Guaitecas

Guaitecas
Comuna
Comuna de Guaitecas.svg
Comuna de Guaitecas en la Región de Aysén.
Coordenadas 43°53′00″S 73°44′00″O / -43.883333333333, 43°53′00″S 73°44′00″O / -73.733333333333
Entidad Comuna
 • País Chile
 • Región Flag of Aysen, Chile.svg  Aysén
 • Provincia Aysén
Alcalde Cristian Alvarado Oyarzo
Superficie  
 • Total 620.6 km²
Altitud  
 • Media 72 m s. n. m.
Población (2012)  
 • Total 1473 hab.
 • Densidad 2,48 hab/km²
Sitio web oficial
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Guaitecas es una comuna de Chile, en la Provincia de Aysén, a su vez perteneciente a la Región Aysén del General Carlos Ibáñez del Campo, en la Patagonia Occidental. Comprende el Archipiélago de las Guaitecas, ubicado en el extremo noroccidental de la región, al sur de la Isla Grande de Chiloé. Limita al norte con la comuna de Quellón, (Provincia de Chiloé, Región de los Lagos), al oeste con el Océano Pacífico, al sur y este con la Comuna de Cisnes.

La capital comunal es Melinka, caleta ubicada en la costa oriental del archipiélago, sobre la Isla Ascensión. Otro poblado es el caserío de Repollal.

La comuna tiene una superficie territorial total de 620,6 km2, en donde se encuentra el archipiélago de las Guaitecas, que incluye a más de 40 islas de una altura máxima promedio de 500 mts [1] , entre ellas se encuentran las islas Gran Guaitecas, Ascensión, Clotilde, Betecoi, Leucayec, Mulchey, Sánchez e isla Elvira, entre otras. Éstas se encuentran separadas del continente por el Canal de Moraleda en su parte sur- este y el Golfo de Corcovado lo separa del archipiélago de Chiloé en la parte septentrional.

Con respecto a los suelos, estos son delgados, saturados de humedad y con altos contenidos de materia orgánica, los PH que presentan los suelos en su mayoría son fuertes y extremadamente ácidos, aumentando en profundidad. En partes donde los suelos son delgados y saturados de agua, se ven limitados para el desarrollo de la actividad agropecuaria [2] .

Las irregularidades del territorio condicionan el acceso a la comuna, siendo las rutas navieras y aéreas las únicas opciones para llegar al archipiélago. Hasta el momento, el servicio naviero se encuentra subsidiado y tiene una frecuencia de 3 veces por semana, siempre y cuando las condiciones climáticas sean adecuadas.

Es una de las comunas con menor esperanza de vida en Chile, alcanzando 61,78 años. (El promedio chileno es de aproximadamente 79 años.

Primeros habitantes

Los primeros registros escritos para la zona que comprende la comuna de las Guaitecas dan cuenta de poblaciones indígenas nómadas habitando las islas al sur de Chiloé, estos utilizaban hábilmente sus canoas o dalcas y basaban su modo de vida en la explotación de recursos costeros y marinos. Componían familias extensas y existía una división del trabajo basada en género, donde las mujeres recolectaban marisco y los hombre se encargaba del fuego y la caza de lobos marinos y aves[3] . Identificados a través de fuentes históricas como Chonos, no se tiene claridad si dicho concepto agrupa a uno o varios grupos indígenas, tampoco existe claridad sobre su origen, lengua o creencias. Lo cierto es que desaparecen por la combinación de factores causados en el contacto con colonos españoles y chilenos, entre ellos la maloca, encomienda, reducciones, evangelización y aculturación. Sobre su modo de vida, visto desde el punto de vista de un historiador Jesuita, ha sobrevivido el siguiente registro:

"Divídense los Chonos en varias parcialidades, esparcidas por todas las islas, sin tener morada fija, pues se mudan de una a otra isla, llevando a cuestas su menaje, tal cual, y mudando consigo toda su familia, para gozar de la oportunidad de recoger marisco, que es el motivo de andar vagos, y todo su sustento, sin tener otras sementeras, o labores" (Lozano 1755 en: Ocampo et al. s/f)[4] .

La limitada documentación respecto a las poblaciones de canoeros que habitaban Guaitecas y sus alrededores, se debe en parte a que no existió ocupación permanente de este territorio durante la época colonial. No fue hasta 1567 que se establece la ciudad de Castro y aunque los territorios pertenecían jurídicamente a la provincia, ésta no se hacía efectiva sobre los archipiélagos y estuarios de su frontera sur. Ya sea porque no habían las riquezas típicas que movilizaron a los españoles como oro, plata u otros metales valiosos, o porque el clima y las condiciones geografías generales desalentaban cualquier empredimiento, el colono español nunca se estableció permanentemente en la zona. En cambio, las relaciones entre frontera estuvieron definidas a través de expediciones de reconocimiento iniciadas en el siglo XVII e intensificadas durante el XVIII y viajes misionales realizados por Jesuitas, los cuales mantuvieron presencia en la región hasta su expulsión en 1767[3] .

De esta forma el archipiélago de las Guaitecas se convierte en un espacio fronterizo entre el mundo español y los grupos de canoeros nómades. En el hubo numerosas hostilidades, con incursiones violentas entre ambos lados, pero también importantes intercambios culturales. Se tiene registro de Chonos viviendo en Chiloé, aprendiendo español y mapudungun huilliche, incorporando tecnologías occidentales a su modo de vida nómade, comercializando aceite de ballena y adoctrinándose en la fe cristiana. Los chilotes y la administración española por otro lado, utilizaban a los indios Chonos y su conocimientos sobre las islas y fiordos del Aysén para preparar exploraciones e informarse de los aconteceres que sucedían dentro de su jurisdicción, pero donde no tenían presencia[5] .

Para 1710 un grupo de 166 Chonos se presentaron voluntariamente en el fuerte San Miguel de Calbuco para solicitando instalarse definitivamente al alero de los colonos españoles, aquello representó posiblemente la emigración más grande del pueblo Chono y debió tener un impacto enorme en la demografía de las Guaitecas. El Capitan del Fuerte, Alejandro Garzon dejó el siguiente registro:

“Avisáronme de la centinela de Llaicha que venían 8 piraguas las cuales eran de indios Chonos que con las familias llegaron al fuerte Calbuco donde los recibí con toda la gente en armas, y mostrando muy finos en quedarse haciéndose bautizar el gobernador de ellos Chequepillan, y yo fui el padrino, como también de casamiento. Después de haber llegado  vine con ellos a este puerto de Chacao para que los viese el General”. (Garzón, 1701 en: Urbina, 1988)[5]

A este grupo de familias y las que sé que fueron sumando en los años posteriores,  aproximadamente 600 personas, se les reubicó en el Seno de Reloncaví en Isla Huar. Ahí, bajo la administración de dos frailes jesuitas, se crea en 1717 la "Misión de Chonos", siendo el propósito de la misma la sedentarización y evangelización de los indígenas. Por parte de los indígenas, es probable que buscaran mayor seguridad al alero de los frailes, debido a los constantes abusos que sufridos desde el contacto con el español en sus territorios de origen. Sin embargo ninguna de las expectativas logró cumplirse, el modo de vida nómade era incompatible con el modelo de “reducción” propuesto por la misión jesuita y por otro lado, la isla Guar estaba en el tránsito de los "alerceros" chilotes que continuaron los abusos contra el pueblo Chono. Así, ya en un corto periodo de tiempo sólo 4 familias chonas habitaban la isla y el resto se había desperdigado en el territorio próximo. Disgregándose en grupos familiares por las costas de Chiloé, el pueblo Chono ya no volvería a tener la cohesión suficiente que le permitiera actualizar y mantener su cultura y sus rasgos distintivos se irán disolviendo con otras culturas indígenas y mestizas propias de este nuevo territorio. Al respecto Rodolfo Urbina menciona:

"Se puede afirmar que, durante todo el siglo XVIII, los Chonos avecindados en Chiloé se mostraron reacios a abandonar sus costumbre nomádicas. No sucedió lo mismo con las demás formas de su cultura. A pesar de los agravios sufridos en Guar se quedaron en Chiloé, porque les resultaba atractivo y ventajoso. Pero su condiciones de minoría étnico-cultural inserta en el seno de otra mayor y más vigorosa, y el hecho de que hacia 1720 ya no constituían un grupo compacto como cuando llegaron, se les fue haciendo perder la cohesión hasta verse asimilados por la cultura chilota". (Urbina, 1988)

De esta forma la ocupación del Archipiélago de las Guaitecas cambia radicalmente, la comunidad chona está desintegrada y es posible que para fines del siglo XVIII solo unas pocas familias indígenas habiten sus territorios, dificultándose cada vez más el mantenimiento de su tradición cultural y su modo de vida canoero. Por parte de los Chilotes, las islas Guaitecas se constituirán con el tiempo en un espacio definido por su función como campamento, sus islas son un refugio para las expediciones que cruzan el Golfo del Corcovado y en la medida que la nueva nación chilena crece y se expande, un espacio rico en recursos naturales, en especial el Ciprés de las Guaitecas.

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