Guerras romano-sasánidas

Guerras romano-sasánidas
Fecha 230 - 627
Resultado Victoria Romana
Beligerantes
Imperio romano (230 - 395)
Imperio romano de Oriente (395 - 627)
Imperio sasánida
Comandantes
Emperador romano. Shahanshah sasánida.
[ editar datos en Wikidata]
Evolución territorial de Roma desde el año 264 a. de C. hasta el reinado de Diocleciano.

Las guerras romano-sasánidas o guerras bizantino-sasánidas fueron una serie de conflictos militares que enfrentaron al Imperio romano (y luego a su heredero, el Imperio romano de Oriente) con el Imperio sasánida entre los siglos III y VII. Las dos potencias más importantes de la Antigüedad tardía en el Mediterráneo y el Próximo Oriente combatieron casi continuamente durante este período, aunque hubo también largos períodos de coexistencia pacífica (sobre todo durante el siglo V).

Los conflictos se iniciaron en el siglo III, con la fundación del Imperio sasánida, y concluyeron con la victoriosa campaña del emperador Heraclio, en 628- 630. Las operaciones militares fueron especialmente intensas en tiempos de Sapor I ( 240/ 242272), Sapor II ( 309379), Cosroes I ( 531579) y Cosroes II ( 590628). Las agresiones provinieron tanto del lado romano como del persa. Después de la última y mayor de las guerras entre Roma y Persia ( 603628), ambas potencias, agotadas, fueron víctimas de la expansión del islam, que destruyó por completo al Imperio sasánida y se apoderó de las provincias orientales del Imperio romano. Este acontecimiento marca el final definitivo de la Edad Antigua.

Antecedentes: Roma y Persia antes del siglo III

Busto de Marco Aurelio.

La muerte del emperador Marco Aurelio, en 180, fue un momento crítico para el Imperio romano. El reinado del "emperador filósofo" había estado marcado por permanentes guerras defensivas en las zonas fronterizas del Imperio: en el Danubio, con las guerras marcomanas, Roma había agotado sus últimas reservas; en el Este, se había visto obligada a combatir en varias ocasiones contra los partos. A pesar de estas guerras, Marco Aurelio no había logrado estabilizar las fronteras del Imperio. Su hijo Cómodo, poco afortunado como emperador, fue asesinado en 192. Tras una breve guerra civil, Septimio Severo, originario de África, fundó la dinastía de los Severos, que gobernaría el Imperio hasta el año 235. Los contemporáneos, como el historiador Dión Casio, nativo de la parte oriental del Imperio, advirtieron que con la muerte de Marco Aurelio concluía la "Edad de Oro" y se iniciaba una época de "hierro y herrumbre". Este punto de vista es compartido por los historiadores actuales.

El gobierno de los Severos se basó esencialmente en su control de las legiones. Las recompensas ("donativium") a los soldados aumentaron de forma constante, lo cual acrecentó también su codicia. Por otro lado, se produjeron frecuentes intrigas palaciegas, por ejemplo contra Caracalla, que era muy querido por el pueblo y por las tropas, pero que actuó sin escrúpulos e incluso hizo matar a su propio hermano, Geta; o contra Heliogábalo, cuya política religiosa había irritado a muchos romanos. El último emperador de la dinastía Severa, Alejandro Severo, fue asesinado por soldados encolerizados, que desconfiaban de su capacidad militar. Los siguientes emperadores se mantuvieron durante poco tiempo en el trono, y el Imperio entró en una profunda crisis, que los historiadores modernos denominan Crisis del siglo III. Solo algunos emperadores, como Aureliano y, sobre todo, Diocleciano, lograrían en los años que siguieron dar una estabilidad duradera al Imperio.

Una parte importante de los problemas romanos durante la crisis del siglo III tuvieron su causa en Oriente. Allí, en 224, el rey parto Artabanes IV había sido vencido y muerto por un príncipe sublevado llamado Ardashir. Ardashir provenía de una dinastía de señores locales que gobernaba la región de Pérsida y que descendía de un personaje semilegendario llamado Sasán, de quien no se sabe prácticamente nada. En la moderna historiografía, la dinastía fundada por Ardashir se denomina sasánida. Los sasánidas gobernarían Persia durante unos 400 años, y su imperio sería el último gran estado preislámico del antiguo Oriente.

Ardashir y sus sucesores reforzaron las tradiciones partas en todos los sentidos, buscando legitimar la nueva dinastía. Para ello, el nuevo monarca necesitaba éxitos visibles. Esta necesidad sería pronto descubierta por los romanos: en cuanto Ardashir hubo consolidado su poder en el interior, inició una guerra contra Roma. La caballería pesada persa, los catafractos, demostraron ser dignos adversarios de los romanos. Pronto Roma se encontró implicada en una costosa guerra defensiva. Aun cuando al mismo tiempo varias tribus amenazaban continuamente las fronteras del Rin y del Danubio, no eran comparables con el bien organizado estado sasánida, que se manifestó como un enemigo mucho más formidable de lo que los partos lo habían sido jamás.

Persia, con un gran desarrollo cultural y militar, se convirtió en la némesis de Roma y continuó siéndolo durante los siglos siguientes. Roma encontró en el Imperio sasánida una potencia similar a la suya, y los grandes reyes de Ctesifonte vieron a Roma de forma parecida. Esto solo significó, ya que las dos potencias estaban sólidamente establecidas, que cada una de ellas buscó sobre todo debilitar a la otra tanto como fuera posible, objetivo en el cual los intereses económicos desempeñaron un importante papel. Fue el principio de un forcejeo continuo que duró siglos: solo con el final de la Antigüedad tardía y la caída del Imperio sasánida concluyó la secular rivalidad entre los dos imperios.

A continuación, además de describir las operaciones militares, se ofrece también una visión general de las situaciones políticas en los conflictos respectivos y de sus resultados. A este respecto, será necesario hacer algunas breves referencias a las respectivas circunstancias políticas de Persia y Roma.

Other Languages