Gramática del latín

Prisciano, o el Gramático, panel de mármol que data del 1437-1439 desde el campanario de Florencia, Italia, por Luca della Robbia. La escena es una alegoría del gramático.

La gramática de la lengua latina (en latín: Grammatica linguae latinae), al igual que la de otras lenguas indoeuropeas antiguas, es muy flexiva en el sentido estructural y orgánico, lo que significa que permite una gran flexibilidad para la elección del orden de palabras. Por ejemplo, femina togam texuit, "la mujer tejió una toga," que es el orden preferido de palabras, se podría expresar igualmente como texuit togam femina o togam texuit femina. En cada palabra, las terminaciones -a, -a-m y -u-it —y no la posición que ocupan en la frase, como sucede en cambio en la mayoría de las lenguas modernas, romances o no— expresan la función gramatical de la misma. Sin embargo, generalmente el orden de las palabras se atiene al paradigma Sujeto Objeto Verbo, aunque las variaciones de este modelo son muy frecuentes, especialmente en la poesía, así como en la prosa para expresar matices sintácticos y estilísticos sutiles.[1]

Fonología y alfabeto latino

El alfabeto latino clásico está compuesto por veintitrés letras. Primitivamente solo había veintiuna, pero en los siglos I-II a. C. se introdujeron dos nuevas letras: la Y (y) y la Z (z), para la transcripción de las palabras griegas que contenían la vocal ípsilon y la consonante dseta, respectivamente. Otros intentos de introducir nuevas letras, como el del emperador Claudio en la primera mitad del siglo I d. C., no prosperaron debido a su naturaleza exclusivamente erudita. A partir del Renacimiento, los editores de los textos latinos comenzaron a emplear las grafías J (j) y la V (v) como signos convencionales para poder distinguir los alófonos consonánticos [j, w] de I y V de los correspondientes alófonos vocálicos [i, u].

A B C D E F G H I/(J) K L M N O P Q R S T (U)/V X Y Z
a b c d e f g h i/(j) k l m n o p q r s t u/(v) x y z

Fonemas vocálicos

En el latín clásico hay diez fonemas vocálicos, los cuales se distinguían por la cantidad vocálica: cinco de ellos son vocales breves /a, e, i, o, u/, y los otros cinco, vocales largas /ā, ē, ī, ō, ū/, si bien la escritura latina casi nunca distinguía gráficamente las vocales breves de las vocales largas. Así todas las vocales se representaban sólo mediante los cinco signos que para este fin poseía el alfabeto de las colonias griegas de Italia: A (a), E (e), I (i), O (o), U (u) (los signos del griego para las vocales largas η y ω sencillamente no fueron usados para representar vocales). Ocasionalmente, durante el Imperio, algunos textos marcaron algunas de las vocales largas con á, é, í, ó, ú.

La evidencia de la cantidad de las vocales es por tanto indirecta, y procede en gran medida de dos fuentes:

  • La poesía latina (donde la cantidad vocálica era fundamental, ya que esa poesía se basaba en patrones regulares de sílabas largas y breves para dar ritmo a la frase); y
  • La evidencia de otras lenguas, fundamentalmente las románicas, donde las vocales largas y breves dejaron diferente rastro en las sílabas tónicas. También las transcripciones de palabras latinas en griego podían mostrar ocasionalmente la cantidad de las vocales latinas.

Prosodia

Cantidad vocálica

La cantidad es un rasgo fonológico que distingue las vocales, diptongos y sílabas en muchas lenguas indoeuropeas. La cantidad de las vocales es un rasgo suprasegmental que influye en la duración de la pronunciación de las mismas. El latín sólo distinguía dos tipos de cantidad o duración: las vocales de mayor duración se denominan largas, y las de menor duración se denominan breves. Modernamente la cantidad de una vocal se marca explícitamente mediante los siguientes signos:

  • Las vocales breves se indican con el signo ˘ colocado sobre la vocal correspondiente.
  • Las vocales largas se indican con el signo ¯ colocado sobre la vocal correspondiente.

En este artículo, normalmente, sólo se indican las vocales largas, luego las vocales sobre las que no se indica el signo gráfico usualmente son breves. La cantidad es un fenómeno importante en la lengua latina, ya que distingue palabras de significados diferentes y también diferentes formas flexivas de una misma palabra. Por ejemplo:

(1) Distinción léxica: mālum, 'manzana' / malum, '(algo) malo'
(2) Distinción gramatical: cum reginā, 'con la reina' / cum regina..., 'cuando la reina...'

Cantidad silábica

El fenómeno de la cantidad silábica está automáticamente relacionado con la presencia de vocales largas y la presencia de coda en la sílaba. La posición donde recae el acento prosódico está determinada por la cantidad vocálica de la penúltima sílaba. La doctrina tradicional establece las cuatro siguientes reglas para decidir si una sílaba es larga o breve y, por lo tanto, averiguar la posición del acento:

  • Son largas:
    • las sílabas que contienen, bien una vocal larga por naturaleza, bien un diptongo (los cuales son, en latín, "ae" y "oe", y en ocasiones "au"): ma, amās.
    • las sílabas cuya vocal está seguida, bien por dos (o más) consonantes, bien por una consonante doble (x, z): est, gaza (que se pronuncia gad-sa).
  • Son breves:
    • las sílabas que contienen una vocal breve por naturaleza (y no seguida de dos consonantes): anima, deus.
    • Las sílabas acabadas en vocal a la que siga otra vocal en hiato (vocalis ante vocalem corripitur, "vocal delante de vocal abrevia"): iūstitia, deārum.

Además, debe tenerse en cuenta que las combinaciones vocálicas "ae" (æ) y "oe" (œ), que son diptongos, siempre son largas (y, a veces, lo es también la combinación vocálica "au", que puede tratarse como diptongo o como hiato).

Modernamente se realiza un análisis fonológico que resulta más simple en términos de mora. De acuerdo con este análisis, las sílabas breves constan de una sola mora, y las sílabas largas, de dos moras, y el acento prosódico recae siempre adyacente en la penúltima mora antes de la última vocal. El hecho de que el acento pueda ser analizado en términos de moras y el hecho de que la poesía latina se basara más que en la rima en la cantidad vocálica, sugieren que la cantidad silábica tenía un reflejo fonético en el habla: presumiblemente, el latín se hablaba con un ritmo moraico (como sucede en japonés moderno) más que con un ritmo silábico (como sucede en italiano o español) o con un ritmo acentual (como sucede en inglés).

Acentuación

En latín no existe acento gráfico, pero sí acento fonológico de intensidad, siendo las palabras llanas o esdrújulas. Las reglas para la acentuación prosódica son las siguientes:

  • todas las palabras de dos sílabas son llanas o graves.
  • las palabras de tres o más sílabas serán:
    • llanas si la penúltima sílaba es larga.
    • esdrújulas si la penúltima sílaba es breve.

Más sencillamente, si clasificamos las sílabas latinas en pesadas (las acabadas en vocal larga o consonante) y ligeras (todas las demás) y consideramos que las sílabas pesadas tienen dos moras y las ligeras una sola mora, se puede comprobar que el acento recae sobre la penúltima mora antes de la última vocal.

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