Gaspar Yanga

Escultura de Yanga en localidad veracruzana del mismo nombre.

Gaspar Yanga (1579 - ?), a menudo simplemente Yanga o Nyanga fue un líder de la rebelión auxiliar en México durante el período temprano del régimen colonial español.

Quien fuera un supuesto miembro de la familia real de Gabón en aquel entonces, Gaspar Yanga vino a ser el jefe de una banda de esclavos por libertad en un poblado veracruzano, alrededor de 1609.

Escapándose a las montañas de difícil acceso, él y su gente construyeron la primera colonia libre de América la cual llamaron San Lorenzo de los Negros, aunque al principio solo contaba con un grupo pequeño. Vivió por más de 30 años fugitivo, parcialmente sobreviviendo de su caza, y capturando las caravanas que traían mercancías a Veracruz.

Sin embargo, en 1609 fue tomada la decisión por el gobierno colonial español para poner fin a la comunidad y la rebelión de los esclavos, quienes ganarían la batalla por su emancipación.[1]

Historia

El tráfico de esclavos africanos en el continente americano se debió al período de la Conquista y la Colonia entre 1519 y 1810. Estos eran traídos para trabajar en las plantaciones de azúcar, la mayoría venía de África, aunque otros venían de las islas del Pacífico. La Corona Española había declarado regulaciones para asegurarse de que vinieran más esclavos varones que mujeres. Los barcos eran divididos en proporciones de un tercio de mujeres y dos tercios de hombres; los sobrantes en especial las mujeres, por desgracia eran eliminados o vendidos a otros comerciantes para uso propio.[1]

El primer lugar autorizado por la Corona para la importación de esclavos fue el puerto de la Villa Rica de la Vera Cruz, tiempo después serían Tuxpan y Campeche en el Golfo de México. Aunque eran destinados a trabajar en las haciendas azucareras, también fueron usados para otros deberes en el área de Orizaba. Los españoles pronto se darían cuenta de que éstos tenían una resistencia natural al clima tropical, los cuales podían desempeñarse mejor que los de población indígena, quienes por la guerra y enfermedades iban extinguiéndose. Así la Corona autorizó la creación de compañías de importación de mano de obra a la Nueva España para suplir la demanda de necesidades en la península ibérica.[1]

El trato inhumano al que eran sometidos obligaba a los esclavos a protestar de varias maneras a este sistema: en forma de insurrecciones armadas, intentos de tomas de poder y fugas, las cuales eran penadas severamente por las leyes derivadas de la ética nicomáquea sobre el trato de esclavos y la prohibición de esclavizar 'cristianos' y de propiedad.[3]

Los esclavos que lograban escapar eran llamados cimarrones. Estos construían sus palenques para vivir, también llamados mocambos y quilombos en sus respectivas lenguas. El escapar era considerado un delito grave; entre los cargos estaban el de robo de propiedad, que bajo las leyes significaba que pertenecían a su amo. Esta actividad siguió por casi trescientos años hasta la declaración de libertad promulgada en 1810.[3]

Al cimarrón (de una cima) se le crearon imágenes míticas que contribuirían más tarde a los estereotipos raciales reflejados en las pinturas de la época. Estos estereotipos fueron que los cimarrones eran gente salvaje, feroces, indomables e indolentes, he ahí la analogía con el perro cimarrón, el cual se volvía montaraz y no domesticado.[1]

Lo poco que se sabe de Yanga es que fue apresado en la región de "Brang" o "Brong de Atabubu", también llamados "Bore" de la " Nación Brong" al parecer de la Guinea alguna vez perteneciente al Imperio de Ghana.[5]

Su descripción era la de un hombre alto, más de lo común, fuerte e inteligente, quien dominaba bien el español, quien pronto huiría de sus amos, y por treinta años encabezaría la rebelión, siendo caudillo de los cimarrones.[5]

El movimiento libertario consumado con Yanga empezaría en 1537, con la huida de los cimarrones. En 1546 el virrey Antonio de Mendoza ordenó ahorcar en la Plaza Mayor de la Ciudad de México a dos "negros fugitivos" llamados Juan Román y Juan Venegas. La cacería de afrodescendientes ya llevaba tiempo y con cualquier mínimo pretexto podían ser ejecutados. En esta cacería muchos de los cimarrones huyeron por el Istmo de Tehuantepec hasta lugares remotos del Perú.

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