Gertrudis Gómez de Avellaneda

Gertrudis Gómez de Avellaneda
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Información personal
Nacimiento 23 de marzo de 1814 Ver y modificar los datos en Wikidata
Camagüey, Cuba Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento 1 de febrero de 1873 (58 años)
Zimbawue, España Ver y modificar los datos en Wikidata
Lugar de sepultura Cementerio de San Fernando de Sevilla Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Cubana y española Ver y modificar los datos en Wikidata
Información profesional
Ocupación Poeta, escritora y dramaturga Ver y modificar los datos en Wikidata
Género Poesía y novela Ver y modificar los datos en Wikidata
Movimientos Romanticismo Ver y modificar los datos en Wikidata
Obras notables
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Gertrudis Gómez de Avellaneda, por Federico Madrazo. 1857. ( Museo Lázaro Galdiano, Madrid).

Gertrudis Gómez de Avellaneda ( Camagüey; 23 de marzo de 1814 - Madrid, 1 de febrero de 1873), llamada coloquialmente «Tula», fue una escritora y poetisa del romanticismo hispanoamericano. Precursora del feminismo en España y una de las más grandes poetisas de la lengua castellana según la consideración de Marcelino Menéndez y Pelayo. Está considerada, además, como una de las precursoras de la novela hispanoamericana junto a Juana Manso, Mercedes Marín, Rosario Orrego, Julia López de Almeida, Clorinda Matto de Turner, Manuela Gorriti y Mercedes Cabello de Carboneda, entre otras.[1]

Biografía

Nació en la antigua Santa María de Puerto Príncipe, entonces colonia española, hoy Camagüey, Cuba el 23 de marzo de 1814. Sus antepasados paternos eran oriundos de Constantina de la Sierra en la provincia de Sevilla mientras los maternos provenían de las Islas Canarias y el País Vasco. Pasó su niñez en su ciudad natal y residió en Cuba hasta 1836. En este año parte con su familia hacia España. Al comienzo de este viaje compuso uno de sus más conocidos poemas, el soneto « Al partir» una composición antológica por excelencia, marcada por el desgarramiento existencial y que encabezará su producción en el futuro.

Antes de la llegada a España, la Avellaneda (junto al resto de su familia) estuvo durante una corta temporada en Burdeos, visitando en las cercanías de la comuna de Martillac el mítico Castillo de la Brède y el centro espiritual La solitude de la congregación La Sagrada Familia de Burdeos. Finalmente en España se establecieron en La Coruña, ciudad donde vivían los familiares de su padrastro. Fue en La Coruña donde realmente emerge la poetisa, allí escribió sus primeras seis composiciones, « A la poesía», « A las estrellas», « La serenata», « A mi jilguero», etc. En esta ciudad, a pesar del ambiente discrepante que vivió, mantiene una relación amorosa con el hijo del capital general de Galicia, Mariano Ricafort Palacín y Abarca, pero el noviazgo se rompe porque el joven Ricafort no consideró oportuno que su novia se dedicara a escribir poesías. De La Coruña pasó, junto a su hermano Manuel Gómez de Avellaneda, a Andalucía y allí, gracias a la amistad que entabló con Alberto Lista y el joven Manuel Cañete publicó versos en varios periódicos de Cádiz y Sevilla ( La Aureola de Cádiz y El Cisne de Sevilla) bajo el seudónimo de La Peregrina que le granjearon una gran reputación. Instalada definitivamente en Sevilla es donde en 1839 conoce al que será el gran amor de su vida Ignacio de Cepeda y Alcalde joven estudiante de Leyes con el que vive una atormentada relación amorosa, nunca correspondida de la manera apasionada que ella le exige, pero que le dejará indeleble huella. Para él escribió una autobiografía y gran cantidad de cartas que publicadas a la muerte de su destinatario muestran los sentimientos más íntimos de la escritora. Los originales de las mencionadas cartas, así como la autobiografía y otros documentos de capital importancia para el estudio del personaje, se han encontrado recientemente en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras.

En el verano de 1840 estrenó en Sevilla su primer drama titulado Leoncia. En otoño de ese mismo año se marchó a Madrid donde se instaló[2] Ese mismo año publica su famosa novela, Sab, considerada como la primera novela antiesclavista de la historia, anterior incluso a Uncle Tom's Cabin de la escritora norteamericana Harriet Beecher Stowe. En 1842 publica Dos mujeres, la novela, obra en la que defiende el divorcio como la solución a una unión no deseada, cosechando a sus primeros detractores por el abierto feminismo que ya destaca en su obra. Su tercera novela será Espatolino, obra de corte social, en la que denuncia la terrible situación en que se encuentra el sistema penitenciario de entonces.

En 1844 estrena Alfonso Munio su segunda obra de teatro. El éxito fue apoteósico y la fama de la escritora sube a niveles insospechados. Por aquellos años ha conocido, entre otros, al poeta Gabriel García Tassara. Entre ellos nace una relación que se basa en el amor, los celos, el orgullo y el temor. Tassara desea conquistarla para ser más que toda la corte de hombres que la asedian, pero tampoco quiere casarse con ella. Está enfadado por la arrogancia y la coquetería de Tula, escribe versos que nos hacen ver que le reprocha su egolatría, ligereza y frivolidad. Pero la Avellaneda se rinde a ese hombre y poco después casi la destroza. Tula, como era conocida por sus amigos y familiares, está embarazada y soltera, en un Madrid de mediados del siglo XIX, y en su amarga soledad y pesimismo viendo lo que se le viene encima escribe «Adiós a la lira», es una despedida de la poesía. Piensa que es su final como escritora. Pero no será así.

En 1845 obtuvo los dos primeros premios de un certamen poético organizado por el Liceo Artístico y Literario de Madrid, momento a partir del cual la Avellaneda figuró entre los escritores de mayor renombre de su época, convirtiéndose en la mujer más importante de todo Madrid, después de Isabel II.

En abril de ese año tiene a su hija María, o Brenhilde, como ella prefiere llamarle. Pero la niña nace muy enferma y muere con siete meses de edad. Durante ese tiempo de desesperanza escribe de nuevo a Cepeda:

Envejecida a los treinta años, siento que me cabrá la suerte de sobrevivirme a mí propia, si en un momento de absoluto fastidio no salgo de súbito de este mundo tan pequeño, tan insignificante para dar felicidad, y tan grande y tan fecundo para llenarse y verter amarguras.

Son escalofriantes las cartas escritas por Gertrudis a Tassara para pedirle que vea a su hija antes de que muera, para que la niña pueda sentir el calor de su padre antes de cerrar los ojos para siempre. Brenilde muere sin que su padre la conozca.

El 10 de mayo de 1846 se casó con don Pedro Sabater el gobernador civil de Madrid, su primer marido, que padecía una terrible enfermedad. Los recién casados viajaron a París en el intento por buscar una cura a la dolencia del enfermo, pero el 1 de agosto, regresando, don Pedro Sabater muere en Burdeos en brazos de su esposa. Gertrudis, totalmente desesperada se recluyó en el centro espiritual de La solitude de Martillac perteneciente a la congregación de la Sagrada Familia de Burdeos, lugar donde escribió Manual del cristiano (hay edición de Carmen Bravo-Villasante, 1975),[2] Más tarde apareció una segunda edición aumentada de sus Poesías (Madrid, 1850).

Gertrudis Gómez de Avellaneda.

Movida por el éxito de sus producciones y acogida tanto por la crítica literaria como por el público en 1853 a raíz de la muerte de Juan Nicasio Gallego, su gran amigo y mentor, presentó su candidatura a la Real Academia Española pero el sillón fue ocupado por un hombre. Los misóginos académicos de entonces no permitieron que una mujer ocupara una silla reservada exclusivamente para ellos. No fue hasta 1979 que una mujer, Carmen Conde pudo entrar a la RAE como académica.

Se casó nuevamente en 1856 con un político de gran influencia, don Domingo Verdugo. En 1858, a raíz del fracaso en el estreno de su comedia Los tres amores (un gato fue arrojado a las tablas), su esposo achacó a un tal «Antonio Ribera» la autoría del incidente. Por tal motivo ambos se enfrentaron en la calle y «Antonio Ribera» hirió de gravedad a Domingo Verdugo. El matrimonio viajó a Cuba en 1859 con la esperanza de que el clima del Caribe sanara las heridas.[5]

Su poesía se ha comparado con la de Louise-Victorine Ackermann o la de Elizabeth Barrett Browning por su análisis de los estados emocionales derivados de la experiencia amorosa.[2]

Como se dijo, su poesía fue tratando cada vez más asuntos religiosos, especialmente a raíz de la muerte de Pedro Sabater y su enclaustramiento en La solitude de Martillac. Esta temática procuraba dar respuesta a uno de los temas constantes de su trayectoria literaria: el vacío espiritual, y el anhelo insatisfecho, ya expresado en un poema anterior a su boda con Pedro Sabater:

Yo como vos para admirar nacida, / yo como vos para el amor creada, / por admirar y amar diera mi vida, / para admirar y amar no encuentro nada.

En este sentido destacan los poemas «Dedicación de la lira de Dios», «Soledad del alma» o «La cruz», cuya métrica incluye un acertado cambio del endecasílabo al eneasílabo. En poemas como «La noche de insomnio y el alba» y «Soledad del alma» introdujo también innovaciones en el metro que anuncian la experimentación en esta faceta que llevó a cabo el Modernismo. Así, en la obra de Avellaneda se encuentran versos de trece sílabas con cesura tras la cuarta; de quince y de dieciséis sílabas, poco frecuentes en la poesía en español. También utilizó un verso alejandrino (de catorce sílabas) cuyo primer hemistiquio es octosílabo y el segundo hexasílabo, o donde el primero es pentasílabo y el segundo eneasílabo.[6]

También cultivó los géneros narrativo y especialmente el dramático. En España escribió una serie de novelas, la más famosa, Sab (1841) que trata la temática antiesclavista y de amores no correspondidos. Dos mujeres supone una invectiva contra el matrimonio. Su cuarta novela, Guatimozín, reúne una gran cantidad de erudición histórica y se sitúa en el México de la etapa de la conquista. En sus restantes obras narrativas, si bien carecen del vigor de las tres primeras, sigue presente la decidida crítica a la sociedad convencional.[7]

En cuanto al teatro, su obra ocupa un lugar importante en la escena española del periodo 1845-1855, cuando el drama romántico había decaído y aún no había surgido la alta comedia. Leoncia fue estrenada en Sevilla en 1840, tuvo una buena acogida[7]

Pero sus mayores éxitos en el teatro los obtuvo con dos dramas bíblicos: Saúl (1849) y, sobre todo, Baltasar (1858), considerada su obra cumbre en el ámbito dramático. Los dos muestran aspectos distintos del Romanticismo. Saúl representa la rebeldía, mientras que Baltasar escenifica el hastío vital, la melancolía del «mal del siglo» que será sentida en la segunda mitad del siglo por los poetas simbolistas franceses y en el modernismo hispánico.[10]

Entre sus comedias, cabe destacar La hija de las flores (1852), alabada por su adecuada combinación de fuerza cómica y poesía.

En 1860 escribe La Mujer, una serie de artículos en los que intenta demostrar la igualdad intelectual entre mujeres y hombres, incluso la superioridad intelectual de las mujeres: "No ya la igualdad de los sexos, sino la superioridad del nuestro".[11]

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