Golpe de Estado del 28 de mayo de 1926

Revolución portuguesa de 1926
Desfile de tropas 28 de Maio 1926.jpg
General Gomes da Costa y sus tropas mientras marchan en Lisboa tras el triunfo de la revuelta, el 6 de junio de 1926.
Contexto del acontecimiento
Fecha28 de mayo de 1926
SitioBandera de Portugal Portugal
ImpulsoresAntónio de Oliveira Salazar, Manuel Gomes da Costa, José Mendes Cabeçadas, António Óscar de Fragoso Carmona, Óscar Carmona
MotivosInestabilidad, corrupción política, fracaso del sistema parlamentario multipartidista
Influencias ideológicas de los impulsoresAutoritarismo, militarismo, corporativismo de tercera posición, anticomunismo
Gobierno previo
GobernanteBernardino Machado
Forma de gobiernoRepública parlamentaria
Gobierno resultante
GobernanteManuel Gomes da Costa
Forma de gobiernoRepública bajo dictadura militar unipartidista

La Revolución portuguesa de 1926 fue el nombre dado al golpe de estado ocurrido en Portugal el 28 de mayo de 1926, protagonizado por un grupo de jefes militares, con el fin de derrocar al gobierno de la Primera República Portuguesa e instalar un nuevo régimen de carácter autoritario, llamado precisamente Ditadura Nacional, y precursor del Estado Novo impulsado por el dictador António de Oliveira Salazar en 1932.

La sublevación militar de mayo de 1926, no obstante, fue un evento que triunfó casi sin oposición en tanto la inestabilidad gubernamental y las feroces luchas entre partidos políticos habían debilitado gravemente el prestigio de la Primera República Portuguesa, al punto que gran parte de la administración pública del país se hallaba casi paralizada e inoperante debido a los repentinos cambios de gobierno motivados por intrigas políticas de la élite de dirigentes republicanos. Estos mismos líderes precisamente habían sido los inspiradores de la revuelta republicana de 1910 que había derrocado a la monarquía portuguesa.

Antecedentes

La situación política de la Primera República Portuguesa se había deteriorado rápidamente desde la muerte del general Sidónio Pais en 1918, que había gobernado el país de modo autoritario que le valió ser apodado el Presidente Rey. Los posteriores gobiernos portugueses resultaron sumamente inestables, además de fugaces debido a la presión de los partidos políticos principales: el Partido Republicano y el Partido Demócrata, que luchaban por el poder en una vorágine de elecciones parlamentarias, votos de censura, y designación (y caída) de nuevos gabinetes.

Una muestra de la situación era el hecho que entre los 16 años del derrocamiento del rey Manuel II (en 1910) y el golpe de estado de 1926, Portugal tuvo 8 presidentes de la República, 38 primeros ministros y 45 cambios completos del Consejo de Ministros, más una Junta constitucional y un Gobierno provisional. El propio Parlamento cambió de integrantes siete veces en esos dieciséis años.

Las tensiones políticas de la incipiente industrialización portuguesa dieron origen a partidos socialistas y comunistas, cuyas ideas pronto ganaron influencia en sindicatos y gremios de artesanos, motivando huelgas y manifestaciones que también aumentaban la sensación de desgobierno en el país. Ante la ausencia de grandes consensos nacionales, hasta los antiguos partidarios de la Casa de Braganza intentaron una sublevación en enero de 1919, la cual fue sofocada pero no acabó con el movimiento monárquico.