Gastronomía de Castilla y León

Castilla y León es la mayor de las comunidades autónomas españolas. Las nueve provincias que componen esta comunidad tienen gustos muy definidos, pero cada una conserva su propia personalidad.

Morcilla de Burgos servida en una ración.
Sopa de ajo acabada de preparar y lista para servir.

Las gastronomías castellana y leonesa destacan por los guisos y asados, los vinos de gran calidad, la variedad de sus dulces, los embutidos y los quesos. Incluso en determinadas zonas de estas dos regiones pueden encontrarse una importante producción de manzanas, turrones, etcétera.

Gastronomía de Castilla y de León

Cordero lechal asado, también conocido como lechazo asado. Uno de los denominadores comunes a todas las provincias castellanas y leonesas.

Esta comunidad tiene una gran riqueza histórica y artística pero no podemos olvidar su también importante riqueza gastronómica. En ella podemos destacar los ricos asados de cochinillos y corderos.  

La gastronomía de esta comunidad autónoma tiene su base en los cocidos y los asados, además de un gran surtido de dulces. Destacan los asados de cordero, y de cochinillo, la caldereta de cordero, la morcilla ( morcilla de León, Burgos, Palencia o Valladolid), las legumbres ( alubia de Saldaña, judías de El Barco de Ávila, judiones de La Granja, lentejas de la Armuña, garbanzos de Fuentesaúco, etcétera) y las humildes y excelentes sopas de ajo.

También destacan el cerdo y los embutidos, presentes en toda Castilla y León, pero que alcanzan su cumbre en Salamanca con el jamón de Guijuelo y en Segovia con el chorizo de Cantimpalos, etcétera o en León con la cecina de León (de vacuno, chivo u otras) o el botillo del Bierzo. El hornazo de Salamanca y Ávila. Los quesos son excelentes, como el leonés de Valdeón o el palentino del Cerrato. No deben olvidarse los distintos tipos de empanadas.

Tradicionalmente suele acompañarse todas las comidas con pan, por eso nunca se considerarán completas si falta este ingrediente. Compañeros ideales del pan son los sencillos estofados de legumbres y verduras, que antaño se comían casi a diario. Las sopa de ajo que tradicionalmente era una comida de campesinos a base de ajo, huevo y pan, aparece hoy en los menús de todos los restaurantes. Ingredientes fundamentales en las cocinas castellana y en la leonesa son la manteca de cerdo o el aceite de oliva, el ajo, la almendra, el azafrán, el chorizo, los cocidos, los garbanzos, el pimentón, los pimientos picantes o guindillas, y el queso.[1]

 Muy típico es el botillo del Bierzo que es una tripa gruesa en la que se embuten diversos tipos de carne de cerdo adobada: costilla de cerdo (ingrediente principal), rabo, lengua, espinazo; todo ello adobado con sal, pimentón, ajo y especias y posteriormente ahumado y secado.

No podemos olvidarnos de las hortalizas: la ya famosa Feria del Pimiento en Fresno de la Vega, así como los pimientos del Bierzo (rica comarca gastronómica)


No podía faltar una amplia selección de vinos: los tintos, rosados, claretes, blancos y espumosos son protagonistas indiscutibles en las buenas mesas leonesas y castellanas. No es de extrañar por tanto la cantidad y calidad de las distintas Denominaciones de Origen en esta comunidad, como la Toro, Cigales, Cebreros, Bierzo, Tierra de León, Arribes D.O. de Ribera del Duero, Rueda etcétera.

La Ribera del Duero es una de las mejores comarcas vinícolas del mundo, con el tan famoso Vega Sicilia, sin olvidarnos de los vinos del Bierzo.

Los postres de las regiones leonesa y castella ofrecen una variedad notable, mantecadas de Astorga o de Arcos de Jalón, la empiñonada de Aranda de Duero, las nueces con nata salmantinas, el rebojo zamorano, los suspiros de monja de Cuéllar, los pestiños castellanos, el arroz con leche, el flan de Castilla, hojuelas, marañuelas leonesas, membrillo de Castilla, natillas de Zamora, rosquillas, torrijas de pan, yemas de Santa Teresa y pastas de San Juan de la Cruz abulenses.[2]

Los postres y dulces, en ocasiones, son elaboraciones tradicionales  de antiguos monasterios y conventos, de los que con frecuencia reciben el nombre: lazos de San Guillermo, yemas de Santa Teresa, de Ávila, rosquillas de Santa Rosa, típicas del monasterio Nuestra Señora de la Piedad de Palencia, bizcochos de San Lorenzo, virutas de San José, rosquillas del Ángel de Zamora, amarguillos y un largo etc. (sólo con verlos se nos hace la boca agua) Las religiosas encargadas de su elaboración dedican tiempo y paciencia a dichos menesteres.