Golpe de Estado de julio de 1936 en la Armada española

Sublevación militar de julio de 1936 en la Armada Española
Golpe de Estado de julio de 1936
Destructor Almirante Valdes (AV).jpg
Destructor Almirante Valdés que fue el primer buque de la flota, junto con el Sánchez Bartcáiztegui, cuya dotación se amotinó para evitar que cayera en manos del bando sublevado
Fecha 18 - 20 de julio de 1936
Lugar Bandera de España España
Resultado Victoria parcial republicana, porque los sublevados pierden la flota pero controlan la base naval principal de Ferrol y la de Cádiz.
Consecuencias La mayor parte de la flota permanece en manos de la República, pero no así la base naval de Ferrol con los tres buques importantes que allí se encontraban
Beligerantes
Flag of Spain (1931 - 1939).svg República Española Bandera de España Fuerzas sublevadas[1]
Fuerzas en combate
Dotaciones de los barcos de la flota Oficiales del Cuerpo General de la Armada
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El Golpe de Estado de julio de 1936 en la Armada española trata de cómo la Armada española intentó sumarse al golpe de Estado de julio de 1936 y de cómo la mayoría de las dotaciones se amotinaron frente a sus oficiales, casi todos ellos favorables al "alzamiento", impidiendo así que la Marina de Guerra de la República Española pasara a manos del bando sublevado, aunque éste sí consiguió apoderarse de la principal base naval, la de Ferrol, y la de Cádiz, lo que le permitió contar con los barcos que allí se encontraban, una pequeña flota compuesta por el acorazado España, el crucero Almirante Cervera y el destructor Velasco a la que en los meses siguientes se sumaron los dos modernos cruceros que estaban siendo construidos en los astilleros ferrolanos, el crucero Canarias y el Crucero Baleares. Este fue el inicio de la Guerra Civil Española en el mar.

La conspiración

La conspiración en la Armada no estaba tan desarrollada como en el Ejército, pero a diferencia de éste en el Cuerpo General no existía la división entre partidarios y contrarios a la República, sino que la práctica totalidad de los jefes y oficiales eran hostiles (o como mínimo indiferentes) al régimen republicano, como ya lo habían demostrado en algunas ocasiones.[2]

Los primeros contactos entre los conspiradores del Ejército con oficiales del Cuerpo General de la Armada española tuvieron lugar en marzo de 1936. Participaron los hermanos Francisco Moreno Fernández, capitán de navío con destino de capitán de quilla de los cruceros en construcción en Ferrol Canarias y Baleares, y Salvador Moreno Fernández, capitán de fragata en situación de disponibilidad forzosa, a los que conspiradores del Ejército les pidieron que la marina de guerra permaneciese neutral cuando se produjera el golpe y permitiese el paso de convoyes de tropas desde el Protectorado español de Marruecos a la península. Cuando el general Mola se hizo cargo de la dirección de la conspiración en abril recabó la colaboración de la Armada "en los puntos en que esto sea conveniente" que concretó en unas Instrucciones para las fuerzas de la Armada de 20 de junio. En estas se especificaba que la misión de la Armada sería el dominio de las bases navales de Ferrol y Cádiz, la vigilancia de la costa norte, especialmente Asturias (incluido el bombardeo de la cuenca minera), y la colaboración en la sublevación de Marruecos. Los enlaces de Mola con la Armada eran de nuevo los hermanos Moreno, a los que se añadieron el jefe del Estado Mayor de la base de Ferrol, capitán de navío Manuel Vierna, el contraalmirante Ruiz Atauri, segundo jefe de la base de Cádiz, y el capitán de Corbeta Manuel Súnico, comandante del cañonero Dato, el buque de mayor potencia de las fuerzas navales del Protectorado de Marruecos, y que estaba en contacto con Yagúe. En la base de Cartagena, en cambio, los mandos eran fieles al gobierno y Mola sólo pudo contar con jefes de menor graduación (entre ellos el comandante del destructor Almirante Ferrándiz, el capitán de fragata Marcelino Galán Arrabal; el comandante del destructor Sánchez Barcáiztegui, el capitán de fragata Fernando Bastarreche; y el comandante del submarino C-2, el capitán de corbeta García de la Mata)[3]

Durante las maniobras que realizó la Armada en aguas de Canarias, el general Franco, entonces comandante militar del archipiélago, ofreció una recepción a los jefes y oficiales de los barcos, encabezados por Javier Salas Larrazábal jefe del Estado Mayor de la Armada, en la que pronunció un discurso en el que les dijo:[4]

La Patria está en peligro, y cuando eso sucede, el brazo armado de la Patria, el Ejército y la Marina, quedan obligados a salvarla, tanto de los enemigos exteriores como de los interiores; y dentro del Ejército y de la Marina son los jefes y los oficiales los encargados de que esa misión sagrada se cumpla

De esta reunión informaron al gobierno de Madrid miembros de los cuerpos de suboficiales de la flota y las autoridades civiles de Santa Cruz de Tenerife donde se celebró la recepción. El gobierno también había sido informado por suboficiales de que oficiales del Cuerpo General durante las escalas en Melilla y en Ceuta se habían entrevistado con los jefes de la Legión, coroneles Yagüe y Solans. Por esta misma vía también estaba informado de los planes para sublevar la base de Cádiz.[6]

Nada más conocerse el asesinato del líder de la derecha antirrepublicana José Calvo Sotelo en la mañana del lunes 13 de julio el ministro de Marina, José Giral, ordenó el cese de una serie de oficiales que estaban implicados en la conspiración (entre otros, el capitán de navío Manuel Vierna, jefe del Estado Mayor de la base de Ferrol, y el capitán de fragata Marcelino Galán, comandante del destructor Almirante Ferrándiz) y al día siguiente envió un mensaje a los jefes de las bases navales para que tomaran "precauciones evitando que extremistas de una u otra naturaleza puedan actuar con su propaganda cerca personal a sus órdenes". El miércoles día 15 de julio ordenó que se hicieran a la mar los destructores Almirante Ferrándiz (cuyo mando lo asumió el capitán de navío Miguel Fontenla ante la hostilidad del resto de oficiales), en dirección a Barcelona, Churruca, en dirección a Cádiz, y , en dirección a Almería, para apoyar el mantenimiento del orden en dichos lugares si se producían disturbios militares u obreros.[7]

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