Habitabilidad en sistemas de enanas amarillas

Interpretación artística de Kepler-452b, un exoplaneta potencialmente habitable perteneciente a una enana amarilla.

La habitabilidad en sistemas de enanas amarillas define la aptitud para la vida de los exoplanetas pertenecientes a estrellas de este tipo. Estos sistemas son objeto de estudio entre la comunidad científica por ser considerados los más idóneos para albergar organismos vivos junto a los pertenecientes a estrellas de tipo K.[1]

Las enanas amarillas comprenden a las de tipo G de la secuencia principal, con masas de entre 0,9 y 1,1  M[4]

Puesto que la zona habitable se sitúa más lejos en estrellas más masivas y luminosas, la separación entre el astro principal y el confín interno de esta región es mayor en las enanas amarillas que en las enanas rojas y naranjas.[7]

La Tierra, en órbita en torno a una enana amarilla, representa el único ejemplo conocido de habitabilidad planetaria. Por esta razón, el principal objetivo en el campo de la exoplanetología es hallar un planeta análogo a la Tierra que reúna sus características principales, como tamaño, temperatura media y localización en torno a una estrella similar al Sol.[11]

Características

El Sol (izquierda) tiene masa y luminosidad ligeramente superiores a las de Tau Ceti (derecha).

Las estrellas enanas amarillas se corresponden con las de clase G de la secuencia principal, con una masa de entre 0,9 y 1,1  M,[n. 3]

Todas las estrellas atraviesan una fase de intensa actividad tras su formación a causa de su rotación, mucho más rápida al comienzo de sus vidas.[6]

La extensión de esta fase en las enanas rojas, así como el probable acoplamiento de marea[17]