Guerra franco-española (1635-1659)

Guerra franco-española
Traite-Pyrenees.jpg
Tratado de los Pirineos
Fecha 1635 - 1659
Lugar Franco Condado, Pirineos, Países Bajos
Resultado Victoria francesa
Consecuencias Paz de los Pirineos
Beligerantes
Royal Standard of the King of France.svg Reino de Francia
Flag of The Commonwealth.svg Mancomunidad de Inglaterra
Bandera de Países Bajos Provincias Unidas
Bandera de España Imperio español
Bandera de Inglaterra Tropas realistas inglesas
Comandantes
Royal Standard of the King of France.svg Enrique de La Tour d'Auvergne Bandera de España El Cardenal-Infante
Bandera de España Luis II de Borbón
Bandera de España Juan José de Austria
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La guerra franco-española, que tiene lugar en el periodo comprendido entre 1635 y 1659, año en el que finaliza con el acuerdo firmado entre ambos países conocido como la Paz de los Pirineos, es una guerra que debe ser analizada dentro del contexto de la guerra de los Treinta Años, si bien tiene entidad propia diferenciada, y continúa después de que aquella finalizara con la Paz de Westfalia. Asimismo, hay que analizarla teniendo en cuenta otros conflictos, como los que España mantenía con las Provincias Unidas, en la conocida como guerra de los Ochenta Años.

Antecedentes

La rivalidad entre el Reino de Francia y España se remonta ya a finales del siglo XV, en tiempos del reinado de los Reyes Católicos. Durante el siglo XVI, tienen lugar una serie de conflictos entre ambos países. Inicialmente, estos se desarrollan por la preeminencia sobre los dominios en Italia: Reino de Nápoles (campañas del Gran Capitán), por el Milanesado ( batalla de Pavía) y nuevamente por el dominio de Nápoles, aunque en este caso, el campo de acción acaba trasladándose a la frontera de Francia con los Países Bajos ( batalla de San Quintín (1557) y batalla de Gravelinas en 1558), conflicto que concluye con la asunción del predominio español en 1559 tras la firma de la Paz de Cateau-Cambrésis.

Aunque oficialmente se vive un periodo de paz entre ambos Estados durante el resto del siglo, dada la convulsa situación interna que experimenta Francia por los conflictos entre católicos, calvinistas y los diferentes partidos durante las Guerras de Religión, interviene periódicamente en favor de la Liga Católica, bien con subvenciones, bien con entradas de tropas, procedentes principalmente de los Países Bajos, finalizando la participación española que implicaba la prorrogación del conflicto con la Paz de Vervins.

Durante el reinado de Felipe III, se vive cierta relajación de la tensión en las relaciones con Francia, culminando con los acuerdos matrimoniales de 1615 entre ambas casas durante la regencia de María de Médici.

Tras el ascenso de Luis XIII al trono, las relaciones entre ambas naciones volverían a ser tensas, viviendo su apogeo una vez el Cardenal Richelieu fue nombrado primer ministro.

Francia encajonada

Dado el contexto geopolítico a principios del siglo XVII, los gobernantes franceses podían entender que Francia estaba rodeada por territorio español y deducir que esto suponía una amenaza para su supervivencia, o en todo caso, una limitación de la posibilidad de ampliar sus fronteras a costa de vecinos más débiles. Al norte, se encontraba con Flandes en manos españolas, al sur con la propia España, al este con una Saboya ambivalente y una Lombardía bajo soberanía de los Austrias, una Lorena hispanófila, un Franco Condado, herencia borgoñona de Carlos V, los territorios del arzobispado de Colonia con presencia de guarniciones españolas, y una Alsacia bajo la influencia de los Habsburgos austríacos. Mirase donde mirase, se sentía rodeada por España, o en su defecto, por los Habsburgos, bien fueran estos de la rama austriaca.

Una nueva política exterior, destinada a mantener como mínimo a tales enemigos en debilidad y a aprovechar en lo posible las ganancias territoriales que de tal debilidad se derivara, acabó imponiéndose. Agobiada por los problemas interiores (guerra intermitente con los hugonotes), no pudo Francia intervenir en el exterior con decisión hasta imponerse a los disidentes religiosos ( asedio de La Rochelle, 1628). A partir de aquí, resuelto el principal problema interior, pudo lanzarse Francia a una campaña en el exterior.

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