japonesa de Chiba, cerca de Tokio, mientras navegaba de Manila a Acapulco. Los marinos fueron rescatados y atendidos, y el capitán de la nave, Rodrigo de Vivero, se reunió con Tokugawa Ieyasu. El 29 de noviembre del mismo año se firmó un tratado, en el que se autorizaba a los españoles a establecer una fábrica al estilo europeo en el Este de Japón, podrían trasladar a especialistas en minería desde Nueva España, se permitiría a las naves españolas visitar Japón en caso de necesidad, y se enviaría una misión diplomática japonesa a la Corte Española.

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