Gastronomía castellana

Para hablar de gastronomía castellana es necesario olvidar en ciertos casos la división administrativa y referirse únicamente a la geografía física, en la que Castilla cuenta con dos partes diferenciadas: al norte y al sur del Sistema Central.

La parte castellana de Castilla y León tuvo de antiguo los asados de cordero y de cochinillo, la morcilla de Burgos, los judiones de La Granja, las humildes y deliciosas sopas de ajo, los excelentes vinos de la Ribera del Duero, los blancos de Rueda, los claretes de Cigales y el vino de Cebreros.

Castilla-La Mancha presume del pisto, el morteruelo, el gazpacho manchego, que no es como el andaluz, más conocido, sino un guiso caliente de caza y verdura con tortas de pan ácimo; y también del queso manchego, que en realidad es queso castellano en general, pero elaborado aquí con especial finura. Entre los vinos destacan los de La Mancha (aunque suele creerse lo contrario, son blancos) y Valdepeñas (tintos).

En Madrid no todo es el cocido madrileño; también callos, huevos estrellados, asados en el norte y las famosas gallinejas y entresijos de las fiestas de la capital. Los vinos de Madrid de Navalcarnero, Aranjuez y Arganda, aunque olvidados durante muchos años, ya han recuperado con creces su prestigio.

En definitiva, se entiende como gastronomía de Castilla aquellas tradiciones culinarias propias de las regiones culturalmente castellanas, compuestas por las distintas comunidades autónomas de Castilla y León, Castilla-La Mancha y Madrid.

Tapas

La tapa es una pequeña degustación o aperitivo, como se le conoce en la cultura castellana. Que suele ser de pan sobre la que se pone un ingrediente o varios. O bien, un pequeño recipiente de un plato mayor. O un preparado específico que se suele tomar como acompañamiento de una bebida (alcohólica o no) en tabernas típicas castellanas.

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