Guerra de Decelia

Guerra de Decelia
Guerra del Peloponeso
Decelia.png
Mapa con la situación de Decelia
Fecha 413 a. C. - 404 a. C.
Lugar Región del Ática en Grecia continental, Jonia
Resultado Victoria espartana
Cambios territoriales Disolución de la Liga de Delos
Beligerantes
Liga de Delos comandada por Atenas Liga del Peloponeso comandada por Esparta
Comandantes
Trasíbulo,
Trasilo,
Alcibíades
Agis II,
Lisandro
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La guerra de Decelia o guerra decélica ( 413 a. C.- 404 a. C.), también conocida como guerra de Jonia o guerra jónica, representó la tercera y última parte de la guerra del Peloponeso. Tuvo lugar a continuación de la Expedición a Sicilia ( 415 a. C.-413 a. C.)

La historiografía griega le adjudicó el nombre de guerra de Decelia debido a la importancia estratégica que adquirió el fuerte del demo de Decelia, erigido años antes por los espartanos. Allí se estableció una guarnición permanente, que constituiría el punto de partida desde el cual los peloponesios ejercieron un hostigamiento constante sobre el resto del Ática a partir de la primavera de 413 a. C.

La denominación alternativa de guerra de Jonia o guerra jónica se debe a que el principal teatro de operaciones militares fue la región griega de Jonia (ubicada en la costa de Asia Menor). El control de la Grecia asiática, junto con la presión ejercida sobre el Ática, podía hacer bascular la victoria hacia el campo peloponesio.

El historiador ateniense Tucídides hace hincapié en los cuantiosos daños materiales que la ocupación de Decelia causaba a la economía del Ática, con respecto a las breves y periódicas invasiones durante la Guerra arquidámica.[1]

Esta fase de la guerra del Peloponeso, en la que juegan un papel activo los aliados de Atenas, marca la entrada en escena del Imperio persa: los atenienses no habían tenido ningún conflicto con los persas tras la guerra de Samos. Su intervención sería decisiva para la victoria espartana.

El relato de Tucídides es la fuente principal de lo ocurrido hasta el otoño de 411 a. C., fecha en la que se interrumpe su Libro VIII, el cual dejó sin acabar luego de narrar la batalla de Cinosema. El desarrollo del resto del conflicto fue escrito por Jenofonte, quien llevó a término el relato de la Guerra del Peloponeso en los Libros I y II de las Helénicas.

Antecedentes

Expedición a Sicilia

El recorrido de la flota ateniense a Sicilia.

La Expedición a Sicilia llevada a cabo por Atenas entre 415 a. C. y 413 a. C. había finalizado, dando como resultado una enorme pérdida de recursos monetarios, humanos y materiales para Atenas y la Confederación de Delos.

Ello provocó el declive de la talasocracia, y disminuyó la hegemonía de Atenas sobre el Mar Egeo y las polis minorasiáticas, conscientes del debilitamiento del poderío naval ateniense.

Así termina Tucídides su relato sobre esta expedición:

Los atenienses fueron derrotados en todos los campos, sufrieron sobremanera; fueron vencidos en toda regla: su flota, su ejército, todo fue aniquilado, y muy pocos hombres lograron regresar a sus hogares.[3]

Los cuatro estrategos que comandaron las fuerzas atenienses en Sicilia sufrieron diversa suerte: Alcibíades huyó, uniéndose a los espartanos cuando los trirremes oficiales del Estado ateniense fueron a apresarle, para enjuiciarle en Atenas.[6]

Atenas

Tras el desastre de la expedición siciliana, con el consecuente desplome moral ateniense, nació en la ciudad un sentimiento regeneracionista. En otoño de 413 a. C. se fundó una comisión de ancianos (próbulos, probouloi).[nota 1]​ su nombramiento precursó el movimiento antidemocrático de 411 a. C.

La armonía entre las clases económicas se había basado en el interés común por la supervivencia del Imperio: cleruquías y soldadas para los hoplitas y tetes; y para los ricos, terrenos en ultramar y exención de subvenir a pagar la flota (cf. trierarca). Pero al eliminarse estas ventajas económicas desapareció la solidaridad de clases.

El hecho de que la derrota de Sicilia tuviera lugar a fines de la buena estación de navegación fue una circunstancia favorable para poder reconstruir una flota. En verano de 412 a. C., mientras el dominio sobre la Grecia asiática se quebraba, se tomó por decreto la decisión de recurrir a la reserva de mil talentos del tesoro de la diosa Atenea que Pericles había creado en 431 a. C.[11]

Esparta

En otoño de 413 a. C., el optimismo reinaba en Esparta puesto que creían que la victoria de la Liga del Peloponeso en Sicilia les permitiría en breve derrotar definitivamente a los atenienses y conseguir la supremacía en toda Grecia.[12]

Ya antes del fin de la guerra de Sicilia, y aprovechando los consejos de Alcibíades, el rey Agis II (que ostentaba conjuntamente el poder en Esparta con Plistoanacte) había relanzado la guerra en la primavera de 413 a. C. con la invasión del Ática y la fortificación de Decelia.

La Liga del Peloponeso, sin embargo, seguía sin contar con una flota que estuviera en condiciones de competir con la ateniense. Por ello, los espartanos buscaron la ayuda del representante del Imperio aqueménida en Sardes, el sátrapa Tisafernes.

Imperio aqueménida

A pesar de contar con algunos datos de historiadores griegos como Ctesias, la información sobre el Imperio aqueménida antes y después de la Paz de Calias ( c. 449 a. C.) es fragmentaria. Es posible que la pasividad persa de esta etapa viniera motivada por un periodo de turbulencias internas, revueltas de sátrapas en la periferia e intrigas de corte, aunque estos sucesos no han sido confirmados.

Después de un largo y fructífero reinado de cuarenta años, murió en Persia Artajerjes I (425/424 a. C.) Le sucedieron por breve tiempo sus hijos Jerjes II y Sogdiano. En 424 a. C., se consolidó en el poder un tercer hijo, Darío II, que hasta entonces había ocupado el cargo de sátrapa de Hircania. Artajerjes y Darío II entablaron negociaciones con los atenienses firmando, en 424- 423 a. C., el tratado de amistad conocido como «Tratado de Epílico» - bautizado así por el nombre del diplomático ateniense - cuyo contenido se desconoce. Se ha especulado que el tratado constituyera una reafirmación de la Paz de Calias, mediante el cual Atenas cubría sus espaldas frente a futuros enfrentamientos con Esparta.[14]

En 415 a. C., Tisafernes se enfrentó a Pisutnes, sátrapa de Lidia rebelado contra Darío II. El sátrapa rebelde reclutó mercenarios griegos capitaneados por un oficial ateniense. Parece que este traicionó a Pisutnes entregándolo a Tisafernes. Como recompensa por sus servicios, Tisafernes fue nombrado sátrapa de Hircania.[15]

El apoyo ateniense a los rebeldes Pisutnes y Amorges,[16]​ sublevados contra Darío, suponía a su juicio una violación de la Paz de Calias, que había sido renovada en el mencionado Tratado de Epílico. Por tanto, cuando se conoció en Persia la catástrofe siciliana, el rey aqueménida Darío II exigió a las ciudades griegas de Asia Menor e islas adyacentes el tributo atrasado, lo que significaba que las seguía considerando parte del Imperio. Aunque las fuerzas militares persas no tuvieran peso fuera de Asia, el apoyo financiero a Esparta resultaba crucial para someter a Atenas definitivamente. Esparta no puso reparos en sacrificar estas polis griegas, pues desde el 412 a. C. recibía fuertes subvenciones del tesoro persa.

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