Guerras de religión de Francia

Guerras de religión de Francia
Parte de las Guerras de religión en Europa
Francois Dubois 001.jpg
Representación de la Matanza de San Bartolomé de François Dubois
Fecha marzo 1562 - abril 1598
Lugar Francia
Resultado Victoria de los « Politiques»
Consecuencias El Edicto de Nantes concedió a los hugonotes derechos sustanciales en determinadas zonas; París con otros territorios fueron declarados de forma permanente católicos.
Beligerantes
Protestantes:
Croix huguenote.svg Hugonotes
Flag of England.svg Inglaterra
« Politiques»:
Royal Standard of the King of France.svg Reyes de Francia
Católicos:
Emblem of the Papacy SE.svg Liga Católica de Francia
Flag of Cross of Burgundy.svg España
Savoie flag.svg Saboya
Comandantes
Croix huguenote.svg Príncipe de Condé
Flag of England.svg Isabel I Gaspar de Coligny
Royal Standard of the King of France.svg Enrique II
Royal Standard of the King of France.svg Catalina de Médicis
Royal Standard of the King of France.svg Carlos IX
Royal Standard of the King of France.svg Enrique III
Royal Standard of the King of France.svg Enrique IV
Emblem of the Papacy SE.svg Casa de Guisa
Flag of Cross of Burgundy.svg Felipe II
Emblem of the Papacy SE.svg Papa Sixto V
Savoie flag.svg Carlos Manuel I
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Las Guerras de religión de Francia fueron una serie de enfrentamientos civiles que se desarrollaron en el Reino de Francia durante la segunda mitad del siglo XVI. Se distinguen hasta ocho guerras distintas acontecidas entre 1562 y 1598, si bien la violencia fue constante durante todo el período.

El detonante de las Guerras de Religión fueron las disputas religiosas entre católicos y protestantes calvinistas, conocidos como hugonotes, exacerbadas por las disputas entre las casas nobiliarias que abanderaron estas facciones religiosas, en especial los Borbón y los Guisa.

Por añadidura, la guerra civil francesa tuvo dimensiones internacionales, implicando en la lucha a la potencia protestante del momento, la Inglaterra de Isabel I, con la máxima defensora del catolicismo y mayor potencia de la época, la España de Felipe II. Debido a ello, el conflicto influyó de manera determinante en el éxito de la rebelión de las Provincias Unidas contra el dominio español y en la expansión de las confesiones protestantes en el Sacro Imperio Romano, regido por el tío de Felipe II, el emperador Fernando I de Habsburgo.

El conflicto acabó con la extinción de la dinastía Valois-Angulema y el ascenso al poder de Enrique IV de Borbón, que tras su conversión al catolicismo promulgó el Edicto de Nantes en 1598, garantizando una cierta tolerancia religiosa hacia los protestantes. Sin embargo, los conflictos entre la Corona y los hugonotes se reavivaron periódicamente, hasta que el nieto de Enrique IV, Luis XIV, revocó tal tolerancia con el Edicto de Fontainebleau de 1685, proscribiendo toda religión excepto la católica, lo que provocó el exilio de más de 200.000 hugonotes.

Causas del conflicto

La discordia religiosa

Desde finales del siglo XIV, y en especial con el Renacimiento, se había ido desarrollando una corriente reformista que cuestionaba los tradicionales principios de la religión católica, así como la autoridad de la Iglesia de Roma, su relación con los poderes seculares y la riqueza, influencia política y privilegios acumulados por el clero.

Las discordias empiezan en los años 1540 y 1550 debido a destrucciones iconoclastas cometidas por protestantes de objetos del ritual romano que los católicos consideraban sagrados: reliquias, Custodias y estatuas de santos. A finales del reinado de Enrique II, el conflicto se politiza y al morir el rey en 1559, los partidos religiosos se organizan para preparar sus estructuras militares. Las guerras de religión comienzan en 1562 y prosiguen, con intervalos de paz, hasta 1598, con la promulgación del Edicto de Nantes.

Estos disturbios religiosos resultan especialmente difíciles de estudiar por su complejidad. A las diferencias religiosas se superponen enfrentamientos políticos, luchas sociales, divergencias culturales y, por último, un contexto europeo tenso.

Debilitamiento del poder real

A finales del siglo XV y comienzos del XVI, la monarquía francesa había ampliado extraordinariamente las bases de su poder territorial, financiero, económico y militar, estableciendo un gobierno hasta cierto punto centralizado. El equilibrio entre nobleza y monarquía se mantuvo durante los reinados de Francisco I y Enrique II, que se apoyaron en la nobleza para poder gobernar, buscando su consejo y auxilio, pero sin dejarse dominar ni tolerar ninguna oposición a su poder.

Una nueva alta nobleza había prosperado al amparo de la monarquía, tras la desaparición de los grandes ducados de Borgoña y Bretaña. Las familias nobiliarias más importantes del momento fueron los Guisa, los Borbón y los Montmorency, que se enfrentarán entre sí a lo largo de las Guerras de Religión. Estas tres grandes familias ejercían el control del gobierno central, a través del favor del Rey, y el gobierno local, por medio de una red de clientelas. Ese equilibrio se rompió con la muerte de Enrique II en 1559. Al ser los reyes Francisco II y Carlos IX demasiado incapaces o demasiado jóvenes para reinar, la competencia de la nobleza por el favor del rey se convirtió en una lucha para controlar el poder real.

Por otra parte, los intentos de la reina madre Catalina de Médicis y su canciller Michel de L'Hospital por crear una verdadera administración profesional propia de la Corona, integrada por miembros de la burguesía y la baja nobleza, provocaron el descontento de la alta nobleza, ante lo que entendía como una marginación en su tradicional función asesora. El intento de capear la situación y mantener la continuidad del Estado por medio de la tolerancia religiosa sólo provocó que ambas facciones se sintieran agraviadas con la actuación de la Corona. Todo ello se combinó con la desunión religiosa en un movimiento que haría tambalear la monarquía y sumiría al país en un largo periodo de luchas intestinas.

El resultado inmediato fue la ruptura del equilibrio del poder político, ya que la casa Montmorency, opuesta de antemano a la política real, se encontró firmemente unida entre sí y con otros grupos por la religión, lo que hizo posible la formación de verdaderos partidos políticos, tan poderosos que llegaron a tomar el poder. La explicación de por qué estas guerras en Francia se alargaron 36 años reside precisamente en la transformación de las confesiones en partidos: el Partido Hugonote y la Liga Católica. El primero aparece como consecuencia de la politización de la Iglesia Reformada, y en defensa de su fe escogida frente a los intentos católicos de frenar su expansión, y la segunda como reacción a los éxitos y excesos de los hugonotes, ya en plena lucha por el poder entre la casa de Borbón y la casa de Guisa-Lorena.

A lo largo de las Guerras de Religión, la monarquía, cuya existencia nunca llegó a ser cuestionada, perdió el control de la situación y se vio incapaz de reprimir o poner fin a la lucha de partidos, resultando vanos los esfuerzos desplegados por los dos últimos Valois (Carlos IX, Enrique III y su madre Catalina de Médicis) para preservar el poder real ante el colapso del orden político.

Por último, cabe destacar la amplia participación social, pues las Guerras de Religión implicaron a todos los estratos sociales, desde las élites a las masas populares. Todo ello refleja una masiva reacción social al progreso de la construcción del Estado autoritario y unificado, intentando los rebeldes restaurar y revitalizar antiguas instituciones o proyectar otras nuevas.

La insubordinación de los franceses toma como modelo el comportamiento de príncipes y grandes señores, que toman las armas sin permiso del monarca. El feudalismo que aún se vive en Francia queda de manifiesto con la progresiva autonomía de los señores y de sus partidarios. La convocatoria de los Estados Generales, que se llevó a cabo tres veces durante las Guerras de Religión, da testimonio patente del debilitamiento de la autoridad real. Los reyes necesitaban del apoyo de sus súbditos para poder adoptar decisiones que se respetaran; llegó a cuestionarse incluso el poder real, por aquellos que también desean que el rey se plegara a la voluntad de estos órganos consultivos.

Principales protagonistas

Los Valois-Angulema

La casa real gobernante en Francia era una rama menor de la dinastía Valois, a su vez rama menor de los Capeto. Estaba formada por la reina madre Catalina de Médicis, viuda de Enrique II, sus hijos (Francisco II, Carlos IX, Enrique III y Francisco de Alençon) e hijas (Isabel, Claudia y Margot o Margarita).

Los Borbón

Borbón.

Descendientes directos San Luis IX, los Borbones eran príncipes de sangre y herederos de los Valois. Se hallaban divididos entre católicos y protestantes, y tendrán dificultades para encumbrar a un verdadero jefe. Luis de Condé y su hijo Enrique de Condé, Antonio de Borbón y su hijo Enrique IV abanderan la causa de los hugonotes, frente al cardenal de Borbón. Finalmente, Enrique IV conseguiría imponerse con dificultades, y a la muerte de Enrique III asumiría la corona de Francia.

Los Guisa

Guisa.

Primos del duque Carlos III de Lorena, ascendieron políticamente gracias a Claudio y Francisco de Lorena (los dos primeros duques de Guisa) y al matrimonio de María de Guisa con Jacobo V de Escocia, del que nació María Estuardo, reina de Escocia y esposa de Francisco II. Pertenecieron también a la familia el cardenal de Lorena, el duque Enrique de Guisa y Carlos de Mayena.

Los Guisa lideraron al catolicismo francés, fueron inmensamente populares y sirvieron de apoyo a la tambaleante dinastía Valois, y aunque a causa de su intransigencia la reina madre los marginó ocasionalmente, regresaron de modo triunfal a primera fila política gracias a su popularidad y al apoyo de España. El rey Enrique III trató de librarse de las injerencias de los Guisa asesinándolos, pero sólo logró ganarse el desprecio universal de los católicos. En 1588 la Liga Católica tomó París y expulsó al Rey, que se entregó a los protestantes y fue finalmente asesinado por un fanático católico. A pesar de su derrota y de su sometimiento final a Enrique IV, gozaban del suficiente poder como para que el Rey prefiriera pactar con ellos a destruirlos.

Los Montmorency

Montmorency

Una de las familias con más abolengo y poder de Francia. El condestable Anne de Montmorency fue engrandecido por Francisco I, que lo nombró duque y condestable. Aunque perdió posteriormente el favor de este rey, ejerció una gran influencia sobre Enrique II, obteniendo una inmensa fortuna. En esta familia se encuentran Francisco de Montmorency y los hermanos Châtillon: el cardenal de Châtillon François d'Andelot y Gaspar II de Coligny. Divididos entre católicos y protestantes, los Montmorency se unieron contra la creciente influencia de sus rivales los Guisa. Su pugna por el poder hizo que en buena medida la primera fase de las Guerras de Religión fuera una guerra privada entre ambas familias.

Los Montmorency fueron los grandes perdedores del conflicto, ya que casi todos sus miembros murieron en combate, asesinados, encarcelados o exiliados. Resurgieron junto a Enrique IV de Borbón, con Enrique de Montmorency-Damville.

La implicación de los países vecinos

Jefes de Estado durante las guerras de religión
Reyes de Francia Gobernadores de los Países Bajos españoles Reyes de España Reyes de Inglaterra
Enrique II Manuel Filiberto de Saboya 19- Rei D. Filipe I - O Prudente.jpg
Felipe II
Elizabeth1England.jpg
Isabel I
Francisco II MargarethevonParma02.jpg Margarita de Parma
CharlesIX.jpg
Carlos IX Tizian 060.jpg El duque de Alba
Henri III Versailles.jpg
Enrique III
Luis de Requesens
Don Juan de Austria
Vaenius - Alexander Farnese.png
Alejandro
Farnesio
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Enrique IV
Pedro Ernesto de Mansfeld
Ernesto de Austria
Pedro Enríquez de Acevedo
Archiducs albert isabelle pays-bas.jpeg Archiduque Alberto de Austria Diego Velázquez - Philip III on Horseback (detail) - WGA24408.jpg
Felipe III

Las guerras de religión en Francia son también la consecuencia de la intervención de países vecinos que tratan de debilitarla. Al perder Francia la Batalla de San Quintín en 1557 y firmar el Tratado de Cateau-Cambrésis, ve perder su hegemonía en beneficio de España, vencedor en dicha batalla. Sin embargo, y a pesar de su declive durante la segunda mitad del Siglo XVI, Francia continuará siendo una gran potencia europea. La reina de Inglaterra Isabel I interviene en apoyo de los protestantes, y el rey de España, Felipe II apoyará al clan de los Guisa, católicos intransigentes. Durante las guerras de religión, pues, Francia estará dividida en dos facciones apoyadas financiera y militarmente por potencias extranjeras. Durante los años 1580, Inglaterra y España se enfrentarán utilizando Francia como escenario.

Pero hay también reivindicaciones territoriales. Inglaterra desea recuperar Calais, perdida en 1558, y España intenta recuperar la parte septentrional de Navarra. Por su parte, Saboya, aliada a España, quiere recuperar las ciudades italianas ocupadas por Francia tras las Guerras de Italia.

Las guerras de religión en Francia dependen mucho del contexto europeo. Esto es especialmente significativo en el caso de los Países Bajos españoles, en los que los disturbios políticos y religiosos se acentúan a partir de 1566. La guerra en Flandes repercute automáticamente en los conflictos franceses y viceversa.

También el rey de Francia recurre a ejércitos extranjeros para restablecer su autoridad. Recurre a contingentes suizos e italianos, enviados por el Papa. Ambos bandos recurren a los reiters alemanes. Los españoles utilizan asimismo tropas flamencas.

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