Gran Teatro del Liceo

Gran Teatro del Liceo
41°22′49″N 2°10′25″E / 41.380277777778, 41°22′49″N 2°10′25″E / 2.1736111111111
Liceu.jpg
Fachada del Liceo, en La Rambla.
Tipo Ópera
Ubicación Barcelona
Bandera de España  España
Dirección La Rambla 51-59. 08002 Barcelona
Arquitecto Miquel Garriga i Roca, 1847; Josep Oriol Mestres, 1862; Ignasi de Solà-Morales, 1999
Construcción 3-1847, 8-1999
Apertura 4-4-1847; 20-4-1862: 7-10-1999
Características
Estilo arquitectónico eclecticismo
Capacidad actual 2.292 localidades sentadas [aforos históricos: 1847, 3.500 sentadas + 1.000 (o más) de pie (cuando Barcelona tenía 60.000 habitantes); 1862, 3.400 sentadas (se suprimieron las butacas del anfiteatro de 2º piso, delante de los palcos); 1952, 3.000 localidades, todas sentadas (con motivo del Festival de Bayreuth se suprimieron las entradas de a pie de las filas traseras de 4º y 5º piso). Tras las últimas reformas, se han suprimido las entradas de palcode águila») que permitían completar a precio reducido, los sitios de los palcos con más asientos que entradas, o ver la ópera de pie en los pasillos de puertas de la sala, especialmente en la trasera de platea, así como los palcos de los pisos 2º y 3º]. personas
Administración
Administrador Fundación del Gran Teatre del Liceu
Sitio web oficial
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El Gran Teatro del Liceo de Barcelona, conocido como «El Liceo» (El Liceu en catalán), es el teatro en activo más antiguo y prestigioso de Barcelona, especialmente como teatro de ópera, entre los que es considerado uno de los más importantes del mundo.

Situado en La Rambla de Barcelona, ha sido escenario, desde 1847, de las más prestigiosas obras, interpretadas por los mejores cantantes del mundo. Durante casi dos siglos, ha sido símbolo y lugar de encuentro del poder, la nobleza y burguesía catalanas, en los pisos inferiores, por un lado, mientas que los aficionados de las clases sociales menos adineradas compartían su pasión por la ópera en los pisos 4º y 5º, que hasta las últimas reformas tuvieron una entrada independiente por la calle de San Pablo.

Las entradas sin butaca, que existieron hasta la última reconstrucción del teatro, permitían disfrutar a los apasionados de la ópera por unos precios muy reducidos al alcance de muchos barceloneses. Hoy las butacas laterales, sin visibilidad pero con TV, del 4º y 5º piso son de precios también muy reducidos.

Los orígenes de la ópera en Barcelona

El 9 de noviembre de 1705, el Archiduque Carlos de Austria entró en Barcelona por la Puerta de San Antonio. Carlos, vienés de nacimiento, decide convertir Barcelona en una corte europea. Celebró la primera función de ópera para su corte, con el estreno de la ópera de Antonio Caldara Il più bel nome en el salón del edificio de la Lonja. Durante los años siguientes se cantaron varias óperas italianas de Caldara, Carlo Pollarini, Francesco Gasparini, Andreas Fiore, etc. En el mismo escenario se estrenó la Dafne de Emmanuele d'Astorga. Tras la muerte de su hermano, el 19 de marzo de 1715 abandona Barcelona camino de Viena para coronarse Emperador, con las protestas de la población barcelonesa. Su corto reinado dejó prendido en Barcelona la chispa de la ópera.

El Marqués de Mina, Capitán General de Cataluña entre 1742 a 1746, se había aficionado a la ópera durante sus campañas militares en Italia. Tras pacificar la ciudad, su guarnición, formada por mercenarios extranjeros formados en Italia, tenía dificultades para la comprensión de las obras de teatro en catalán y en español, y empezaba a aburrirse peligrosamente. El Marqués de Mina decidió reproducir en Barcelona el boato de la corte madrileña, presidiendo funciones de ópera en el Teatro de la Santa Cruz de la Rambla de Santa Mónica, en la parte baja de La Rambla.

La naciente burguesía, ávida de prestigio social, encontró en la ópera un medio para mejorar su cultura y de codearse con la nobleza, sin necesidad de mendigar invitaciones a los salones privados. El público menestral también se aficionó a la ópera, y la coincidencia de los intereses de éste con los de la burguesía y la nobleza, hicieron que la ópera sobreviviese en Barcelona a lo largo de los años, y superase todo tipo de dificultades.

Otro Capitán General de Cataluña, el Conde de Ricla , entre 1767 y 1772, también fue un entusiasta promotor de la opera y el ballet. Sus relaciones con una bailarina, a la que también cortejaba Giacomo Casanova durante su estancia en Barcelona, supuso la destitución del Capitán General.

El Ayuntamiento de Barcelona, cuando fallaba el apoyo de Ejército, continuaba incluyendo las poco rentables funciones de ópera en la programación del teatro, por una cuestión de imagen frente a la población, que adoraba la ópera italiana.

El 27 de agosto de 1787, un incendio destruyó el teatro de la Santa Cruz. En Barcelona no solo asistían a la ópera los nobles, burgueses y menestrales sino, incluso, sacerdotes, pues los barceloneses se habían apasionado por la ópera y nadie faltaba a las representaciones.

Giaccomo Casanova en sus memorias hace mención a que en Barcelona todo el mundo va a la ópera y hasta los mendigos en la calle comentan con pasión las funciones. El escritor, ensayista y viajero inglés Arthur Young también lo menciona con extrañeza cuando escribe sobre su estancia en Barcelona en julio de 1787. En el resto de Europa no era común que, incluso, las gentes de las clases más bajas de la población fuesen grandes aficionados a la ópera.

Para recaudar fodos destinados a la reconstrucción del teatro, se efectuó una suscripción pública. La suscripción tuvo un éxito limitado entre la población por lo que, una vez más fue el Ejército quien completó la suma necesaria, siendo Capitán General de Cataluña, el Conde del Asalto.

El siguiente problema vino cuando Carlos IV, a finales de 1799 prohibió en toda España la representación de obras teatrales que no fuesen en español, para favorecer a los actores españoles frente a las compañías de teatro francesa e italianas que copaban los teatros españoles. En Barcelona, dicha prohibición se sintió como una grave afrenta a la ópera italiana que era la pasión ciudadana.

El 3 de agosto de 1801, tras numerosas gestiones y presiones diversas, se logró que esa prohibición no se aplicase en Barcelona, teniendo el privelegio único en España, a partir de entonces, de seguir representando las óperas en italiano. La concesión del privilegia a la ciudad de Barcelona se celebró con un concierto improvisado en las puertas del teatro. Con la concesión quedó resguardada la paz ciudadana.

El Ejército Francés, tras la invasión napoleónica, también promovió las funciones de ópera, pero la ópera en francés no tuvo mucho éxito entre la población, por lo que sólo asistía la guarnición ocupante y algún afrancesado.

El Capitán General de Cataluña entre 1815 y 1820 fue el General Francisco Javier Castaños que se había educado en Barcelona, donde había disfrutado largamente de la ópera. Tras el fin de la Guerra de la Independencia, el General Castaños proyectó el regreso de la ópera a Barcelona a lo grande, encargando al compositor catalán Ramón Carnicer i Batlle que fuese a Italia y reuniera una compañía con la que reanudar las funciones en el Teatro de la Santa Cruz.

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