Guerra de los Cien Años

Guerra de los Cien Años
Battle of crecy froissart.jpg
Batalla de Crécy ( 1346)
Fecha Miércoles 1 de enero de 1337- 17 de octubre de 1453 (116 años)
Lugar Francia, Países Bajos y España
Resultado Victoria de Francia y sus aliados
Beligerantes
Flag of England.svg Reino de Inglaterra
Arms of the Duke of Burgundy (1364-1404).svg Borgoña[1]
PortugueseFlag1385.svg Reino de Portugal
Kroaz Du.png Ducado de Bretaña[2]
Bandera de Baja Normandía Ducado de Normandía
Pavillon royal de la France.svg Reino de Francia
Banner of arms crown of Castille Habsbourg style.svg Corona de Castilla
Kroaz Du.png Ducado de Bretaña[3]
Royal Arms of the Kingdom of Scotland.svg Reino de Escocia
Flag of Genoa.svg Génova
Siñal d'Aragón.svg Corona de Aragón
Wappen Königreich Böhmen.png Reino de Bohemia
Bandera de Reino de Navarra.svg Reino de Navarra[4]
Fuerzas en combate
145 000 hombres [ cita requerida] 200 000 hombres [ cita requerida]
Bajas
59 000 muertos y heridos [ cita requerida] 53 000 muertos y heridos [ cita requerida]
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La guerra de los Cien Años (en francés: Guerre de Cent Ans; en inglés: Hundred Years' War) fue un conflicto armado que duró 116 años ( 1 de enero de 1337- 17 de octubre de 1453)[8] entre los reinos de Francia e Inglaterra. Esta guerra fue de raíz feudal, pues su propósito era resolver quién controlaría las enormes posesiones acumuladas por los monarcas ingleses desde 1154 en territorios franceses, debido al ascenso al trono inglés de Enrique II Plantagenet, conde de Anjou. Tuvo implicaciones internacionales y finalmente, después de numerosos avatares, se saldó con la retirada inglesa de tierras francesas.

Orígenes del conflicto

La rivalidad entre Francia e Inglaterra provenía de los tiempos de la batalla de Hastings (1066), cuando la victoria del duque Guillermo de Normandía le permitió adueñarse de Inglaterra. Ahora los normandos eran reyes de una gran nación y exigirían al rey francés ser tratados como tales, pero el punto de vista de Francia no era el mismo: el Ducado de Normandía siempre había sido vasallo, y el hecho de que los normandos hubiesen ascendido al trono de Inglaterra no tenía por qué cambiar la sumisión tradicional del ducado a la corona de París.

Primeras escaramuzas

Enrique II Plantagenet

A mediados del siglo XII, los duques normandos fueron reemplazados por la dinastía Anjou, condes poderosos que poseían grandes territorios en el oeste y sudoeste de Francia. El rey angevino inglés Enrique II era de hecho más poderoso que su supuesto señor, el rey de Francia, porque gobernaba un imperio mucho más rico y productivo. En su lucha por limitar el poder de los soberanos ingleses, el rey de Francia Felipe Augusto apoyó la rebelión de uno de los hijos de Enrique II, Ricardo Corazón de León, que lo sucedió en el trono en 1189.

El Tratado de París

Enrique III de Inglaterra ( 1207- 1272), heredó el trono siendo muy pequeño, trajo consigo un período de zozobras y temores, que desembocó en el desfavorable Tratado de París en 1259. Enrique renunciaba formalmente al rey francés Luis IX todas las posesiones de sus antepasados normandos y a todos los derechos que pudieran corresponderle. Esto incluía la pérdida de Normandía, Anjou y todas sus demás posesiones salvo Gascuña y Aquitania, que había heredado por vía materna. Estas dos regiones quedaban sometidas al homenaje, una especie de pago, renta o tributo que Enrique otorgaría al rey francés para conservarlas.

Eduardo I

Eduardo I de Inglaterra , hijo de Enrique III, no se conformó con esta situación de sometimiento: construyó una base de poder militar y económico muy superior a la de su padre y quiso colocar de nuevo a su corona en una posición de fuerza en el continente. Inició hostilidades contra la Francia de Felipe III (que duraron cuatro años: de 1294 a 1298) pero, más dedicado a consolidar su poder en el interior de la propia Inglaterra, no hizo nada más respecto de Francia. Cuando falleció, otro lapso de convulsiones azotó a Inglaterra. Una Escocia fuerte, motivada y organizada, líderada por Robert the Bruce, venció a los ingleses en varias ocasiones, derrotando al sucesor de Eduardo, Eduardo II, y logrando la ansiada independencia.

La Guerra de San Sardos y Eduardo III

Entre 1324 y 1325 se produjo una nueva guerra entre Inglaterra y Francia, conocida por los historiadores como Guerra de San Sardos por el poblado donde tuvieron lugar las principales acciones. La corona inglesa pasó pronto a manos de Eduardo III, que era sólo un niño, pero a pesar de todo no estaba dispuesto a dejarse vencer con tanta facilidad. El rey de Francia, Carlos IV murió, como sus antecesores, sin dejar heredero varón.

La maldición de los Capetos

Luis IX de Francia (San Luis)

La muerte de Carlos IV era el fin de la poderosa y prolongada dinastía de los Capetos. Había sido fundada por Hugo Capeto en 987, y había dado una larga serie de poderosos monarcas que incluía a Luis VI, Luis VII y Luis VIII, todos ellos comandantes en las Cruzadas. Tras la muerte del rey siguiente, San Luis, orientador y capitán de la cruzada contra los cátaros, la dinastía Capeto tuvo aún otro poderoso rey: Felipe el Hermoso. Con él comenzó la decadencia: Felipe destruyó a la antigua y noble Orden del Temple, llevando al juicio y a la hoguera a muchos de sus dirigentes, en especial a su último Gran Maestre Jacques de Molay. La tradición cuenta que De Molay, de pie sobre las llamas que lo consumirían, maldijo a Felipe el Hermoso, al Papa y a la familia Capeto, profetizando su pronta extinción y olvido.

En efecto, Felipe IV murió en 1314, en el curso del mismo año de la ejecución de los templarios. Tenía tres hijos. El mayor, Luis X el Obstinado, fue coronado en agosto de 1315 y murió a los pocos meses, mientras su esposa estaba embarazada. El niño recién nacido iba a ser coronado con el nombre de Juan I, en razón de su corta edad, recibió como regente al hermano mediano de su padre, Felipe. El pequeño murió siendo un bebé, por lo que se lo conoce como Juan el Póstumo. Así, su tío Felipe debió ser coronado de inmediato bajo el nombre de Felipe V el Largo. Este rey, aunque enérgico e inteligente, era débil de salud y falleció sólo cinco años después, dejando cuatro hijas que no podían heredar en virtud de la Ley Sálica que él mismo invocó para poder suceder a su sobrino. Le sucedió entonces el tercer hijo de Felipe el Hermoso (y por tanto hermano pequeño de Luis X y Felipe V): Carlos Capeto, que reinó bajo el nombre de Carlos IV.

La supuesta maldición de los templarios terminó de cumplirse el 1º de febrero de 1328 al fallecer este rey dejando sólo dos hijas (una póstuma) y ningún varón para heredar. En apenas 14 años, y luego de cuatro breves reinados, la dinastía de los Capetos se había extinguido.

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