Guerras habsburgo-otomanas

Guerras habsburgo-otomanas
Parte de Guerras otomanas en Europa
Battle of Lepanto 1571.jpg
Fecha1526 (Batalla de Mohács) a 1791 (Tratado de Sistova) (265 años)
LugarHungría, Mediterráneo, Balcanes, Norte de África y Malta
ResultadoFin de la expansión Otomana, los Habsburgo conquistan Hungría y Transilvania, eventual declive tanto del Imperio Otomano como del Imperio Habsburgo.
Beligerantes
Familienwappen Habsburg-Stroehl.jpgDinastía Habsburgo:


Aliados de los Habsburgo:


Aliados de la Liga Santa:

Flag of the Ottoman Empire.svg Imperio Otomano

Vasallos:

Las guerras Habsburgo-otomanas o austro-turcas (guerras del Turco en la literatura clásica española)[5]​ fueron los conflictos militares que enfrentaron al Imperio otomano y a los Estados de la Casa de Habsburgo (los llamados Austrias de Viena y Austrias de Madrid) durante toda la Edad Moderna, y que se prolongaron durante la Edad Contemporánea hasta comienzos del siglo XX.

La condición de liderazgo que ambas potencias tenían dentro de sus respectivos ámbitos (la cristiandad y el islam) hasta el siglo XVII, hizo que el factor religioso fuera muy importante en estas guerras; aunque los factores determinantes fueron geopolíticos, lo que explica que simultáneamente cada una de ellas tuviera enfrentamientos con otras potencias de su misma religión y que incluso hubiera alianzas con potencias de la religión opuesta. A partir del siglo XVIII el nuevo equilibrio europeo desplazó la centralidad de ambos contendientes en beneficio de otras potencias emergentes.

Las guerras habsburgo-otomanas consistieron en campañas terrestres en los Balcanes, que implicaban a los Habsburgo austríacos; y en enfrentamientos navales en el Mediterráneo, que atañían por su parte a los Habsburgo españoles.

Inicialmente el avance terrestre otomano fue imparable, con la decisiva victoria de Mohács (1526, que redujo la mayor parte del Reino de Hungría a la condición de estado vasallo y tributario), hasta el fracasado Sitio de Viena (1529, que marcó su mayor avance territorial).

La presencia creciente de la flota turca en el Mediterráneo occidental fue contestada con enfrentamientos periódicos que culminaron en la victoria cristiana de Lepanto (1571).

En 1683 los turcos asediaron por segunda vez la capital austríaca, siendo rechazados por una coalición multinacional.

La Guerra de Sucesión Española (1700-1713), que puso a los Borbones en el trono español, dejó a Austria como la única potencia en manos de los Habsburgo. No obstante, para entonces el equilibrio de poderes había cambiado en beneficio de la Europa cristiana, que pasó a disponer de tácticas y tecnologías militares superiores (especialmente en la artillería), así como de superiores recursos económicos; situación frente a la que el tradicional cuerpo de élite otomano (los jenízaros) dejó de ser tan eficaz. A finales del siglo XVIII, el Imperio turco había pasado a ser el hombre enfermo de Europa.

La expansión del Imperio austríaco (luego Imperio austro-húngaro) por los Balcanes fue recortando territorios al Imperio turco durante todo el siglo XIX, en competencia con el Imperio ruso. Las continuas guerras balcánicas y los sucesivos tratados (Berlín, San Estéfano) fueron marcando distintos puntos de equilibrio entre las tres potencias.

Ya en el siglo XX, en el periodo previo a la Primera Guerra Mundial (1914), turcos y austríacos pasaron de enemigos a aliados, constituyendo con el Imperio alemán el bloque denominado como Imperios Centrales, cuya derrota supuso la común desintegración (1918).

Avance turco hasta Hungría

La Batalla de Mohacs (1526) en una miniatura turca.

Si bien los Habsburgo fueron ocasionalmente reyes de Hungría (además de archiduques de Austria y emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico), no fueron protagonistas de las guerras contra los otomanos hasta el siglo XVI. Ese papel correspondió hasta entonces a otras dinastías húngaras (Jagellón, Hunyadi), así como a las demás nacionalidades del complejo mundo balcánico (alemanes, serbios, croatas, albaneses, transilvanos, moldavos, valacos, búlgaros, griegos, etc.), entre las que destacaron líderes anti-turcos como Vlad Tepes.

El avance turco hacia Europa central atrajo la ayuda de los estados cristianos occidentales, conscientes de la amenaza para la cristiandad que ese hecho suponía, y se organizaron verdaderas cruzadas en las batallas de Nicópolis (1396, con participación húngara y francesa) y de Varna (1444, con participación húngara y polaca). El Reino de Hungría había llegado a hacer frontera con el Imperio otomano y sus estados vasallos.

En la Batalla de Mohács (29 de agosto de 1526), el rey Luis II de Hungría y I de Bohemia murió; y su viuda, María de Austria, huyó para refugiarse junto a su hermano, el archiduque Fernando de Austria, quien reforzó su reivindicación al trono vacante con su matrimonio con Ana, hermana del rey Luis II, único miembro de la familia real. Fernando fue elegido rey de Hungría y de Bohemia por una Dieta fuertemente dividida, reunida en Bratislava; mientras que Juan I Szapolyai fue elegido rey por una Dieta rival (diciembre de 1526). Quedó el reino así dividido entre la zona noroeste, la Hungría real de Fernando, integrada entre los Estados de los Habsburgo; y el reino de Hungría de Szapolyai, vasallo del Imperio otomano, cuya parte suroriental terminó configurándose como Principado de Transilvania. La zona central, sometida a la mayor presión militar, se conoce con el nombre de Hungría otomana, y sufrió continuos vaivenes en los siguientes siglos.[6]

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