Gula

Gula, una de las secciones de la Mesa de los pecados capitales, de Hieronymus Bosch. Cuatro personajes, en la escena: en la mesa hay un hombre gordo comiendo; a la derecha, de pie, otro que bebe ansiosamente, directamente de la jarra; a la izquierda, una mujer presenta una nueva vianda en una bandeja. Aparece un niño obeso, que simboliza el mal ejemplo que se da a la infancia. En primer plano, una salchicha se asa al fuego.

La gula o glotonería[3]

Debe quedar claro que la gula no es solo por comer, también lo es por beber (muy especialmente por alcoholismo), y que debe entenderse ello en un sentido muy amplio que incluiría inhalar, inyectarse e incluso administración de fármacos por vía anal. En este sentido la gula no va referida solo a los alimentos que se ingieren por la boca, sino también a los medicamentos[5] No es nada descabellado incluir aquí la problemática de la drogadición, aunque en algunos casos las sustancias entran en el organismo a través de la piel (quizá con una jeringa), pues lo importante no es la vía por la que determinadas sustancias llegan a nuestro organismo sino la dependencia desmedida que producen y sus repercusiones morales.

Concepto de Gula

Más allá de una interpretación estricta (exceso en la comida o en la bebida), no incurre en gula quien come mucho o quien disfruta mucho de la comida. Por ejemplo, un deportista profesional necesita reponer todas las energías tras el desgaste intenso y para ello debe comer mucho y ello no supone gula. Lo contrario sería tanto como mantener que los católicos no pueden hacer ejercicio porque abre el apetito. Del mismo modo, el apetito depende del físico de cada uno y lo que para uno es mucho para otro es poco.

La gula tampoco consiste en una prohibición de disfrutar con la comida. Los católicos están obligados a dar gracias a Dios por los alimentos recibidos y qué manera mejor de hacerlo que disfrutando de los mismos. No tiene sentido hacer ascos a algo que está bueno.

La clave está en qué cosa debe entenderse por exceso en la comida. Los seres humanos recibimos el don de la vida, que ante Dios no es un derecho renunciable pues hemos de mantener nuestro cuerpo en un estado físico que nos permita cumplir con nuestras obligaciones morales de la mejor manera posible. De ahí que un apetito desmedido sería aquel que ocasione problemas de salud que interfieran en nuestro estado físico y en nuestro comportamiento moral. Hasta las personas más ancianas son útiles para el prójimo con sus consejos y no deben perjudicar su salud. Ellos también tienen obligaciones morales para con el prójimo y deben cuidar su salud para atenderlas de la mejor forma posible. De ahí que no puedan tomar irresponsablemente medicinas que no les han sido prescritas.

Por ejemplo, incurre en pecado de gula aquella persona que teniendo el hígado enfermo ingiera alcohol en grandes cantidades, pues sus facultades mentales y físicas se verán mermadas, pudiendo padecer cirrosis y hepatitis (pudiendo perder la vida), impotencia (faltando a sus deberes conyugales), tendencia al mal trato, incapacidad para la conducción con riesgo para la vida propia y de terceros...

Con la salvedad dicha, la gula es un pecado capital para la religión cristiana y el catolicismo, es un vicio del deseo desordenado por el placer conectado con la comida o con la bebida.

Por otro lado, hay mucha gente que se gana la vida produciendo alimentos de alto precio y prestando servicios de alto coste, servicios que van aparejados a la alimentación. No se trata de quitarle a esa gente su medio de vida para sí y sus familias. Es lícito consumir productos caros, pero siempre que ello no suponga incurrir en inmoralidades. Fray Andrés de Olmos relaciona el exceso de gasto con el exceso de boato y ostentación (el que gasta mucho en sí mismo). También afirma que el que dispone de los bienes materiales que no le corresponden incurre en hurto: Adán robó solo una frutita y fue rechazado por Dios.[6] Más adelante comentaremos este pasaje de la Biblia y su relación con la gula.

Y en la misma línea, en una situación de necesidad por escasez de alimentos, una persona no puede acaparar y privar a otros de los alimentos que necesiten para mantener su cuerpo y cumplir con sus obligaciones morales. La justificación es la misma: la vida (en este caso la ajena) no es un don que Dios haya puesto en nuestras manos para disponer de ella a nuestro antojo sino un bien moral que hemos de cuidar. Pero es necesario resaltar que privar a otros de sus alimentos no es gula, es otra falta (quizá falta de caridad o misericordia ante el sufrimiento ajeno).

Este deseo puede ser pecaminoso de varias formas (siempre según los preceptos de dicha religión):

  1. Comer o beber en exceso de lo que el cuerpo necesita.
  2. Cortejar el gusto por cierta clase de comida a sabiendas de que va en detrimento de la salud.
  3. Consentir el apetito por comidas o bebidas costosas, especialmente cuando una dieta lujosa está fuera del alcance económico.
  4. Comer o beber vorazmente dándole más atención a la comida que a los que nos acompañan.
  5. Desperdiciar la comida estando en la misma categoría que la de comer más de lo que necesita el cuerpo.

En los primeros cuatro casos, la gula es ocasionada por el mismo factor que la Lujuria: El deseo de obtener satisfacción a partir del sabor del alimento ingerido impulsa a quién incurre en este pecado a comer lo más posible.

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