Guerra italiana de 1521-1526

Guerra Italiana de 1521-1526
Guerras italianas
Battle of Pavia.jpg
Uno de los Tapices de Pavía de Bernard van Orley (c. 1531).
Fecha 1521–1526
Lugar Italia, Francia y España
Resultado Victoria de la España imperial de los Habsburgo
Beligerantes
Pavillon royal de la France.svg Reino de Francia
Flag of Most Serene Republic of Venice.svg República de Venecia
Bandera Navarra.svg Reino de Navarra
Flag of Cross of Burgundy.svg Imperio español
Bandera de Sacro Imperio Romano Germánico  Sacro Imperio Romano Germánico
Flag of England.svg Reino de Inglaterra
CoA Pontifical States 02.svg Estados Pontificios
Comandantes
Pavillon royal de la France.svg Francisco I de Francia
Pavillon royal de la France.svg Odet de Foix
Pavillon royal de la France.svg Guillaume Gouffier  
Pavillon royal de la France.svg Pierre Terrail  
Bandera Navarra.svg Enrique II de Navarra
Flag of Cross of Burgundy.svg Carlos I de España
Flag of Cross of Burgundy.svg Fernando de Ávalos
Flag of Cross of Burgundy.svg Prospero Colonna
Bandera de Sacro Imperio Romano Germánico Carlos de Lannoy
Bandera de Sacro Imperio Romano Germánico Carlos III de Borbón
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La Guerra italiana de 1521–1526, también conocida como la Guerra de los Cuatro Años,[1] forma parte de las Guerras italianas. El conflicto se desarrolló entre 1521 y 1526 y en ella lucharon Francisco I de Francia y la República de Venecia contra el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Carlos V, Enrique VIII de Inglaterra y los Estados Pontificios. Entre las causas del conflicto están la elección en 1519–1520 de Carlos I como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y la necesidad del papa León X de aliarse con Carlos para combatir a Martín Lutero.

La guerra estalló en Europa Occidental en 1521, cuando Francia invadió los Países Bajos e intentó ayudar a Enrique II de Navarra a recuperar su reino. Las fuerzas imperiales repelieron la invasión y atacaron el norte de Francia, donde los franceses detuvieron su avance. Entonces, el emperador, el papa y Enrique VIII firmaron una alianza formal contra Francia, y las hostilidades comenzaron en la península italiana. En la batalla de Bicocca, los ejércitos imperiales y del papado derrotaron al ejército francés, expulsándolo del Milanesado. Después de la batalla, la lucha volvió de nuevo a suelo francés, mientras que Venecia firmaba la paz por separado. El ejército inglés invadió Francia en 1523, mientras que Carlos de Borbón, contrariado por las tentativas de Francisco de apoderarse de su herencia, traicionó a Francisco y se alió con Carlos I. En 1524 falló una tentativa francesa de recuperar el Ducado milanés y dio al Borbón la oportunidad de invadir Provenza al frente de un ejército español.

El mismo Francisco dirigió un segundo ataque contra el Ducado de Milán —la actual Lombardía— en 1525. Su desastrosa derrota en la batalla de Pavía, en la que fue capturado y la mayoría de sus principales nobles murieron, condujo al final de la guerra. Mientras estaba encarcelado en España, Francisco firmó el tratado de Madrid, en el que renunciaba a sus aspiraciones en Italia, Borgoña y Flandes. Después de algunas semanas de su liberación, sin embargo, rechazó los términos del tratado, comenzando de esta manera la Guerra de la Liga de Cognac. Aunque las Guerras Italianas continuarían durante otras tres décadas, éstas terminarían sin que Francia pudiera recuperar ningún territorio sustancial en Italia.

Preludio

Para 1518 la paz que había prevalecido en Europa después de la batalla de Marignano comenzó a desmoronarse. Las principales potencias (España, Francia, Inglaterra y el Sacro Imperio Romano) vivían un periodo de paz, habiendo acordado en el tratado de Londres que si un país decidía romper la paz, todos los demás se aliarían para derrotarle. Sin embargo, la sucesión a la Corona imperial dividió a los cuatro monarcas. El emperador Maximiliano I, quería que le sucediera un Habsburgo, por lo que inició una campaña a favor de su nieto Carlos I de España, mientras que Francisco se propuso como candidato alternativo. Al mismo tiempo, el papado y el Sacro Imperio Romano se vieron obligados a hacer frente al auge de las ideas de Martín Lutero que, al margen de cuestiones teológicas, daba a los príncipes electores alemanes una razón para alejarse de los poderes imperial y Vaticano. Mientras, Francisco hacía frente al cardenal Thomas Wolsey, que buscaba aprovechar los movimientos diplomáticos del continente para beneficio de Inglaterra y suyo propio.

Territorios controlados por Carlos I en 1519. Debido a la concentración de territorios en manos de Carlos I, Francia pasa a estar en una posición geopolítica complicada.

El emperador Maximiliano I falleció en 1519 dejando sus estados patrimoniales austríacos a sus nietos: Carlos, rey de España, y su hermano Fernando; y también dejó vacante el título imperial. La muerte de Maximiliano I llevó pues la elección imperial al primer plano de la política de alianzas europea. El rey francés puso de manifiesto su interés en la elección imperial en su favor.[3] El resultado final, sin embargo, no fue determinado por los sobornos desorbitados, que incluían la promesa de hacer del Arzobispado de Maguncia una legación papal. El pueblo llano en general consideró un ultraje la idea de un francés a la cabeza del Imperio Germánico, lo que llevó a los electores a iniciar una pausa en la deliberación. Esto, unido a que Carlos situó al ejército cerca de Fráncfort del Meno, que era dónde estaban reunidos, hizo que los electores se decantasen finalmente por él. El 23 de octubre de 1520 era elegido emperador del Sacro Imperio, título que sumaba a los recién unificados reinos españoles —el Duque de Alba había conquistado Navarra en 1512 para Castilla— y las posesiones de la Casa de Borgoña en los Países Bajos.

El cardenal Thomas Wolsey, esperando aumentar la influencia de Enrique VIII en el continente, ofreció los servicios de Inglaterra como mediadora del conflicto entre Carlos y Francisco. Enrique y Francisco efectuaron una reunión en el Campo del paño de oro. Mientras tanto, Wolsey entretuvo a Carlos en Calais. Después de las reuniones, Wolsey se dispuso a mejorar su reputación con vistas al siguiente cónclave, por lo que organizó una conferencia de arbitraje en Calais, que duró hasta abril de 1522 y que no consiguió solucionar el conflicto.

Francisco I de Francia, pintado por Jean Clouet. Francisco, en su ambición de llegar a ser emperador del Sacro Imperio, empujó a Europa a la guerra. De mentalidad todavía medieval, llegó a retar a duelo al Marqués de Pescara y al propio emperador Carlos.[4]

En diciembre, los franceses empezaron a planear la guerra. Francisco no deseaba atacar abiertamente a Carlos porque Enrique había anunciado su intención de intervenir en contra del primero que rompiera la frágil paz. En lugar de ello, dio más apoyo encubierto a incursiones dentro de territorio imperial y español. Se organizó un ataque sobre el río Mosa, bajo el liderazgo de Robert de la Marck. Los planes franceses pronto se mostraron como inapropiados tras la intervención de Enrique III de Nassau que cortó la ofensiva del Mosa.[5]

Simultáneamente, otro ejército apoyaba a Enrique II de Navarra para recuperar el reino que había conquistado Fernando II de Aragón en 1512; la contraofensiva navarro-gascona fue dirigida por André de Foix, Señor de Asparrots.[8]

Carlos estaba mientras tanto ocupado con el asunto de Martín Lutero, con quien se enfrentó en la Dieta de Worms en marzo de 1521. El emperador, que no sabía alemán, veía el catolicismo como una forma de ligar los diversos Estados del Sacro Imperio Romano hacia él. Como el papa León X, por su parte, no estaba dispuesto a tolerar el desafío público a su autoridad, él y el emperador fueron forzados a apoyarse mutuamente contra Lutero, que se encontraba ahora respaldado por Federico de Sajonia y Franz von Sickingen.[12]

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