Guerras de independencia hispanoamericanas

Guerras de independencia hispanoamericanas
Spanish american independence.PNG

Fecha 1810- 1833[1]
Lugar Hispanoamérica
Resultado
  • Victoria independentista.
  • Creación de nuevos estados en el continente América.
  • España pierde la mayor parte de su imperio colonial en el mundo.
Beligerantes
Realistas Independentistas
Comandantes
Félix María Calleja
Pablo Morillo
José Fernando de Abascal y Sousa
Juan Pío Tristán
Mariano Osorio
Rafael Maroto
José de la Serna
Joaquín de la Pezuela
José Manuel de Goyeneche
José Tomás Boves
Flag of the Gran Colombia.svg Simón Bolívar
Flag of Argentina (1818).svg José de San Martín
Flag of the Gran Colombia.svg Antonio José de Sucre
Flag of Mexico (1821-1823).svg José María Morelos y Pavón
Flag of Chile (1818).svg Bernardo O'Higgins
Flag of Argentina (1818).svg Manuel Belgrano
Flag of Argentina (1818).svg Martin Miguel de Guemes
Flag of Artigas.svg Flag of Argentina (1818).svg José Artigas
Bandera de Guayaquil.svg José Joaquín de Olmedo
Flag of Bolivia (state, 1825-1826).svg Pedro Domingo Murillo
Flag of Peru (1821 - 1822).svg José Bernardo de Tagle
Flag of Argentina (1818).svg Juan Gregorio de Las Heras
Flag of Argentina (1818).svg Miguel Estanislao Soler
Flag of Mexico (1821-1823).svg Miguel Hidalgo y Costilla
Fuerzas en combate
± 35 000 realistas nativos[2]
± 40 000 realistas españoles
± 130 000 independentistas nativos[3]
Bajas
Muertos

± 34 400 españoles[4]

± 35 000 nativos[2]
Muertos

± 250 000 nativos en Nueva España[4]

± 320 000 nativos en Nueva Granada[4]
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Las guerras de independencia hispanoamericanas o guerras hispanoamericanas de independencia fueron una serie de conflictos armados que se desarrollaron en las posesiones americanas del Imperio español a principios del siglo XIX, en los cuales se enfrentaron el bando que se autodenominó patriota, independentista o revolucionario — que luchó a favor de la emancipación de la corona española — contra el bando que se conoció como realista o virreinal — el cual defendió la lealtad al rey de España. Según la postura historiográfica, estos procesos pueden ser vistos como guerras de independencia, guerras civiles o bien, una combinación de diversas formas de guerras.[5]

Los movimientos independentistas de Hispanoamérica adquirieron formas variadas de acuerdo con las condiciones que imperaban en cada región.[7]

La guerra de independencia española, producto de la crisis política en España, y la ocupación de su territorio por parte de Francia en 1808, constituyen dos hechos que incentivaron el independentismo en la debilitada Monarquía española. Como respuesta a la entronización del rey José Bonaparte en España, entre 1808 y 1810 se instalaron juntas de gobierno que ejercieron la soberanía ante la ocupación francesa, tanto en la península como en las posesiones de ultramar. Las diferencias entre España y las colonias se fueron agudizando comenzando la lucha armada entre los americanos y los ejércitos reales alrededor de 1810 en la mayoría de Hispanoamérica. La independencia de los nuevos estados se consolidó en la década de 1820. Después de perder El Callao en enero de 1826, los únicos territorios dominados por los españoles en América eran Cuba y Puerto Rico.

Luego del asedio final en El Callao no hubo otra operación militar en suelo continental desde España sobre las antiguas colonias hasta 1829, cuando la expedición de Isidro Barradas llegó a Tampico y fue derrotada por el Ejército Mexicano. Sin embargo los gobiernos independientes enfrentaron las guerrillas realistas, por ejemplo entre 1823 y 1827 en Venezuela; entre 1827 y 1830 en Pasto, Colombia; hasta 1832 en el sur de Chile, apoyados por mapuches y pehuenches; y hasta la década de 1830, la guerrilla de Iquicha en Perú.

Estados Unidos, el Reino Unido y Francia establecieron relaciones comerciales con los nuevos gobiernos americanos y posteriormente reconocieron la soberanía de los nuevos estados a lo largo de la década de 1820. Sin embargo España sólo abandonó los planes de reconquista después de la muerte del rey Fernando VII, ocurrida en 1833. Las Cortes españolas renunciaron a sus posesiones en América en 1836 y autorizaron al gobierno para realizar tratados de paz y reconocimiento con todos los nuevos estados surgidos en el continente.[11]

Contexto

Al acabar el siglo XVIII, gracias a su dilatado imperio, España figuraba aún entre las grandes potencias internacionales. El imperio no sólo aportaba prestigio y peso diplomático; también resultaba crucial para la economía española. En el último tercio del siglo el tráfico con las colonias representó cerca de la mitad del comercio exterior. Absorbía un 48% de las exportaciones, integradas por productos españoles pero también por artículos europeos, pues España en calidad de metrópoli ejercía el monopolio del comercio, y todos los países que quisieran traficar con las Indias debían hacerlo a través de los puertos españoles. Las colonias americanas también ofrecían un suministro constante de metales preciosos: entre 1784 y 1796 las minas de plata de México y el Alto Perú aportaron una media anual de 355 millones de pesos.

Sin embargo, sostener el imperio no resultaba fácil. Si preservar el monopolio comercial y eliminar el contrabando en tiempos de paz ya era de por sí complicado, más lo fue desde finales del siglo XVIII, cuando la alianza de España con Francia obligó a mantener un estado prácticamente permanente de guerra con Gran Bretaña. Las contiendas hispano-británicas entorpecieron el comercio español con América, hasta el punto de interrumpirlo casi por completo: en 1801 el promedio anual de exportaciones a las Indias había descendido un 93%; las importaciones también cayeron radicalmente. Tras la destrucción de la flota española en la batalla de Trafalgar, en 1805, Gran Bretaña se aventuró, incluso, al ataque directo a las costas americanas. En 1806 y 1807 la armada británica trató de ocupar el puerto de Buenos Aires y las autoridades virreinales rechazaron el ataque. Una acción que reveló la impotencia de España para defender sus reinos ultramarinos y demostró a los criollos (descendientes de españoles nacidos en América) la propia fuerza que tuvieron en el desarrollo y el triunfo frente a las pretensiones inglesas.

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