Fusilamientos de José León Suárez

Carlos Livraga, sobreviviente de los fusilamientos de José León Suárez y uno de los que permitió la reconstrucción de los hechos, recibido en la Casa Rosada por el entonces presidente Néstor Kirchner, en 2007.

Los fusilamientos de José León Suárez se refieren a la masacre realizada de manera clandestina en Argentina contra doce civiles peronistas, excepto Livraga, el no era peronista de los cuales cinco murieron, ocurrida el 9 de junio de 1956, en los basurales de José León Suárez, en el partido de General San Martín, Gran Buenos Aires, Argentina.

Los fusilamientos clandestinos de León Suárez fueron un episodio represivo del levantamiento del General Juan José Valle contra la dictadura gobernante, dentro del movimiento más amplio de la Resistencia peronista, que dispuso el fusilamiento público del propio General Valle y diecisiete militares sublevados, así como el fusilamiento clandestino de dieciocho civiles, en las localidades bonaerenses de Lanús y José León Suárez.

Los fusilamientos clandestinos permanecieron desconocidos hasta que el periodista Rodolfo Walsh descubrió e investigó los que se habían producido en León Suárez, publicando su investigación en 1957 a través de un histórico relato novelado titulado Operación masacre. De las doce personas fusiladas en León Suárez, cinco murieron en el acto ( Carlos Lizaso, Nicolás Carranza, Francisco Garibotti, Vicente Rodríguez y Mario Brión) y siete sobrevivieron.

Debido a los fusilamientos con los que la Revolución Libertadora reprimió el levantamiento de Valle, se generalizó la denominación de la dictadura como Revolución Fusiladora.[1]

Contexto

La Revolución Libertadora

El septiembre de 1955 un golpe de estado derrocó al gobierno constitucional de Juan Domingo Perón imponiendo una dictadura cívico-militar que se autodenominó Revolución Libertadora. Dentro de la Revolución Libertadora un nuevo golpe de Estado depuso al primer dictador el general Eduardo Lonardi, imponiendo una dictadura aún más represiva de marcado tinte antiperonista encabezado por el general Pedro Eugenio Aramburu con el título de "presidente" y el almirante Isaac Rojas, con el título de "vicepresidente".

La dictadura de Aramburu llevó adelante una política sistemática de "desperonización", deteniendo o despidiendo de sus empleos a miles de ciudadanos acusados de simpatizar con el peronismo. Con la misma orientación, en el mundo de la cultura, los medios de comunicación, las universidades y el sistema educativo, se utilizaron listas negras para excluir a los ciudadanos peronistas.

El levantamiento de Valle

En la noche del 9 de junio de 1956 se inició un levantamiento peronista liderado por el General Juan José Valle, para derrocar a la dictadura militar. El levantamiento fue rápidamente derrotado, con escasos enfrentamientos armados, en los que murieron seis personas, los militares Blas Closs, Rafael Fernández y Bernardino Rodríguez del bando dictatorial; y los civiles Ramón Raúl Videla, Carlos Irigoyen y Rolando Zaneta, del bando peronista.[3]

Los dictadores Pedro Eugenio Aramburu e Isaac Rojas (Presidente y Vice del gobierno), sabían de la conjura pero habían decidido no abortarla con el fin de aprovechar el hecho para extremar la represión. El día anterior fueron apresados cientos de dirigentes gremiales para restar base social al movimiento. Aramburu dejó firmado el Decretos 10.362 imponiendo la ley marcial y dejó también redactados los Decretos 10.363/56, de pena de muerte, y el 10.364/56 que incluiría luego las personas seleccionadas para ser fusiladas.

Alertadas las fuerzas de seguridad, el levantamiento fue rápidamente contenido. Sólo unos pocos objetivos fueron tomados y esa misma noche la mayoría de los sublevados fueron detenidos. En Lanús seis detenidos serían inmediatamente fusilados entre las 2 y las 4 de la mañana.[4]​ Entre los detenidos de esa noche también se encontraban las doce personas que serían llevadas por las fuerzas de seguridad a León Suárez para asesinarlas a sangre fría.

Los coroneles Ricardo González y Agustín Digier, el capitán Néstor Bruno y el suboficial Andrés López, llegaron hasta la embajada de Haití Se les aloja en las habitaciones del anexo de la residencia del embajador .Al día siguiente el embajador haitiano Jean Francoise Brierre se traslada a la Cancillería a informar formalmente el otorgamiento de asilo a los refugiados en la embajada. En la madrugada del jueves 14 aparece por la sede diplomática otro perseguido en busca de amparo, el general Raúl Tanco. A poco de abandonar Brierre la residencia, dos vehículos se estacionan frente a esta, descendiendo de los mismos una veintena de hombres fuertemente armados, comandados por Domingo Quaranta, jefe del Servicio de Informaciones del Estado (SIDE), que penetra violentamente en la sede diplomática, sacando por la fuerza del anexo de la misma a los siete asilados. El grupo asaltante se posiciona frente a ellos preparando sus armas para fusilarlos allí mismo. Ante ello Therese Brierre, esposa del embajador sale de la residencia, Quaranta la aparta bruscamente mientras le espeta insultos racistas. Ante el escándalo un grupo de vecinos se acerca por lo que los prisioneros son llevados a un colectivo para fusilarlos lejos de la vista del público. Brierre que por vía telefónica denuncia inmediatamente el hecho a las agencias internacionales de noticias y se comunica con el ministerio de asuntos exteriores haitiano solicitando su intervención ante la violación al derecho internacional y el asalto de la sede diplomática.[5]

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