Guerra de la Vendée

Guerre de Vendée
Guerra de la Vandea
Guerras Revolucionarias Francesas
GuerreVendée 1.jpg
Henri de La Rochejaquelein en la batalla de Cholet, el 17 de octubre de 1793.
Fecha 3 de marzo de 1793- 5 de marzo de 1795
24 de junio de 1795- 29 de marzo de 1796[1]
(nuevas rebeliones entre 15 de octubre de 1799- 18 de enero de 1800,[2]
Lugar Principalmente el oeste de Francia: Vandea, norte de Deux-Sèvres ( Poitou), sur de Maine-et-Loire ( Condado de Anjou) y sur de Loire-Atlantique ( Bretaña)
Resultado Victoria republicana
Beligerantes
Flag of France.svg Primera República Francesa Drapeau armée vendéenne 2.jpg Vandeanos
Royal Standard of King Louis XIV.svg Chuanes
Flag of Royalist France.svg Emigrés (emigrados)
Union flag 1606 (Kings Colors).svg Reino de Gran Bretaña
Comandantes
Jean Baptiste Camille de Canclaux
Jean-François Berruyer
Armand Louis de Gontaut-Biron †
Jean Léchelle
Alexis Chalbos
Jean Antoine Rossignol
François Séverin Marceau
Jean Baptiste Kléber
Louis Marie Turreau
Alexandre Dumas
Lazare Hoche
Jean-Michel Beysser †
Jean-Baptiste Annibal Aubert du Bayet
Michel de Beaupuy
François-Joseph Westermann
Nicolas Haxo
Antoine Joseph Santerre
Charles Philippe Ronsin
Louis Michel Auguste Thévenet
Jean-Pierre Travot
Jacques Cathelineau
Maurice Joseph Louis Gigost d'Elbée
Henri de La Rochejaquelein
François-Athanase Charette de La Contrie
Jean-Nicolas Stofflet
Charles Melchior Artus de Bonchamps
Louis Marie de Lescure
Charles Augustin de Royrand †
Antoine-Philippe de La Trémoïlle
Guy Joseph de Donnissan †
Jacques Nicolas Fleuriot de La Fleuriais
Henri Forestier
Gaspard de Bernard de Marigny †
François de Lyrot †
Charles Sapinaud de La Rairie
Charles Marie de Beaumont d'Autichamp
Pierre Constant de Suzannet †
Fuerzas en combate
Movilizados 130.000-150.000[3] 50.000 (febrero de 1793)[4]
65.000 (octubre de 1793)[1]
Bajas
30.000 militares muertos[5] 130.000 civiles y militares muertos[3]

Habitantes de la Vandea: aproximadamente 170.000 muertos en total (75-80% monárquicos y 20-25% republicanos).[6]
En total, unos 170.000-200.000 muertos.[7]
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Guerra de la Vendée es la denominación historiográfica de una rebelión que llegó a convertirse en una verdadera guerra civil que enfrentó a los partidarios de la Revolución francesa y a los contrarrevolucionarios. Se desarrolló en la región francesa de Vendée (Vandea en español) entre 1793 y 1796. La denominación española Guerra de Vandea no se usa apenas en la bibliografía.[8]​ La denominación francesa es Guerre de Vendée.

Al igual que había sucedido por toda Francia, Vandea tuvo rebeliones campesinas ( jacqueries) entre 1789 y 1792. Sin embargo, fue en el momento de la leva masiva ( levée en masse) de 1793, cuando la rebelión vandeana se desencadenó, y acabó adoptando la forma de un movimiento popular contrarrevolucionario.

Desarrollada a lo largo de tres años, el conflicto tuvo varias fases, con un breve periodo de paz que empezó en la primavera de 1795 y finalizó a principios de 1796.

Contexto

Evolución historiográfica acerca de las causas de la revuelta

El estudio histórico de la guerra de La Vendée ha resultado siempre muy debatido en Francia, mezclándose escuelas históricas y prejuicios ideológicos, historiadores universitarios y eruditos locales. Como resultado de todo ello hay una enorme bibliografía que opone en esencia dos corrientes, la de los partidarios de la Revolución y la de los partidarios de los contrarrevolucionarios.[9]

Los primeros textos publicados acerca de esta guerra fueron las Memorias de algunos de los que en ella habían intervenido, monárquicos como Madame de la Rochejacquelein, Poirier de Beauvais o Puisaye, y republicanos como Grouchy, Kléber, Choudieu y demás. El texto más conocido son las Memorias de Madame de la Rochejacquelein, viuda de Lescure, que describe un levantamiento espontáneo de los campesinos para defender a su rey y a su iglesia.

Durante el siglo XIX, el tema opone en especial a los historiadores que basaban sus investigaciones en documentos y archivos frente a los eruditos locales, comprometidos en la defensa de los vendeanos, que recogían tradiciones orales y las transmitían. Los principales protagonistas de esta querella fueron:

  • Por parte de la Universidad, Charles-Louis Chassin, alumno de Alphonse Aulard, quien publicó once volúmenes de archivos y memorias. Seguidor del punto de vista republicano, niega cualquier origen popular del movimiento, y afirma que se trató de una pura confabulación de nobles y curas, que la parte más ignorante de la población siguió ciegamente. Hostil también a los sans culottes y a Robespierre, responsabiliza a éste de la represión de 1794. Alphonse Aulard, primer titular de la cátedra de Historia de la Revolución francesa de la Sorbona, Jules Michelet o Jean Jaurès, autores ambos de una Historia de la Revolución francesa, contribuyeron mediante sus escritos a construir una determinada visión de esta guerra.[10]
  • Por parte de los eruditos, partidarios de los borbones, como los abades Eugène Bossard y Félix Deniau, este último autor de una Historia de la Vendée en cinco volúmenes basada en testimonios orales y memorias publicadas durante un siglo, o el también abad François Uzureau, sacerdote de la diócesis de Angers, que analiza a los "blancos", basándose en documentos, a menudo en los mismos que Chassin.[10]​ Según ellos, las tropas de campesinos, muy católicos y muy unidos a los nobles son liderados por la pequeña nobleza local para restablecer la monarquía y salvar el catolicismo.

Basándose ampliamente en testimonios orales, recogidos y transmitidos por autores "blancos", los eruditos se concentran sobre la violencia de la represión de 1793- 1794, mientras la predilección de los "azules" hacia los archivos parecía excluir que éstos hubieran padecido sufrimientos. La interpretación "blanca" se encuentra entre los académicos, en los escritos de Pierre Gaxotte o de Jean-François Chiappe.[11]

Desde hace un siglo, la historiografía ha renovado ampliamente este tema.

Una reinterpretación histórica

Jules Michelet

En el siglo XX, la investigación histórica ha sufrido profundas evoluciones, especialmente con el desarrollo del análisis social y económico del Materialismo histórico. Claude Petitfrère ve en esa renovación la marca de una tercera categoría de autores, agrupados alrededor de Paul Bois, Marcel Faucheux y Charles Tilly, al que llama historia "científica".[12]

En los años 1920, Albert Mathiez considera que las causas de la insurrección vendeana de la primavera de 1793, hay que buscarlas en las condiciones económicas y sociales de la época.[13]

A principios de los años 1950, Marcel Faucheux señala que las causas profundas de la rebelión hay que buscarlas mucho más lejos de la constitución civil del clero, de la ejecución de Luis XVI o de la leva masiva, pues hay que unir a estas causas la pobreza. La Revolución francesa no supo satisfacer las esperanzas generadas por la convocatoria de los Estados Generales en 1789: los medieros, mayoritarios en Vandea, no se beneficiaron de la abolición de los derechos feudales, que se pusieron a la venta y de los que se aprovecharon fundamentalmente los burgueses y los comerciantes. A partir de ahí, el derrumbamiento de las estructuras sociales tradicionales, la reforma autoritaria del clero y la leva masiva constituyen como mucho la chispa que hizo estallar un descontento latente.[14]

Basándose en un análisis detallado de la Sarthe, Paul Bois profundiza la cuestión, destacando el odio que enfrenta al campesino con el burgués y muestra la existencia de una profunda fractura social entre campo y ciudad, muy anterior a la Revolución, y que es una de las causas principales de la revuelta.[15]

Estos trabajos se han visto ampliamente confirmados por los del sociólogo estadounidense Charles Tilly, para quien el desarrollo de las ciudades francesas en el siglo XVIII, su agresividad económica y su tendencia a acaparar el poder político local suscitaron resistencia y odio entre los campesinos, odio del que la insurrección de Vandea no es más que un ejemplo exacerbado.[16]

Mapa de los arzobispados y obispados en 1789 y 1802

Por su parte, Albert Soboul describe masas campesinas molestas, predispuestas "a rebelarse contra los burgueses, con mucha frecuencia granjeros generales en este país de mediería, comerciantes de grano y compradores de los bienes nacionales", de los departamentos del Oeste de fe muy vívida tras los esfuerzos de catequización de los Mulotinos, congregación de misioneros instalada en Saint-Laurent-sur-Sèvre, desde finales del siglo XVII, por último la asimilación por parte de los campesinos, del sorteo para la leva de los 300.000 hombres al ejército, institución del Antiguo Régimen especialmente odiada. Si considera que «el carácter simultáneo del levantamiento hace pensar que estuviera preparado», explica que los campesinos «no eran ni monárquicos, ni partidarios del Antiguo Régimen» y que los nobles se vieron sorprendidos en un primer momento por la revuelta antes de poder aprovecharla en su propio beneficio.[17]

Más recientemente, Jean-Clément Martin señaló que si los campesinos se alinearon con la Contrarrevolución, según las provincias e incluida la propia Vandea, por causas muy diversas, las consignas religiosas y de la defensa comunitaria eran generales en todas ellas. Estas consignas se deben al mantenimiento de la presión fiscal y de las tasas agrícolas, al empeoramiento de la situación de los medieros, a la incapacidad de las pequeñas élites rurales para comprar bienes nacionales, que fueron acaparados por las élites urbanas, a la pérdida de autonomía de los pequeños municipios rurales frente a los burgos, en los que se instalaron los poderes político (el distrito) y económico, al alcance de la Constitución civil del clero, a las libertades de las comunidades, que defendían a su sacerdote y sus ceremonias religiosas. Las tensiones suben continuamente hasta marzo de 1793, y la leva masiva proporciona a las comunidades la ocasión de unirse contra los agentes estatales, en un movimiento que recuerda en principio las revueltas campesinas tradicionales ( jacqueries) y de formar bandas encabezadas por las élites locales.

En la Sarthe, son los granjeros acomodados y sus aliados los que se sublevan, mientras en Mauges los que se levantan son los campesinos dependientes de las ciudades y los tejedores. Los chuanes de Ille-et-Vilaine, reclutan sus efectivos fundamentalmente entre los medieros. En todos los casos se defiende el equilibrio comunitario, amenazado por las leyes civiles y religiosas de la Revolución. El realismo no está especialmente arraigado, al igual que había sucedido en el Midi en 1791- 1792, y las inquinas personales y locales desempeñan un importante papel, así como las luchas entre comunidades cercanas; en la mayoría de los casos, las revueltas se iniciaron con "ajustes de cuentas, caza al revolucionario y saqueos".

Activistas monárquicos, pertenecientes a las élites rurales participan en las primeras insurrecciones, precisa, pero son poco numerosos; los nobles contrarrevolucionarios se implican muy poco en el conflicto, en marzo de 1793, al ser un movimiento desorganizado y mal armado.

Todo el mundo se sorprende por la brutalidad de la rebelión, la mayor parte duda a la hora de unirse a los insurrectos, algunos incluso como Charette deben ser obligados utilizando la fuerza.[18]

Más allá de la tesis del complot "clérigo-nobiliario", Jean-Clément Martin cuestiona junto a Roger Dupuy, el antagonismo entre "ciudad" y "campo" (muy anterior a la Revolución) y la diferencia de naturaleza que existiría entre los orígenes de la chuanería y las causas de la guerra de Vandea.[19]

Para Roger Dupuy, quien destaca que la historiografía reciente "se separa de la estrecha óptica que colocaba el problema religioso en lugar primordial en el proceso de rebeldía", y es "por la parte de la identidad profunda de las comunidades campesinas" donde se ha que buscar las raíces. El "levantamiento es tanto más exasperado cuanto que la violencia desempeña un papel determinante en la constitución de dicha identidad": violencia de la miseria, violencia de jóvenes obligados a hacer respetar su honor, violencia colectiva contra el mal señor que abusa de sus privilegios feudales.[20]

La situación antes de la insurrección

A finales del Siglo XVIII, la sociedad vendeana (el actual departamento de Vandea y parte de los departamentos limítrofes: el sur de Loire-Inférieure, oeste de Maine-et-Loire, norte de Deux-Sèvres) tiene una composición social muy rural, al igual que otras muchas provincias de Francia. El Oeste había sufrido las guerras de religión un siglo antes y tras las violentas dragonadas reconvertido al catolicismo por el padre Montfort.

Apertura de los Estados Generales de 1789 en Versailles

Al final del Antiguo Régimen, según Michel Vovelle, la propiedad nobiliaria ocupa más de la mitad de las tierras, frente al 10-20 % que ocupa la burguesía, menos del 30% el campesinado y menos del 5% el clero. Igualmente, evalúa la densidad de población entre 700 y 790 habitantes por legua cuadrada y por generalidad. Por último, la alfabetización es escasa en relación al norte y al este del país, con entre un 10 y un 20% de cónyuges capaces de firmar con su nombre.[22]

En 1789, los campesinos del oeste acogen más bien favorablemente los inicios de la Revolución. Los cuadernos de quejas de Bretaña, Maine, Anjou o el bajo Poitou testimonian la hostilidad del campesinado hacia los restos del sistema feudal, al igual que la elección de diputados patriotas, que confirman los actos violentos antinobiliarios del Gran Miedo o la continua violencia contra los aristócratas y sus residencias en 1790 y en 1791. Además, la Vandea y Maine-et-Loire son dos de los doce departamentos que envían más diputados jacobinos a la Asamblea Legislativa.[23]​ Numerosos clérigos parecen haber acompañado al movimiento con entusiasmo: en Vandea, algunos revistieron los nuevos cargos creados por la Revolución, por ejemplo convirtiéndose en alcaldes. La Revolución, como en todos los demás lugares representó pues una gran esperanza.

El descontento crece

El 12 de julio de 1790, la Asamblea Constituyente vota la constitución civil del clero. El decreto de aplicación, pasado en noviembre de 1790 y firmado por el rey Luis XVI el 26 de diciembre de 1790, prevé que los sacerdotes, presten juramento a la Constitución al igual que el resto del funcionariado; la constitución civil del clero y este juramento son rechazados por una parte del clero, que considera a los sacerdotes juradores desviados de la fe católica. Preocupados por su salvación, numerosos campesinos prefieren continuar dirigiéndose a los sacerdotes refractarios.[24]​ Esto contribuye a dividir profundamente a los vendeanos entre partidarios y contrarios a la medida y a desarrollar un cierto descontento entre las comunidades campesinas que, además, no perciben mejora alguna de su situación tras la Revolución. En el campo relativamente recientemente converso del Oeste el clero fue mayoritariamente refractario. En mayo de 1791, la Asamblea Constituyente lanza un decreto sobre la libertad de culto que permite el culto de los refractarios, pero esta tolerancia no satisface a ningún campo y las posiciones se radicalizan.

La aplicación de la constitución civil del clero (julio de 1791) provoca muchos actos de resistencia entre la población, que recurre cada vez más a la violencia física. En Poitou surgen libelos que achacan a los protestantes y a los judíos esta ley. En enero de 1791 en la comuna de Saint-Christophe-du-Ligneron (al sur de Nantes), la intervención de las fuerzas de orden para atajar un incidente debido a este conflicto provoca las primeras muertes de Vandea, aunque el conflicto aún no degenera.[25]

mapa de los sacerdotes que prestaron juramento a la Constitución civil del clero en Francia en 1791

En este contexto, la Asamblea legislativa dicta, en noviembre de 1791 y el 27 de mayo de 1792, decretos represivos contra el clero refractario, a los que se prohíbe el culto. El segundo prevé la deportación fuera de territorio francés de cualquier sacerdote refractario con una simple solicitud de 20 ciudadanos. La víspera del 10 de agosto de 1792, cuando la Asamblea suprime las últimas congregaciones existentes, muchos de ellos van a la cárcel o se ven obligados a esconderse para evitar su deportación al penal de Guayana, los sacerdotes que no juran son defendidos por mujeres que participan en misas clandestinas. A pesar de estas medidas, el nuevo clero constitucional no llega a imponerse en muchas partes de la región. Los juramentados representan, según Michel Vovelle, entre el 0 y el 35% de los sacerdotes en Loire-Atlantique (lo mismo en el conjunto de Bretaña) y en Vandea, frente a un 35 a 55% en Maine-et-Loire y de 75 a 100% en Deux-Sèvres, en 1791. En conjunto, más del 65% del clero se niega a prestar juramento en el Oeste (frente a un 48% a nivel nacional).[26]

Una prueba de que la vinculación al Antiguo Régimen y a la monarquía no es el factor desencadenante de las primeras revueltas es que no se produce ninguna en el momento de la emigración de los nobles ni cuando Luis XVI es guillotinado en enero de 1793.

Las circunstancias que desencadenan la guerra

El descontento era latente. Desde febrero de 1793, la Charente-Maritime acoge un importante flujo de refugiados.[24]​ En junio de 1793, las ciudades de Burdeos, Marsella, Toulouse, Nîmes y Lyon, así como Normandía desarrollan revueltas federalistas y monárquicas.

La pequeña nobleza que se había quedado en el país lo único que hizo fue seguir la insurrección campesina, antes de tomar sus riendas y darle un matiz claramente realista y católico a partir de julio de 1793.[29]

El bando republicano está entonces dividido entre los girondinos y el bando de la Montaña, que se acusan mutuamente de favorecer la Contrarrevolución. Mientras los Bretones son derrotados por Canclaux en el extremo occidental, por Beysser entre Rennes y Nantes (la agitación no se reanudará hasta finales de 1793, con la chuanería), los disturbios reprimidos en Alsacia, al sur del Loira, los rebeldes consiguen no sólo desbordar a la Guardia Nacional, poco numerosa, y a apoderarse de varias ciudades, sino que derrotan a una columna de soldados profesionales el 19 de marzo.[30]

Para terminar, la insurrección vendeana no tiene una causa única, sino múltiples factores, todos ellos unidos a un descontento progresivo. No se trataba de nostalgia por el Antiguo Régimen, sino más bien de desconfianza hacia el Estado y de movimientos defensivos ante el ataque a la religión, apoyados por el clero y por la nobleza en el momento en el que alcanzó unas ciertas proporciones.

Guerras vendeanas y Chuanería

A pesar de que tienen puntos comunes, hay que diferenciar las guerras vendeanas de las acciones de la chuanería. En el primer caso, al sur del Loira, los rebeldes toman ventaja sobre las tropas republicanas y se organizan como " Ejército Católico y Real" dentro del territorio bajo su control; las diversas guerras de Vandea oponen a dos ejércitos. En el segundo caso, las tropas republicanas triunfan en primer lugar sobre los rebeldes. El rebrote del conflicto a finales de 1793, se hace en forma puntual de guerrilla en Bretaña, Maine y Normandía. Sin embargo los motivos de la revuelta son los mismos.[31]

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