Fusilamiento

Ejecución de 56 civiles polacos en Bochnia durante la ocupación alemana de Polonia; 18 de diciembre de 1939.
Un pelotón de fusilamiento en la Primera Guerra Mundial.
Soldados del dictador cubano Fulgencio Batista ejecutando a un revolucionario en 1956 durante los inicios de la Revolución cubana.

El fusilamiento es la forma de aplicación de la pena capital en que al reo se le ejecuta mediante una descarga de disparos, por un pelotón de fusileros.

Es un medio de matar legalmente reconocido durante siglos, especialmente en los delitos que deben ser juzgados por la justicia militar. Es muy común por tanto en tiempos de guerra, como forma de ejecución sumaria.

Una de las particularidades del fusilamiento es que las ejecuciones pueden realizarse contra un grupo de personas, dando lugar a escenas como la de los fusilamientos del dos de mayo en Madrid.

En algunos casos, se suele cargar algunas de las armas con salvas. De éste modo, se crea un efecto de difusión de la responsabilidad entre los miembros del pelotón, que pueden pensar que el suyo no fue un disparo fatal. Si bien un tirador experto es capaz de saber cuándo un arma está cargada con salvas por el retroceso que experimenta, es habitual que psicológicamente se tiende a no prestar atención a dicho detalle para con posterioridad recordar el retroceso como de una salva.

La ejecución por fusilamiento ha de considerarse diferente a otros modos de ejecución por arma de fuego, como el disparo en la nuca. Sin embargo, el tiro de gracia suele darse en los fusilamientos, en especial si la descarga de fusil no ha sido inmediatamente fatal.

España

Tradicionalmente la ejecución por fusilamiento quedó reservada a los casos de jurisdicción castrense.

Durante la Reconquista (Hispanoamérica), fueron fusilados varios próceres de la independencia de los antiguos virreinatos de América entre ellos esta el fusilamiento de Camilo Torres Tenorio, Antonio Baraya, Antonio Villavicencio, José María Carbonell, Francisco José de Caldas, Policarpa Salavarrieta, Jose María Morelos, Mariano Matamoros, etc.

Guerra Civil Española

Tras el fracaso parcial del Golpe de Estado en España de julio de 1936 llevado a cabo por una parte del ejército contra el gobierno de la Segunda República Española, comenzó una cruenta guerra civil que concluiría el 1 de abril de 1939 estableciendo la dictadura del General Francisco Franco que duraría hasta su muerte en 1975. Fue tan cruenta la guerra que se desconoce la cifra estimada total de fusilados de ambos bandos de toda la geografía española.[1]

Dictadura de Francisco Franco

Después de la guerra civil, en 1945, durante el régimen del general Franco se transmitió a los Aliados que en España se habían interrumpido los fusilamientos por motivos de la Guerra Civil: el 9 de octubre se concedió por decreto un indulto para todos aquellos condenados por rebelión militar que aún no habían sido ejecutados. Dicha comunicación tenía como objeto informar a los Aliados que España había dejado de ser un país germanófilo tras la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, la pena de muerte siguió en vigor y era el propio dictador Franco quien escribía junto a su firma el tipo de ejecución que habría de aplicarse al condenado: fusilamiento o garrote vil -dependiendo de su condición y tipo de "delito"- así como la palabra prensa si dicha ejecución podía ser publicada.

En abril de 1963, pese a las decisiones tomadas en 1945, fue fusilado por rebelión militar Julián Grimau, siendo el último ajusticiado por causas relacionadas con la guerra civil. El 27 de septiembre de 1975 se ejecutan los últimos fusilamientos en España durante el gobierno de Franco, siendo fusilados tres miembros del FRAP y dos de ETA político-militar. La represión tras la Guerra Civil fue considerada "un cainismo total".[2]

"¡Al paredón!"

En la época de la guerra, y en los últimos años de la dictadura ( Tardofranquismo) era muy común la frase "¡al paredón!" para expresar la amenaza de muerte a quien se atribuyen ciertas culpas de ser ejecutado sumariamente. " Dar el paseo" o "llevar al paredón" a alguien significa fusilarlo.[5]

Indalecio Prieto definiría en 1961 en Cartas a un escultor estos fusilamientos como:[6]

Ejecuciones sin sumario que se prodigaron en las dos zonas de España y que nos deshonraron por igual a los españoles de uno y otro bando.

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