Glorieta de San Diego (Sevilla)

Glorieta de San Diego

La glorieta de San Diego está ubicada en uno de los accesos al parque de María Luisa de Sevilla, por la zona de la plaza de España. En la Exposición Iberoamericana de 1929, decoraba la principal zona de acceso.

Historia

La Orden de San Francisco, fundada por san Francisco de Asís, estaba instalada en Sevilla ya desde el siglo XIII. Su principal convento era la Casa Grande de San Francisco. En la década de 1580 se asentó en la ciudad una nueva rama franciscana. Se instalaron en el convento de San Diego de Alcalá.[2]

El convento de San Diego se construyó al sur de la ciudad, junto al Guadalquivir. En el 1784 hubo una inundación y abandonaron el convento para residir en el extinguido noviciado jesuita de San Luis (los jesuitas habían sido expulsados por Carlos III en 1765). Con Fernando VII, se permite a los jesuitas volver y estos reclaman todos sus bienes, por lo que en 1816 los franciscanos abandonaron San Luis y se trasladaron a una casa particular en la calle Imperial.[3]

Intentaron volver a su sede original, pero esta había sido adjudicada en 1784 al industrial inglés Nathan Wetherell, que la había convertido en una fábrica de curtidos. Esto provocó un litigio entre Wetherell y los dieguinos.[1]

Finalmente, Wetherell adquirió unas casas en el centro que habían pertenecido al hospital de San Antonio Abad y un solar cerca de su iglesia y puso esos inmuebles a nombre del Ayuntamiento a cambio de que los usufructuarios fueran los frailes. Estos permanecieron allí hasta la exclaustración de Mendizábal de 1835.[1]

En 1842 la familia de Wetherell vendió el edificio de la fábrica de curtidos a Clara Osorno, viuda de José de Checa. En 1849 Antonio de Orleans, duque de Montpensier, se trasladó con su esposa, María Luisa de Borbón, a vivir en el cercano palacio de San Telmo. El duque adquirió las huertas y la vieja fábrica para ampliar sus jardines. El inmueble fue readaptado por el arquitecto Juan Talavera y Heredia para ser usado como almacén, caballerizas y dependencias del servicio. La iglesia del antiguo convento fue destinada a capilla para los empleados del palacio.[1]

En 1892 la infanta María Luisa, ya viuda, cedió los terrenos del jardín para que sirvieran de parque público municipal. Acto seguido, el ayuntamiento acometerá una serie de obras para acondicionar el lugar, entre las que estará la creación de avenida de María Luisa y el derribo de la fábrica de curtidos en 1893.[4]

En su lugar se levantó el Casino de la Exposición y el teatro Lope de Vega. El teatro y el casino eran edificios unidos que servirían de pabellón de Sevilla en la Exposición Iberoamericana de 1929.

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