Guerra de África

Guerra de África
La batalla de Tetuán (1894).jpg
Batalla de Tetuán
Fecha 22 de octubre de 185926 de abril de 1860
Lugar Norte de Marruecos
Casus belli Ataque rifeño a la ciudad española de Ceuta
Resultado Victoria española
Consecuencias Tratado de Wad-Ras
Beligerantes
Bandera de España Reino de España Bandera de Marruecos Sultanato de Marruecos
Figuras políticas
Bandera de España Isabel II de España Bandera de Marruecos Mohámmed IV de Marruecos
Comandantes
Bandera de España Leopoldo O'Donnell
Bandera de España Segundo Díaz de Herrera
Bandera de España Juan Prim y Prats
Bandera de España Juan Zavala
Bandera de España Antonio Ros de Olano
Bandera de Marruecos Muley el-Abbás Bandera de Marruecos Muley Ahmed Abderramán
Fuerzas en combate
Ejército expedicionario
• 45.000 soldados[1]
• 3.000 caballos y mulos
• 78 piezas de artillería
Armada española
• 24 buques de guerra
• 11 buques de transporte
Ejército Real
• 140.000 efectivos

Unos 8.000-10.000 muertos en total.[2]
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La Guerra de África o Primera Guerra de Marruecos fue el conflicto bélico que enfrentó a España con el sultanato de Marruecos entre 1859 y 1860, durante el período de los Gobiernos de la Unión Liberal del reinado de Isabel II de España.

Antecedentes

Desde 1840, las ciudades españolas de Ceuta y Melilla sufrían constantes incursiones por parte de grupos marroquíes de la región del Rif. A ello se unía el acoso a las tropas destacadas en distintos puntos, sobre todo en 1844, 1845, 1848 y 1854. Las acciones eran inmediatamente contestadas por el ejército, pero al internarse en territorio marroquí los agresores ponían emboscadas. La situación se repetía de forma habitual.

En 1859 el gobierno de la Unión Liberal, presidido por su líder el general Leopoldo O'Donnell, Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de la Guerra, bajo el reinado de Isabel II, firmó un acuerdo diplomático con el sultán de Marruecos que afectaba a las plazas de soberanía española de Melilla, Alhucemas y Vélez de la Gomera, pero no a Ceuta. Entonces el gobierno español decidió realizar obras de fortificación en torno a esta última ciudad, lo que fue considerado por Marruecos como una provocación.[3]

Cuando en agosto de 1859 un grupo de rifeños atacó a un destacamento español que custodiaba las reparaciones en diversos fortines de Ceuta, Leopoldo O'Donnell, Presidente del Gobierno en aquel momento, exigió al sultán de Marruecos un castigo ejemplar para los agresores. Sin embargo, esto no sucedió.

Entonces el gobierno español decidió invadir el sultanato de Marruecos con el pretexto del «ultraje inferido al pabellón español por las hordas salvajes» cercanas a Ceuta. Los auténticos motivos de la expedición colonial, aunque se dijo que se trataba de «rehacerse en sus fértiles comarcas de nuestras pérdidas coloniales» fueron de orden interno. Por un lado, como señaló un observador de la época, acabar con las "intrigas cortesanas" que ponían en peligro al gobierno -«entonces O'Donnell inventó la guerra de África, guerra injusta porque los infelices moros daban todas cuantas satisfacciones pedíamos, incluso ahorcar a los pobres diablos que habían sido la causa del conflicto; pero era preciso distraer a la corte ultramontana con la guerra contra los infieles, que por su atraso y pobreza se los vencía con facilidad, y de este modo la gloria militar haría fuerte al gobierno y mataba las intrigas cortesanas»- y acabar con la amenaza de los pronunciamientos de ciertos jefes militares «buscando derivativos a las ambiciones militares» en forma de ascensos, condecoraciones y títulos nobiliarios, con grandeza de España incluida -el propio O'Donnel obtuvo el título de duque de Tetuán-.[3]

La reacción popular fue unánime y todos los grupos políticos, incluso la mayoría de los miembros del Partido Democrático, apoyaron sin fisuras la intervención. En Cataluña y el País Vasco se organizaron centros de reclutamiento de voluntarios para acudir al frente, donde se inscribieron muchos carlistas, sobre todo procedentes de Navarra, en un proceso de efervescencia patriótica como no se había dado desde la Guerra de la Independencia.

La ola de patriotismo que se extendió por todo el país, a veces rayando en el racismo antimarroquí, también fue fomentada por la Iglesia Católica cuando alentó a los soldados «a no volver sin dejar destruido el islamismo, arrasadas las mezquitas y clavada la cruz en todos los alcázares».[4]

O'Donnell, hombre de gran prestigio militar, y justo en el momento en el que estaba en plena expansión su política de ampliación de las bases de apoyo al gobierno de la Unión Liberal, consciente también que desde la prensa se reclamaba con insistencia una acción decidida del Ejecutivo, propuso al Congreso de los Diputados la declaración de guerra a Marruecos el 22 de octubre, tras recibir el beneplácito de los gobiernos francés e inglés, a pesar de las reticencias de este último por el control de la zona del estrecho de Gibraltar.

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