Guerra Civil Finlandesa

Guerra Civil Finlandesa
Jaakarit vaasan torilla.jpg
"Jägers" finlandeses en Vaasa, al regreso de Alemania.
Fecha 27 de enero15 de mayo de 1918
Lugar Finlandia
Resultado Bandera de Finlandia Victoria blanca.
Rusia se retira militarmente de Finlandia.[1]
Hegemonía alemana hasta diciembre de 1918.
Profunda brecha entre los fineses, que se cerraría paulatinamente.
Beligerantes
Flag of Finland 1918 (state).svg Guardia Blanca
Flag of Finland 1918 (state).svg Jägers finlandeses
Flag of the German Empire.svg Imperio alemán
Voluntarios suecos, estonios[2] y polacos
Red flag.svg Guardia Roja
Flag of the Russian SFSR (1918-1920).svg RSFSR
Comandantes
Flag of Finland 1918 (state).svg C.G.E. Mannerheim
Flag of Finland 1918 (state).svg Ernst Linder
Flag of Finland 1918 (state).svg Karl Fredrik Wilkama
Flag of Finland 1918 (state).svg Hjalmar Frisell
Flag of the German Empire.svg Rüdiger von der Goltz
Flag of the German Empire.svg Hugo Meurer
Red flag.svg Ali Aaltonen
Red flag.svg Eero Haapalainen
Red flag.svg Eino Rahja
Red flag.svg Kullervo Manner
Red flag.svg Adolf Taimi
Red flag.svg Evert Eloranta
Red flag.svg Kullervo Manner
Red flag.svg Verner Lehtimäki
Fuerzas en combate
80 000–90 000 fineses,[5] 80 000–90 000 fineses y 4000–10 000 soldados del antes Ejército Imperial Ruso[3]
Bajas
3414 finlandeses y 450-500 alemanes muertos en combate, 1400–1650 ejecutados, 46 desaparecidos y 4 muertos en los campos de concentración[6] 5199 finlandeses y 900-1000 rusos muertos en combate, 7000–10 000 finlandeses y 550-600 rusos ejecutados, 2000 desaparecidos y 11 000–13 500 muertos en campos de concentración[6]
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La Guerra Civil Finlandesa fue parte del caos social y nacionalista ocasionado en Europa en las postrimerías de la Primera Guerra Mundial. Tuvo lugar en Finlandia entre el 27 de enero y el 15 de mayo de 1918. De un lado se encontraban las fuerzas socialdemócratas, dirigidas por la delegación popular de Finlandia, comúnmente conocidos como «rojos» (punaiset). Del otro lado se encontraban las fuerzas del senado, controladas desde el otoño anterior por los conservadores —quienes pretendían mantener el statu quo; es decir, conservar la independencia y la monarquía constitucional sin parlamentarismo—, popularmente conocidos como «blancos» (valkoiset). Los rojos recibieron la ayuda de la Rusia bolchevique, mientras que los blancos fueron apoyados militarmente por el II Imperio alemán.

Los finlandeses tienen muchos nombres para este conflicto: vapaussota ('Guerra de la libertad'), kansalaissota o sisällissota ('Guerra civil'), luokkasota ('Guerra de clases'), punakapina ('Rebelión roja'), torpparikapina ('Rebelión de los minifundistas'), veljessota ('Guerra entre hermanos') e incluso vallankumous ('Revolución'). Los historiadores actuales señalan que todos estos nombres diferentes son igual de válidos, aunque difieren en sus cargas propagandísticas.

Las revoluciones de febrero y octubre de 1917 precipitaron la derrota y total colapso del Imperio ruso, cuya caída repercutió en la ruptura de la sociedad finesa. Los socialdemócratas y los conservadores compitieron por el liderazgo del Estado finés, que basculó de la izquierda a la derecha en 1917. Ambos grupos colaboraron con las fuerzas políticas correspondientes en Rusia, ahondando en la brecha nacional abierta.[7]

Puesto que Finlandia no disponía de ejército o policía definidos después de marzo de 1917, ambos bandos comenzaron a reclutar sus propios grupos de seguridad, lo que llevó al surgimiento de dos tropas independientes, la Guardia Blanca y la Guardia Roja. Entre los finlandeses se extendió una atmósfera de tensión política y miedo, hasta que en enero de 1918 la espiral de violencia condujo al estallido de la contienda.

Los blancos resultaron victoriosos en la consiguiente guerra, y pasaron desde la esfera de influencia rusa a la alemana. El senado conservador intentó establecer una monarquía finlandesa, con un rey alemán: el príncipe Federico Carlos de Hesse-Kassel, pero, tras la derrota alemana en la Gran Guerra, Finlandia emergió como una república democrática independiente.[8]

La guerra civil sigue siendo el evento más controvertido y emocional en la historia de la Finlandia moderna, y han existido disputas sobre el nombre que debía darse al conflicto.[10]

Antecedentes

Labradores en el campo. Muchos finlandeses se dedicaban a la agricultura y a la artesanía, y no ejercían apenas influencia política en la sociedad de clases existente, previa a la reforma parlamentaria de 1906.

El principal factor detrás de la guerra civil finlandesa fue la Primera Guerra Mundial. Tanto el Imperio alemán como el Imperio ruso tenían intereses políticos, económicos y militares en el país escandinavo, y el conflicto precipitó el colapso de Rusia, principalmente con las revoluciones de febrero y octubre de 1917. Esto condujo a un gran vacío de poder en el autónomo Gran Ducado de Finlandia, nacido en 1889 como resultado del paneslavismo ruso y sin fuerzas armadas desde el intento de rusificación de 1899, que intentó limitar la autonomía finesa desde San Petersburgo. Los finlandeses llaman a este hecho el primer periodo de opresión 1899-1905. Como resultado, por primera vez nacieron en Finlandia planes para la obtención de su soberanía nacional y consecuente separación de Rusia.[11]

Hasta el primer periodo de rusificación, el senado de Finlandia había seguido una política conservadora y leal hacia Rusia, asegurándose de mantener los intereses nacionales y la autonomía de la que disfrutaba dentro del marco territorial ruso. En comparación con otras partes del imperio, las relaciones ruso-finlandesas se habían mantenido excepcionalmente pacíficas y estables. Con la alteración de esta política, los fineses comenzaron a oponerse fuertemente al sistema imperial. Nacieron varios grupos políticos con ideas contradictorias, entre ellos el radical movimiento activista, que colaboró con la Alemania imperial durante la Primera Guerra Mundial.[12]

  • La radicalización de la derecha se produjo como respuesta a las tentativas rusas de hegemonía cultural y constitucional, lo que a largo plazo llevaría a colaborar abiertamente con la Alemania imperial, que había emergido como una gran potencia en la región báltica tras su unificación en 1871.
  • La radicalización de la izquierda vino motivada principalmente como reacción ante la precaria situación de un creciente grupo social de campesinos, los Torpparit, que no disponían de tierras propias para cultivar. Además, la Revolución industrial había empezado a dejar sentir sus efectos en el sur de Finlandia, abriendo aún más la brecha entre las clases humildes y las clases acomodadas.

La opresión rusa había actuado como enemigo común al que ambos sectores enfocaban su odio, pero con el desmoronamiento de ésta tras la caída del Imperio ruso, las diferencias entre clases desembocaron en un conflicto social abierto.

Las razones principales para la gradual tensión existente entre los finlandeses venían del gobierno autocrático y la nada democrática sociedad de clases basada en estamentos, existente en el Gran Ducado y originada bajo el régimen sueco del siglo XVII, la cual había dividido a la sociedad finesa en dos grupos diferenciados social, económica y políticamente.

La dirección finesa no sólo se oponía a la rusificación, sino que también buscaba el desarrollo de una política interna que abordara los problemas sociales y respondiera a la necesidad democrática del pueblo. La población finlandesa creció rápidamente en el siglo XIX, dando origen a una clase de trabajadores industriales y agrarios y de campesinos sin propiedades. La Revolución industrial y la libertad económica llegaron a Finlandia más tarde que a la Europa occidental, ( 1840- 1870), debido al gobierno de la familia Romanov. Esto implicaba que algunos de los problemas sociales asociados con la industrialización disminuyeran tras aprender del ejemplo de países como Inglaterra. Las condiciones sociales, el nivel de vida y la autoconfianza de los trabajadores mejoraron paulatinamente entre 1870 y 1914, al mismo tiempo que echaban raíces los conceptos políticos de socialismo, nacionalismo y liberalismo. Pero a medida que se incrementaba el nivel de vida entre la gente corriente, también lo hacía la brecha entre las clases más pobres y las más acomodadas.[13]

El movimiento obrero finlandés, que surgió a finales del siglo XIX desde el pueblo llano, la Iglesia Evangélica Luterana de Finlandia y la fenomanía,[15]

Revolución de febrero

Huelga general en Helsinki, 1917. Los trabajadores reclamaban comida y el traslado completo de poderes legislativos desde el gobierno ruso al Parlamento de Finlandia.

El más severo programa de rusificación, llamado el segundo periodo de opresión 1908-1917 por los fineses, quedó interrumpido el 15 de marzo de 1917 con la caída del zar Nicolás II. La razón inmediata para el colapso del Imperio ruso fue una revolución subyacente en la colisión entre las políticas del régimen, más conservadoras, en Europa, y la necesidad de modernización política y económica, a raíz de la industrialización. El poder del zar fue transferido a la Duma y al gobierno provisional, mayoritariamente de derechas por estas fechas.[16]

El estatus autónomo regresó en marzo de 1917 a Finlandia, y la revuelta en Rusia permitió al parlamento finlandés ejercer un poder político real por primera vez en su historia. La izquierda comprendía en su mayoría a socialdemócratas, cubriendo un amplio espectro desde socialistas revolucionarios a socialistas moderados. La derecha era más diversa incluso, comprendiendo desde liberales y conservadores moderados a elementos de extrema derecha. Los cuatro partidos principales eran los dos viejos grupos fenómanos, el conservador partido finlandés, el joven partido finlandés, que comprendía liberales y conservadores a partes iguales, la social reformista y centrista Liga Agraria, apoyada principalmente por agricultores con minifundios, y el Partido Popular Sueco, que buscaba defender los derechos de la minoría suecoparlante.

Los finlandeses se enfrentaban a una nociva combinación entre lucha por el poder y fracaso social en 1917. A comienzos del siglo XX, los fineses se mantenían en una encrucijada entre el viejo régimen de estamentos y la evolución hacia una sociedad nueva, moderna y democrática. La dirección y el objetivo de este periodo de cambio se convertirían en un problema fruto de intensas disputas políticas, que finalmente se desbordarían dando lugar a un conflicto armado debido a la debilidad del Estado finlandés. Los socialdemócratas pretendían mantener los derechos políticos conseguidos e incrementar su influencia sobre la población. Los conservadores temían perder su poder socioeconómico, que habían ostentado durante largo tiempo.[17]

El partido socialdemócrata logró la mayoría absoluta en el parlamento tras las elecciones generales de 1916.[19]

El rápido crecimiento económico estimulado por la Primera Guerra Mundial, que vio cómo los salarios de los obreros industriales aumentaban durante 1915 y 1916, se colapsó con la revolución de febrero, y el consiguiente descenso en la producción y economía originó desempleo e inflación. Por toda Finlandia se multiplicaron las huelgas a gran escala en la industria y la agricultura; los trabajadores pedían mayores salarios y jornadas laborales de ocho horas. La interrupción de las importaciones de cereal de Rusia produjo hambrunas en el país, como respuesta a las cuales el gobierno introdujo racionamientos y fijación de precios. En paralelo, nació un mercado negro donde los precios de los alimentos crecieron rápidamente, un problema acuciante para las familias de trabajadores desempleados. El suministro de alimentos, los precios y el miedo a la hambruna se convirtieron en problemas políticos entre los trabajadores urbanos y los agricultores. El pueblo vio cómo sus temores eran utilizados por los políticos y medios de comunicación, y se echó a las calles. A pesar de la hambruna, no existía inanición a gran escala en el sur de Finlandia antes de la guerra. Los factores económicos seguían siendo un factor clave en la crisis de 1917, pero secundario en la lucha por el poder.[20]

Batalla por el liderazgo

Militantes rusos de diversos grupos políticos se unieron al clima de inestabilidad en 1917.

El duelo de poderes entre socialdemócratas y conservadores culminó en julio de 1917, con la aprobación de las cuentas del Senado, que finalmente se convirtieron en un decreto, el cual incorporaba un plan socialdemócrata para incrementar sustancialmente el poder del parlamento, en el que gozaban de mayoría absoluta. También incrementaba la independencia finesa, restringiendo la influencia rusa sobre sus asuntos locales. El plan de los socialdemócratas tenía el respaldo de Vladímir Lenin y los bolcheviques rusos, quienes en julio de 1917 conspiraban contra el Gobierno provisional ruso. La Unión Agraria, activistas de derechas y otros no socialistas entusiastas de la soberanía finlandesa apoyaron el acto, pero tanto los conservadores finlandeses como el gobierno provisional ruso se opusieron a la medida, dado que reducía sus poderes. El evento fue frustrado en los « Días de Julio» y Lenin se vio obligado a huir a Finlandia. El gobierno provisional ruso rehusó aceptar el decreto finlandés y envió tropas a Finlandia, donde, con el apoyo de los conservadores, quedó disuelto el parlamento y se convocaron nuevas elecciones. En estas elecciones, celebradas en octubre, los socialdemócratas perdieron la mayoría absoluta, tras lo cual la labor del movimiento obrero cambió. Hasta entonces, peleaba por nuevos derechos y beneficios para sus miembros; a partir de entonces se veía obligado a defender aquellos que ya había conseguido.[21]

El colapso de Rusia en la revolución de febrero tuvo como resultado una pérdida de la autoridad institucional finesa y la disolución de la fuerza policial, lo que creó miedo e inseguridad. Como respuesta, grupos de derecha e izquierda comenzaron a formar cuerpos de seguridad independientes para su protección. Inicialmente, estos cuerpos tenían carácter local y en su gran mayoría iban desarmados, pero hacia otoño, en el vacío de poder que siguió a la disolución del parlamento y la ausencia de un gobierno o ejército estables, adquirieron un carácter paramilitar y nacional.[23]

Revolución de octubre

Guardias Rojos finlandeses. Los cuerpos de seguridad de los trabajadores adquirieron un marcado carácter paramilitar, que finalmente les llevó a organizarse al estilo de un ejército.

La revolución bolchevique del 7 de noviembre transfirió el poder político a los socialistas radicales y de extrema izquierda rusos. Un giro en la situación que aprovechó el Imperio alemán, exhausto tras combatir durante años en dos frentes. La política de los líderes germanos consistía en fomentar la crispación y el clima revolucionario en Rusia, forzando así a los rusos a buscar la paz. Con tal motivo, planearon el regreso de Lenin y sus camaradas desde el exilio en Suiza hasta Petrogrado en abril de 1917. Asimismo, financiaron al Partido Bolchevique, confiando en que Lenin era el arma más poderosa que podían lanzar contra Rusia.[24]

Tras la disolución del Parlamento finlandés, la polarización y el miedo mutuo entre socialdemócratas y conservadores creció drásticamente, una situación que se tornó aún peor cuando estos últimos, tras su victoria electoral en octubre de 1917, nombraron un gabinete completamente conservador. El 1 de noviembre, los socialdemócratas lanzaron un programa político llamado «Exigimos», que pretendía conseguir concesiones en la política interior. Planeaban solicitar la aceptación de la soberanía finesa de los bolcheviques en forma de manifiesto, el 10 de noviembre, pero la incierta situación de Petrogrado bloqueó el plan. Tras el fracaso del programa «Exigimos», los socialistas comenzaron una huelga general del 14 al 19 de noviembre. En este momento, Lenin y los bolcheviques, amenazados en Petrogrado, presionaron a los socialdemócratas para que se hicieran con el poder en Finlandia, pero la mayoría de éstos eran pacíficos y preferían una solución parlamentaria, lo que les valió el apelativo de «revolucionarios reacios» por parte de Lenin. El éxito de la huelga general llevó al Consejo Revolucionario de Trabajadores a votar mayoritariamente a favor de recuperar el poder. El comité ejecutivo supremo revolucionario, sin embargo, fue incapaz de reclutar más miembros que llevaran a cabo el plan y retrasó la revolución hasta las siete de la tarde de ese mismo día. El incidente, «la revolución más corta», dividió a los socialdemócratas en dos: una mayoría de parlamentaristas, moderados, y una minoría de revolucionarios. Las repercusiones se extendieron en el tiempo, poniendo en juego las posiciones en el partido de algunos de los líderes más prominentes.[25]

El Parlamento finlandés, influenciado por la huelga general, aprobó las propuestas socialdemócratas que exigían la jornada laboral de 8 horas y el sufragio universal a partir de las elecciones locales del 16 de noviembre de 1917. Durante la huelga, sin embargo, elementos radicales de los Guardias de Seguridad de los Trabajadores ejecutaron a varios oponentes políticos en las ciudades principales del sur de Finlandia, produciéndose los primeros choques armados entre Guardias Civiles y Guardias de los Trabajadores, con 34 bajas informadas. La guerra civil podría haberse producido perfectamente en ese punto si hubieran existido suficientes armas en el país para equipar a los dos bandos. En contraposición, se inició una carrera armamentística que representó la escalada final hacia la guerra.[26]

Soberanía de Finlandia

El reconocimiento de la independencia finlandesa por parte del gobierno bolchevique fue la primera expresión concreta de la exigencia de Lenin sobre el derecho de autodeterminación de las naciones.

La desintegración de Rusia ofreció a los finlandeses una oportunidad histórica para conseguir la independencia. Pero tras la Revolución de Octubre, las posiciones de conservadores y socialdemócratas sobre el asunto de la soberanía se habían invertido. La derecha anhelaba ahora la independencia, pues la soberanía les ayudaría en sus planes de controlar a la izquierda y minimizar así la influencia de la Rusia revolucionaria. Los socialdemócratas eran partidarios de la independencia hasta la primavera de 1917, pero esa postura ya no les otorgaba un beneficio político directo y les obligaba a someterse a la derecha mayoritaria del país. El nacionalismo se había convertido en una especie de «religión cívica» entre los finlandeses a finales del siglo XIX, y en 1917 la soberanía nacional seguía siendo una de las pocas cuestiones políticas sobre las que la mayoría de los finlandeses estaba de acuerdo.[27]

El senado, presidido por Pehr Evind Svinhufvud, propuso la declaración de independencia de Finlandia, que el parlamento aprobó el 6 de diciembre de 1917.[29]

El establecimiento de la soberanía no concluyó inmediatamente. Para una pequeña nación como Finlandia, el reconocimiento por Rusia y las principales potencias europeas era vital. Tres semanas después de la declaración de independencia, el gabinete de Svinhufvud concluyó que tendría que negociar con Lenin para el reconocimiento por parte de Rusia. En diciembre de 1917, los bolcheviques se hallaban bajo presión en las negociaciones de paz con Alemania, en el tratado de Brest-Litovsk. El bolchevismo ruso pasaba por una profunda crisis, con un ejército desmoralizado y el destino de la Revolución de Octubre en duda. Lenin calculó que los bolcheviques podían quizá controlar el núcleo de Rusia, pero debían ceder algunos territorios en su periferia, incluyendo Finlandia, en el poco importante cuadrante noroeste. Como resultado, Svinhufvud y su delegación senatorial lograron la concesión de soberanía por Rusia el 31 de diciembre de 1917.[30]

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