Gregorio Marañón

Gregorio Marañón
Gregorio Marañón - retrato.png
Gregorio Marañón

Diputado en Cortes
por Zamora
1931-1933

Información personal
Nombre nativo Gregorio Marañón Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacimiento 19 de mayo de 1887 o 17 de mayo de 1887 Ver y modificar los datos en Wikidata
Madrid, España Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento 27 de marzo de 1960 (72 años)
Madrid, España Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Española
Familia
Cónyuge Dolores Moya y Gastón de Iriarte
Hijos Gregorio Marañón Moya
Información profesional
Área Endocrinología
Ensayo histórico
Empleador
Miembro de
Distinciones
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Gregorio Marañón y Posadillo ( Madrid, 19 de mayo de 1887ibídem, 27 de marzo de 1960) fue un médico endocrino, científico, historiador, escritor y pensador español, cuyas obras en los ámbitos científico e histórico tuvieron una gran relevancia internacional. Durante un largo período dirigió la cátedra de endocrinología en el Hospital Central de Madrid. Fue académico de número de cinco de las ocho Reales Academias de España ( de la lengua, de la Historia, de las Bellas Artes, Nacional de Medicina y de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales).

Biografía

Era hijo de Manuel Marañón y Gómez-Acebo y Carmen Posadillo Bernacci.[1] Nació en Madrid el 19 de mayo de 1887, ciudad donde falleció el 27 de marzo de 1960. Casado con Dolores Moya en 1911, tuvieron tres hijas y un hijo (Carmen, Belén, María Isabel y Gregorio, marqués de Marañón).

Hombre austero, humanista y liberal, está considerado como uno de los más brillantes intelectuales españoles del siglo XX.[3]

Posiblemente después de alejarse de Madrid —en torno a enero de 1937— y ante la requisitoria de su opinión sobre la España republicana, Marañón expresó en una reunión de intelectuales franceses lo siguiente:

No hay que esforzarse mucho, amigos míos; escuchen ustedes este argumento: el ochenta y ocho por ciento del profesorado de Madrid, Valencia y Barcelona [las tres universidades que, junto a la de Murcia, habían quedado en manos de los republicanos] ha tenido que huir al extranjero, abandonar España, escapar a quien más pueda. ¿Y saben ustedes por qué? Sencillamente porque temían ser asesinados por los rojos, a pesar de que muchos de los intelectuales amenazados eran tenidos por hombres de izquierda.[4]

En el artículo titulado Liberalismo y comunismo, publicado en Revue de Paris el 15 de diciembre de 1937, manifestó con claridad su cambio de posición respecto de la Segunda República:

[...] En la historia hay una cosa absolutamente prohibida: el juzgar lo que hubiera sucedido de no haber sucedido lo que sucedió. Mas lo que no admite duda es que las profecías de las derechas extremas o monárquicas que se oponían a la República se realizaron por completo: desorden continuo, huelgas inmotivadas, quema de conventos, persecución religiosa, exclusión del poder de los liberales que habían patrocinado el movimiento y que no se prestaban a la política de clases; negativa a admitir en la normalidad a las gentes de derecha que de buena fe acataron el régimen, aunque, como es natural, no se sintieran inflamadas de republicanismo extremista. El liberal oyó estas profecías con desprecio suicida. Sería hoy faltar inútilmente a la verdad el ocultarlo. Varios siglos de éxito en la gobernación de los pueblos —algunos aún no extinguidos, como los de las democracias inglesa y norteamericana—, habían dado al liberal una excesiva, a veces petulante, confianza en su superioridad. La casi totalidad de las estatuas que en las calles de Europa y de América enseñan a las gentes el culto de los grandes hombres, tienen escrito en su zócalo el nombre de un liberal. Cualquiera que sea el porvenir político de España, no cabe duda que en esta fase de su historia fue el reaccionario y no el liberal, acostumbrado a vencer, el que acertó.[5]

Gregorio Marañón

Desde diciembre de 1936 hasta otoño de 1942, Marañón vivió fuera de España, en un exilio de hecho. De vueltas a España, si bien la dictadura -- como hizo con otros intelectuales -- utilizó su figura para mejorar su imagen exterior. En general, el franquismo respetó su figura. Según Miguel Artola, en 1987, la mayor aportación política de Marañón fue sin duda haber levantado la bandera de la libertad, en una época en que pocos o ninguno podían hacerlo, entendiendo por liberalismo lo contrario a una adcripción política determinada. A este respecto, él mismo diría: Ser liberal es, precisamente, estas dos cosas: primero, estar dispuesto a entenderse con el que piensa de otro modo; y segundo, no admitir jamás que el fin justifica los medios, sino que al contrario, son los medios los que justifican el fin. El liberalismo es, pues, una conducta y, por lo tanto, es mucho más que una política. (Prólogo de su libro Ensayos liberales,1946)

Tras la revuelta estudiantil de 1956, encabezó, junto a Menéndez Pidal, los primeros manifiestos que denunciaban desde el interior la situación política y solicitaban el regreso de los exiliados.[6]

El doctor Gregorio Marañón en un rincón de su biblioteca. De la revista Caras y Caretas, 17 de enero de 1931.

Su contribución a la Medicina se centró pronto en la Endocrinología, de la que fue uno de sus precursores.

Escribió el primer tratado de Medicina Interna en España, junto con el Dr. Hernando, y su libro Manual de diagnóstico etiológico (1946) fue uno de los libros de medicina más difundido en todo el mundo por su novedoso enfoque en el estudio de las enfermedades y por sus infinitas e inéditas aportaciones clínicas.

Además de su dedicación intensa a la medicina, escribió sobre casi todo: historia, arte, viajes, la cocina, el vestido, el peinado, el calzado, etc. Pero si bien la aportación de Marañón es imborrable en el plano de la ciencia, lo que hace eterna, universal y aún más singular su obra, es el descubrimiento y la descripción del plano ético, moral, religioso, cultural, histórico... en definitiva “humano”, que la acompaña.

En sus obras analizó, con un género literario singular e inédito: «ensayo biológico», las grandes pasiones humanas a través de personajes históricos, y sus características psíquicas y fisiopatológicas: la timidez en su libro Amiel, el resentimiento en Tiberio, el poder en El Conde Duque de Olivares, la intriga y la traición política en Antonio Pérez -uno de los hacedores de la leyenda negra española-, el «donjuanismo» en Don Juan, etc.

Fue admitido y colaboró en cinco de las ocho Reales Academias españolas.

La huella de Marañón es, en palabras de Ramón Menéndez Pidal, «imborrable» tanto en el plano de la ciencia como en quienes lo trataron.[9] donde en 1911 fue adscrito a su petición al servicio de enfermedades infecciosas. Junto con éste, el mayor hospital de Madrid, hoy también llevan su nombre numerosas vías públicas e instituciones educativas de toda España.

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