Gremialismo

Jaime Guzmán, ideólogo del gremialismo.

El gremialismo designa una corriente de pensamiento social, político y económico, inspirada en la doctrina social de la Iglesia, que sostiene que todo recto ordenamiento social debe basarse en que las sociedades intermedias entre las personas y el estado, libremente generadas y conducidas por sus integrantes, cumplan los fines propios y específicos de cada una de ellas (y no otros).[1]

En Chile, el gremialismo fue el sustento doctrinario del movimiento liberal-conservador, nacido la segunda mitad de la década de 1960, que lideró la oposición a la reforma universitaria impulsada por grupos de izquierda y centro. Su principal ideólogo fue el abogado Jaime Guzmán Errázuriz.

En algunos países iberoamericanos, la expresión gremialismo también se emplea como sinónimo de sindicalismo.

Doctrina y principios

El fundamento doctrinario del gremialismo se apoya en cuatro principios fundamentales:

  1. Reconoce al ser humano, poseedor de una dignidad inviolable y de un destino trascendente. Tanto su ser, como su fin son superiores al de cualquier sociedad de orden temporal. El hombre es capaz de agruparse para poder realizarse como persona. El estado, en consecuencia, debe estar al servicio de la persona humana y no al revés.
  2. Toda institución humana tiene una finalidad propia y específica. Cada agrupación humana puede determinarse objetivamente, sin necesidad de recurrir a ideología política alguna.
  3. Toda sociedad por definición, es apta para alcanzar por sí misma esa finalidad propia y objetiva: "autonomías sociales". Encaminarse libremente al propio fin específico.
  4. Tanto las ideologías como los partidos políticos han de situar su acción a nivel de la conducción del Estado.

Diferencias con el corporativismo

El movimiento gremial es la materialización del quiebre de Guzmán con la doctrina de su formador, el padre Osvaldo Lira. Por otro lado es perfectamente posible que haya existido gremialistas que no hayan tenido un actuar doctrinariamente responsable y consecuente.

En el libro "El gremialismo y su Postura Universitaria",[2] el cual es utilizado para formar a las nuevas generaciones de gremialistas, se señala que el gremialismo se diferencia del corporativismo por tres razones:

  1. Radicar en las entidades regionales y gremiales la tarea de legislar o gobernar (el gremialismo se opone a esto mientras que es lo que sostiene el corporativismo), conduciría por el contrario a que ésta fuera permanente compadrazgo entre intereses particulares, donde los más poderosos pactarían siempre en desmedro de los más débiles.[3]
  2. Si el gremialismo busca la despolitización de las agrupaciones regionales y gremiales, mal podría aceptar un sistema que - como el corporativismo - incentivara su politización, porque es evidente que al ser transformadas dichas entidades intermedias en fuentes de generación de las autoridades políticas, resultaría explicable y hasta justo que sus integrantes procuraran orientar todo su funcionamiento y decisiones conforme a la doctrina política de cada cual.[3]
  3. El corporativismo tiene siempre implícita la supresión de los movimientos o partidos políticos como únicas agrupaciones válidas para intervenir en la generación de las autoridades políticas.[3]

Para el gremialismo, los partidos políticos deben plantear sus ideas en torno a la conducción del estado, pero no intervenir contra la autonomía de los cuerpos intermedios. Si bien jamás ha buscado la desaparición de los partidos políticos. Que Guzmán haya fundado un partido político es evidencia de ello. Sí cree, en cambio, en la necesidad de limitar su campo de acción e intervención, lo cual le ha valido la crítica de tener una visión restringida de lo que implica la política.

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