Guerra Civil Española en el País Vasco

Nido de ametralladoras del Cinturón de Hierro de Bilbao, en las peñas de Santa Marina (1937).

La Guerra Civil Española en el País Vasco se desarrolló desde el 18 de julio de 1936, cuando se produce el golpe de estado por una parte el ejército y apoyado por las fuerzas del espectro político de la derecha,[ cita requerida] que triunfó desde un principio en Vitoria y la mayoría de la provincia de Álava, hasta julio de 1937 en el que todo el territorio del País Vasco quedó bajo dominio de las tropas sublevadas franquistas.

Antecedentes

España se convirtió en 1931 en República (la primera población en proclamarla fue la de Éibar, en Guipúzcoa), y muy pronto Cataluña (otra región española en la que también ha existido un movimiento regionalista fuerte) obtuvo su autogobierno. Sin embargo, los vascos tuvieron que esperar hasta ya comenzada la Guerra Civil Española para obtener su primer Estatuto.

Tras el alzamiento en 1936 de parte del ejército apoyado por los partidos del espectro político de la derecha,[ cita requerida] se inicia la guerra civil y los territorios vascos y navarros quedaron divididos entre los dos bandos: Álava y Navarra permanecen adscritas a los insurgentes y Guipúzcoa y Vizcaya fieles a la legalidad republicana, por lo que hubo vascos en los dos bandos de la Guerra Civil, aunque la mayoría de la población (Vizcaya y Guipúzcoa eran las provincias con mayor población) permaneció leal a la República.

Los alzados esperaban que el PNV, por su talante conservador y cristiano, se uniera a ellos, cosa que no sucedió, aun cuando esta posibilidad fuese valorada hasta el último momento en el seno del partido. En Vizcaya y Guipúzcoa, el PNV se declara partidario de la República, mientras que en Navarra y Álava hay posturas encontradas, desde declaraciones de neutralidad en el conflicto, hasta adhesiones más o menos forzadas al alzamiento, como la atribuida a Arturo Campión en el Diario de Navarra tras la toma de San Sebastián por las columnas navarras[2]

En otoño de 1936, 15 sacerdotes vascos habían sido ejecutados por los nacionales por incitar a la rebelión.[2]

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