Guerra de Melilla

Guerra de Melilla
Melilla 1909.jpg
Imágenes de la Plaza fuerte de Melilla en 1909
Fecha Julio - diciembre de 1909
Lugar Guelaya ( Rif oriental, Marruecos)
Casus belli Rebelión de los rifeños contra las concesiones mineras a compañías extranjeras
Resultado Victoria pírrica española
Consecuencias Ocupación española del territorio de Guelaya que rodea Melilla
Beligerantes
Flag of Spain (1785-1873 and 1875-1931).svg España Cabilas del Rif
Comandantes
Grl. Marina
Grl. Pintos  
Jerife Mohamed Amezian El Chadly
Fuerzas en combate
40.000 1.500
Bajas
2.235 (358 muertos) Desconocidas
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Se llama Guerra de Melilla al conflicto que enfrentó a tropas españolas con las cabilas rifeñas en los alrededores de la ciudad de Melilla entre julio y diciembre de 1909. Su hecho más destacado fue el desastre del Barranco del Lobo. Las protestas contra el envío de tropas desde la península, especialmente de reservistas, desembocaron en Barcelona y en buena parte de Cataluña en la Semana Trágica.

Antecedentes

El Rif, región montañosa del norte de Marruecos se consideraba «zona de influencia española» por el tratado firmado con Francia el 5 de octubre de 1904. Francia, por su parte, había firmado el mismo año la Entente Cordiale merced a la cual Gran Bretaña le daba vía libre a la penetración colonial en Marruecos, y había forzado la firma por parte del sultán Abd al-Aziz de varios tratados en función de los cuales el Estado jerifiano hacía dejación de varios de sus poderes en favor de la potencia extranjera, preludiando lo que años más tarde sería el régimen de protectorado.

El Rif, región de lengua y cultura bereber, pertenecía a la parte de Marruecos conocida como Bled es-Siba o País del Desgobierno, donde la autoridad política del sultán no había sido nunca efectiva. Los rifeños, por tanto, no se consideraban implicados por los acuerdos que pudiera haber alcanzado el Majzen (poder central) con las potencias europeas.

Desde 1903 una parte del Rif estaba bajo el control de Yilali Mohamed el-Yusfi ez-Zerhuni, apodado Bu Hamara (o Abu Himara, "el del asno"), el Rogui o el Pretendiente, que había participado activamente en la campaña contra la supresión del impuesto coránico decretado por el sultán Abd el-Aziz, y que fingió ser Muley Mohamed, el hijo mayor del anterior sultán Muley Hassan, quien tenía como misión librar a Marruecos de los cristianos a los que el sultán se había “vendido”. Así en 1902 Bu Hamara fue proclamado sultán en Taza, pero al ser expulsado de allí por la mehala (cuerpo de ejército regular) enviada por Abd el-Aziz se estableció en la alcazaba de Zeluán (cabila de Beni Bu Ifrur) desde donde consiguió imponer su autoridad sobre las cabilas de Guelaya en el Rif oriental.[1]

Cuando se descubrió que el territorio de la cabila de Beni Bu Ifrur albergaba riquezas mineras, Bu Hamara concedió en 1907[3]

Las concesiones hechas a los extranjeros para que explotaran las riquezas de la región fueron rechazadas por las cabilas y en octubre de 1908 iniciaron un alzamiento contra Bu Hamara, que estuvo acompañado con el hostigamiento contra los españoles que trabajaban en las minas. La revuelta triunfó finalmente y el 4 de diciembre Bu Hamara fue expulsado del poder. El trabajo en las minas y la construcción del tren minero quedaron entonces paralizados, por lo que las dos compañías concesionarias presionaron al gobierno español, presidido por el conservador Antonio Maura, para que desplegara las tropas de la guarnición de Melilla y pudiera reanudarse así la actividad. El gobierno español al principio esperó a que el sultán Muley Hafid, que había destronado a su medio hermano Abd el-Azid, impusiera su autoridad sobre el Rif y reconociera las concesiones mineras hechas por Bu Hamara, pero finalmente cedió a la presión ante la amenaza de la Compañía del Norte Africano de pedir la protección de las tropas francesas estacionadas en la vecina Argelia, lo que hubiera puesto en peligro las aspiraciones españolas a controlar su “zona de influencia” en el norte de Marruecos. Así el 7 de junio de 1909 se reanudaba la construcción del ferrocarril a pesar de no haber obtenido aún el consentimiento del sultán (con el que el gobierno español siguió negociando) y de no contar con el apoyo de la mayoría de las cabilas del Rif oriental, que amenazaron con responder. En los días siguientes se produjeron pequeños incidentes, durante los cuales soldados españoles apresaron a algunos insurgentes cabileños.[4]

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