Hacienda

Se denomina hacienda a una finca agrícola, de gran tamaño, generalmente una explotación de carácter latifundista, con un núcleo de viviendas, normalmente de alto valor arquitectónico. Sistema de propiedad de origen español, concretamente andaluz, el modelo fue exportado a América durante la época colonial (véase el artículo "hacienda colonial").

El Diccionario de Autoridades, en el año 1734, la define como las heredades del campo y tierras de labor que se trabajan para que fructifiquen.

La hacienda andaluza

Es la forma de mayor monumentalidad entre las diferentes formas de hábitat rural de Andalucía, con frecuencia confundida con los cortijos. En los términos de la distinción metodológica que hace Ackerman, entre residencia señorial campestre, asociada a una gran explotación agraria, y la granja o hábitat de carácter puramente agrícola, en la que el dueño puede tener, o no, vivienda, la Hacienda pertenece clarísimamente al primer grupo.[1]

La hacienda andaluza se asienta, como modelo, a partir de la ocupación del Valle del Guadalquivir por los castellanos, entre los siglos XIV y XVI, muy influida por la adopción de la idea social de la nostalgia por el campo, propia de la transición al Renacimiento.[2]

En ese proceso, la hacienda se conformó con unas características concretas, condicionada por los procesos históricos del régimen de tenencia de la tierra y de la estructura de la propiedad, aunque diversos autores (Nicolás Torices y Eduardo Zurita, por ejemplo) entienden que, en la conformación de las características de la arquitectura rústica andaluza, tuvo un importante papel, precisamente, la adopción del ideal social de la nostalgia del campo por parte de las clases terratenientes, que hizo que la explotación agropecuaria asumiera la forma arquitectónica de villa campestre.[3]

El proceso conceptual se completa, según las tesis de David Vassberg, debido a que los terratenientes castellanos, al contrario que los toscanos o venecianos, tenían en baja estima la vida en el campo, por lo que solían no ocuparse directamente de sus explotaciones, considerando sus tierras más como un factor de prestigio social, que respaldaba su estatus, que como una inversión.[4]

Así pues, la hacienda acaba concibiéndose como una poderosa factoría agraria, no sólo de producción aceitera, sino vitivinícola, de cereal y ganadera, complementándose entre sí. En el contexto social e ideológico del Barroco, especialmente en las tierras del Bajo Guadalquivir, se afianza además como residencia temporal de una acaudalada clase social, que hace de ella un centro de recreo y exhibición . Por tanto, la Hacienda es también una expresión de poder y posición social.[5]

Características

Maqueta de la Hacienda La Laguna, en Baeza, Jaén. Puede observarse la disposición de los edificios alrededor de los patios, con la Casa Señorial destacada

Fernando Olmedo, en los inventarios de "Cortijos, Haciendas y Lagares" (Consejería de Obras Públicas y Transportes, 2001 - 2006), define sus grandes rasgos tipológicos:

Entre los edificios olivareros tradicionales se distinguen diferentes modelos. En la Baja Andalucía, en un triángulo que va desde los alrededores de Sevilla al oeste de Huelva y norte de Cádiz, junto con algunos puntos del interior, sobresalen las haciendas, grandes establecimientos rurales cuya principal actividad solía gravitar en torno a la producción de aceite, casi siempre en conjunción con otros aprovechamientos, sobre todo viña, sembradura y ganaderas. En áreas de la Alta Andalucía el término hacienda aparece también vinculado a unas pocas posesiones y caseríos de excepcional extensión, sin relacionarse necesariamente con el olivar. Gran parte de las haciendas manifiestan una complejidad y exuberancia arquitectónica poco corriente. En señorío puede destacar hasta el punto de imprimir a los conjuntos un sello especial, acompañándose de capillas, jardines y otros elementos. Al núcleo residencial de la propiedad se añaden viviendas de trabajadores y dependencias de labor, que pueden abarcar desde almazaras, lagares y bodegas de vino, a graneros, cuadras, tinaos y pajares, organizados en torno a patios domésticos y de labor.

—(Fernando Olmedo Granados, "La arquitectura agraria en Andalucía")[6]

En el núcleo que conforman los distintos edificios de una hacienda, encontramos tres grupos bien definidos de construcciones, en un plano claramente jerarquizado:

  • La vivienda señorial, realizada con materiales de mayor calidad (mampuesto, granito, mármol...), que incorporan usualmente elementos propios de la arquitectura urbana, tales como torres contrapeso, con remates elaborados, torres mirador, capillas, espadañas o magníficas portadas, singularizados como hitos destacados sobre las líneas de cubierta. En general, estos edificios, verdaderos palacios en muchos casos, siguen el estilo o corriente artística más acreditada en el momento de su construcción.[7]​ El acceso a la vivienda señorial no se realiza desde el patio principal, sino desde un patio propio, que suele estar comunicado con aquel.
  • El conjunto de viviendas de encargados y personal fijo, situadas, junto con algunas construcciones de carácter auxiliar de tipo fabril, en torno al patio principal, al que se accede desde un portón exterior, usualmente rematado por un escudo u hornacina decorada, y que hace funciones de distribuidor. Suelen ser construcciones en tapial o ladrillo, con verdugadas en algunos lugares, esquinazos de mampuesto, rollizo sin desbastar en las armaduras, y todo encalado.[8]​ Las cubiertas suelen ser a dos aguas, rematadas a veces en las fachadas del portón.
  • El conjunto de construcciones agrícolas y estancias para jornaleros y gañanes, incluido el comedor colectivo, que normalmente se disponían en torno a un segundo patio, posterior, relacionado con el principal, pero con acceso directo desde el exterior, por la zona de cuadras y corrales. Se construían en tapial y de forma más sencilla que el resto del conjunto.

La influencia en el mundo

Está establecida una marcada influencia de los modelos andaluces en los edificios privados construidos en América, tanto en la disposición general, como en los elementos de las residencias (patios, cierres, huecos...).[9]​ Concretamente, dentro del ámbito de las construcciones rurales, las haciendas andaluzas sirven de referencia directa a las que se multiplican en las tierras americanas. En muchos casos, las propias haciendas andaluzas cumplían un papel importante en la producción y almacenaje de productos destinados al Nuevo Mundo e incluso pertenecían a indianos. La Hacienda de San Ignacio de Torrequemada (1708) en Bollullos de la Mitación, por ejemplo, perteneció a la provincia de Chile de la Compañía de Jesús.

Las influencias se producen desde las construcciones mudéjares y renacentistas, pero sobre todo se perciben de forma clara a partir del siglo XVII, durante el barroco.[11]

Sin embargo, no debe entenderse, en ningún caso, que se trató de una transposición total de los modelos andaluces al Nuevo Mundo. Al contrario, aunque los patrones de organización y tipología están claramente relacionados, existen evidentes diferencias entre la Hacienda Andaluza y las Haciendas americanas, comenzando por las causas que dieron lugar a su nacimiento, por la función social que adquieren y por el carácter y dimensión de los recintos, sin hablar de las propias finalidades productivas, pues recordemos que la corona prohibió al virreinato de Nueva España el cultivo de la vid y del olivo.[12]

Other Languages
български: Хасиенда
català: Hisenda
Cebuano: Asyenda
Deutsch: Hazienda
English: Hacienda
français: Hacienda
magyar: Hacienda
italiano: Hacienda
қазақша: Асьенда
한국어: 아시엔다
lietuvių: Asjenda
Bahasa Melayu: Hasienda
Nederlands: Haciënda
norsk: Hacienda
polski: Hacjenda
Runa Simi: Qichuychakra
română: Haciendă
русский: Асьенда
svenska: Hacienda
Tagalog: Asyenda
татарча/tatarça: Asienda
українська: Асьєнда