Guerra de San Sardos

Eduardo II de Inglaterra.
Carlos IV de Francia.

La guerra de San Sardos fue un breve conflicto bélico entre Inglaterra y Francia librado en 1324. Antecedente directo de la guerra de los Cien Años, implicó una derrota clara para las fuerzas inglesas, e indirectamente condujo al derrocamiento de Eduardo II de Inglaterra.

Antecedentes

La autoridad de la monarquía francesa había ido creciendo durante el reinado de Felipe el Hermoso y sus hijos, expandiéndose y ganando poder a expensas de la nobleza y el papado. El Parlamento de París fue un engranaje importante en este proceso, permitiendo a la gente que apelara ante él para defenderse de cualquier abuso de autoridad de la nobleza, utilizándolo como tribunal de alzada contra las cortes de nivel inferior. De este modo, quien salía perdiendo en un proceso, apelaba ante el Parlamento y ponía sus bienes y propiedades bajo la protección directa del rey.

Este estado de cosas erosionó el poder más importante de la nobleza: conservar la jurisdicción temporal y legal sobre sus propias tierras.

El principal perjudicado por este cambio fue Eduardo II de Inglaterra, rey de Inglaterra y duque de Aquitania. Este último título le permitía gobernar Gascuña como duque vasallo de Carlos IV de Francia, y su ducado representaba el último resto del Imperio angevino.

La casa real francesa comprendía que el ducado podía convertirse en cabeza de puente para una invasión inglesa de Francia en toda regla (como en verdad ocurriría más tarde), y esta convicción llevaba a los monarcas franceses a intentar expulsar a los ingleses de su territorio.

Intentaron para ello enemistar a Eduardo con sus súbditos franceses, que, uno a uno, iban recurriendo al Parlamento de París y poniendo fracciones de tierra bajo el control directo del rey. En consecuencia, Eduardo asistió impotente a la fragmentación de su estado dentro de otro estado, que poco a poco se iba convirtiendo en una constelación de pequeñísimos trozos de tierra inconexos entre sí y pertenecientes a la corona francesa, a medida que los tribunales fallaban en su favor pero el Parlamento anulaba las sentencias y las revertía en favor del campesinado.

Eduardo no era hombre de aguardar serenamente a que su poderío en el continente se disolviera: pronto se convirtió en un ferviente predicador de la acción directa.

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