Gobierno del Cerrito

Manuel Oribe.

Se denominó Gobierno del Cerrito a uno de los dos gobiernos que se consideraban legales en el Uruguay durante la Guerra Grande. Este gobierno, al igual que el Gobierno de la Defensa, duró 8 años y fue gobernado por uno de los dos partidos políticos que se disputaban el poder total en la República. En este caso eran los blancos, liderados por el caudillo Manuel Oribe. El Gobierno del Cerrito, durante los 8 años que estuvo en vigencia, desde 1843 hasta 1851, controló la casi totalidad del territorio uruguayo menos la capital, Montevideo. Su nombre tan particular se debe únicamente, a que siempre la sede principal de este gobierno estuvo instalada en lo que hoy en día se conoce como el Barrio del Cerrito de la Victoria, que se encontraba en el exterior de las impenetrables murallas montevideanas.[1]

Antecedentes

Fructuoso Rivera.

Luego de que Manuel Oribe derrotara al general unitario Juan Lavalle en sucesivas batallas, y que terminara la larga persecución que llevaba a cabo para obtener la muerte de Lavalle en la provincia de Jujuy, como se lo prometió a Rosas. Oribe, triunfante, regresó desde Jujuy y llegó al territorio de Entre Ríos; Rivera cruzó entonces el Río Uruguay y marchó a enfrentarlo en la batalla de Arroyo Grande. Cometió así uno de los más grandes errores de su vida. Rosas habría engañado al diplomático inglés Mandeville, que se las daba de amigo suyo, haciéndole creer que Oribe estaba prácticamente desvalido, sin caballos y con pocas armas. “Si el Pardejón supiera aprovecharse…” – habría dicho -. Mandeville, de inmediato, envió a un hombre de su confianza al Uruguay a dar la nueva a Rivera, que la creyó a pie juntillas y marchó en busca de su viejo enemigo, a quien creía sorprender. Jamás procedió Rivera con tanta celeridad ni con mayor aturdimiento.[1]

El 6 de diciembre de 1842 se trabó la batalla; ambos ejércitos contaban aproximadamente con 8.000 soldados. Las tropas de Oribe estaban compuestas por orientales al mando de su hermano Ignacio Oribe, entrerrianos comandados por Justo José de Urquiza y soldados del ejército de la Confederación Argentina. Las de Rivera, por orientales que comandaba el propio caudillo, correntinos, santafecinos y entrerrianos, comandados por Ferré y López. La victoria de Oribe fue aplastante, y Rivera huyó del campo de batalla abandonando su chaqueta, su espada y sus pistolas.

La Batalla de Arroyo Grande significó la apertura de una nueva etapa de la Guerra Grande. Rivera regresó a marchas forzadas a Montevideo, y Oribe lo siguió, invadiendo territorio oriental. El 16 de febrero de 1843 la vanguardia de sus tropas acampaban en el Cerrito y sitiaban Montevideo.

Oribe levantó la bandera uruguaya y comenzó de inmediato a preparar el asalto a la capital, que parecía inminente. Sin embargo nunca se produciría y el sitio estaba destinado a prolongarse durante más de ocho años. El sitio fue un capítulo crucial de la lucha entre Oribe y Rivera, iniciada con la sublevación de éste en 1836 y la “resignación” de la Presidencia del Uruguay por parte de Oribe, el 24 de octubre de 1838.

La flota de la Confederación Argentina, al mando de Guillermo Brown, bloqueó Montevideo en 1843. Ello hubiera provocado un rápido colapso de los defensores, pero Gran Bretaña forzó el levantamiento del cerco naval argumentando que no reconocía a “las jóvenes repúblicas del Plata” el ejercicio del bloqueo. Oribe unía en su persona dos calidades: la de presidencia del Uruguay, que justificaba inicialmente en la violenta interrupción de su mandato constitucional en 1838 y luego en la renovación que le facultaron las cámaras y la de comandante en jefe del Ejército oriental y de las tropas auxiliares de la Confederación Argentina.

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