Guerras cántabras

Guerras cántabras
Guerras astur-cántabras
Bellum Cantabricum et Asturicum
Conquista de Hispania
Astur-Cantabrian-Wars.png
Lugar aproximado del conflicto.
Fecha 29 a. C.- 19 a. C.
Lugar Hispania ( ver mapa)
Resultado Victoria del Imperio romano.
Supuso la conquista definitiva de Hispania.
Beligerantes
República romana
(29 a. C.-27 a. C.)
Vexilloid of the Roman Empire.svg Imperio romano
(27 a. C.-19 d. C.)
Brigecinos
(Tribu astur aliada de los romanos)
Cantabrian Lábaru Flag.svg Tribus cántabras

Roseta de Los astures.gif Tribus astures
Comandantes
Vexilloid of the Roman Empire.svg Augusto
(29 a. C.-26 a. C.)

Vexilloid of the Roman Empire.svg Cayo Antistio Veto
(26 a. C.-24 a. C.)
Vexilloid of the Roman Empire.svg Lucio Emilio†
(24 a. C.-22 a. C.)
Vexilloid of the Roman Empire.svg Cayo Furnio
(22 a. C.-19 a. C.)
Vexilloid of the Roman Empire.svg Publio Silio Nerva
(19 a. C.)

Vexilloid of the Roman Empire.svg Marco Vipsanio Agripa
(19 a. C.)
Cantabrian Lábaru Flag.svg Corocotta
( cántabros)
Roseta de Los astures.gif Gausón
( astures)
Fuerzas en combate
Entre 70 000 y 80 000 hombres (de 6 a 7 legiones) Entre 70 000 y 100 000 (basado en la población estimada)
Bajas
Numerosas. La mayoría de los cántabros en edad militar. [1]
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Cantabria romana durante el periodo de las guerras cántabras. El mapa señala las fronteras del territorio cántabro en relación con las provincias actuales así como las distintas tribus que lo habitaban, los pueblos vecinos, ciudades y accidentes geográficos interpretados a partir de fuentes clásicas.
Bastión defensivo del Castro de La Loma, en Santibáñez de la Peña ( Palencia, Castilla y León).
Porta claviculae del campamento romano, del sitio del Castro de La Loma.

Las guerras cántabras o guerras astur-cántabras (en latín, Bellum Cantabricum et Asturicum) fueron unos enfrentamientos que tuvieron lugar del año 29 a. C. al 19 a. C. entre el Imperio romano y los distintos pueblos astures y cántabros que habitaban territorios conocidos ya por los antiguos romanos como Asturiae[3] en el norte de la península ibérica.

Los enfrentamientos mantenidos por Roma contra los diversos pueblos del norte hispano, cántabros y astures principalmente, representaban la culminación de la larga conquista de la península ibérica. La resonancia de estas guerras sobrepasó a la de gran parte de las emprendidas por el Estado romano a lo largo de su historia. La razón de ello no hay que buscarla en el ámbito estrictamente militar, sino en el alcance político que se le concedió a la conquista del norte peninsular, única operación dirigida personalmente por el emperador Augusto.[4]

Sub occasu pacata erat fere omnis Hispania, nisi quam Pyrenaei desinentis scopulis inhaerentem Citerior adluebat Oceanus. Hic duae validissimae gentes, Cantabri et Astures, inmunes imperii agitabant.
En el occidente estaba ya en paz casi toda Hispania, excepto la parte de la Citerior, pegada a los riscos del extremo del Pirineo, acariciados por el océano. Aquí se agitaban dos pueblos muy poderosos, los cántabros y los astures, no sometidos al Imperio.

Lucio Anneo Floro, historiador romano del siglo I.

Así comienza Floro su relato para narrar los hechos acaecidos en una contienda que hizo que el propio emperador romano Augusto, abriera las puertas del templo de Jano, en señal de combate total, y se desplazara en persona desde Roma hasta tierra de cántabros.

Contexto geográfico e histórico

Desde aproximadamente el año 50 a. C., solamente los cántabros y los astures mantenían la independencia frente a Roma, aunque ocasionalmente se enrolaban en las tropas auxiliares romanas, como consta para el propio año 50- 49 a. C., durante las guerras civiles, al servicio de Pompeyo.[5] El resto de los pobladores de la península ya habían sido sometidos, o bien se habían adherido voluntariamente a los romanos.

No es fácil precisar el escenario de la contienda, pero hay datos que apuntan a que en el inicio se extendió hasta tierras astures al menos durante los primeros años de esta. Dos años después de comenzada, en el 27 a. C. y en plena campaña militar, se produce un hecho determinante. La península ibérica se divide en tres provincias, en vez de las dos que se conocían hasta entonces. Hispania queda así dividida en la Baetica, la Lusitania, de nueva creación, y la Tarraconense. Este hecho tiene gran importancia para realizar una contextualización geográfica correcta:

En primer lugar, la división se produce, precisamente, como consecuencia y en mitad de la guerra. Al mismo tiempo se da la circunstancia de que Asturiae y Gallaecia ( Asturias y Galicia) quedan encuadradas en la provincia de Lusitania, mientras que Cantabria queda encuadrada en la provincia Citerior, bajo el control directo del emperador César Augusto que se presenta, precisamente ese mismo año ( 27 a. C.), en tierras cántabras. Este hecho implica expresamente que Cantabria no se consideraba aún una tierra pacificada y que, por lo tanto, necesitaba tropas bajo el gobierno del legatus augusti propaetore para ser pacificada. Es más, desde el año 26 a. C., el historiador Floro solo menciona a cántabros como contendientes y es a partir de esa fecha cuando Roma despliega todo su poderío militar en la región.

En cualquier caso el teatro de operaciones quedaría dividido en dos, con Asturias, León, zonas de Zamora y Galicia a un lado, y Cantabria y norte de Palencia y Burgos al otro. En este contexto el escenario sería atendido independiente y simultáneamente por dos legados diferentes, siendo el propio Augusto el que quedaba con el control de la Guerra contra los cántabros que duraría siete años más.

En ese contexto histórico, los pobladores cántabros, por el oeste, llegaban hasta el actual río Sella, hoy en territorio asturiano, bajando hacia el sur hasta sus fuentes en el Valle de Sajambre; por el sur sobresalía la ciudad naturalmente fortificada de Peña Amaya (hoy en tierra de Burgos) y por el este sus límites llegaban hasta la ría de Oriñón, desembocadura del río Agüera, entre las poblaciones de Guriezo y Castro Urdiales, próximas al actual límite con Vizcaya, entonces territorio autrigón (ver mapa contiguo).

Terminadas dichas guerras se puede dar por finalizada la conquista de Hispania por los romanos.

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