Fundamentalismo islámico

El seguimiento al pie de la letra del Corán es una característica del fundamentalismo clásico.

La expresión fundamentalismo islámico se utiliza en Occidente para describir distintas corrientes políticas o político religiosas ligadas al islam, a las que se designa también con otros términos como integrismo islámico o islamismo;[1] cuya rama más violenta se denomina yihadismo (que no necesariamente se vincula con el término Yihad) y que local o particularmente se asocia, en países occidentales, con movimientos como el talibán, en interpretaciones rigoristas como el salafismo, e incluso en regímenes políticos como la República islámica ( Irán o Sudán) o (de un modo a menudo menos recalcado dada su estrecha alianza con los Estados Unidos, aunque no menos obvio), la monarquía saudí y las del Golfo Pérsico. Se trata de movimientos con características distintas y a menudo opuestos, pero los términos con que se denomina en occidente a unos u otros tienden a confundirse y a intercambiarse, a lo que ayuda la visualización de elementos como la aplicación de la ley islámica (Sharia), la no distinción de los ámbitos civil y religioso o de clero y seglares, la imposición general de las prescripciones religiosas (prohibición de alcohol), el papel e incluso la vestimenta de la mujer ( hiyab, burka, mujeres en Irán, feminismo islámico), el tratamiento de los homosexuales, escándalos puntuales que afectan a la relación entre Islam y Occidente, como la condena a Salman Rushdie, el asesinato de Theo van Gogh, las revueltas por las caricaturas de Mahoma, los atentados que han tenido como objetivo ciudades occidentales ( 11-S de 2001 en Nueva York, 11-M de 2004 en Madrid, julio de 2005 en Londres y el atentado en París a Charlie Hebdo en 2015), así como las guerras de Afganistán e Iraq.

Acerca del término

Los términos fundamentalismo o integrismo aplicados al Islam son una creación occidental, difundida a través de los medios de comunicación principalmente. No es una denominación extraída del propio contexto islámico sino una trasposición del fundamentalismo cristiano, una corriente rigorista protestante del siglo XIX que algunos informadores consideraron similar a diferentes movimientos o corrientes del Islam contemporáneo.

La oportunidad del uso de estos términos es discutida, ya que, por un lado, suelen aludir a movimientos y corrientes que, aunque el imaginario occidental las dote de cierta unidad, en el seno de las sociedades islámicas son percibidas como diferentes e incluso antagónicas. Por otro lado, incluso las corrientes más parecidas al fundamentalismo cristiano guardan importantes diferencias con él, como por ejemplo el rechazo a la innovación tecnológica, algo inexistente incluso en el islam más tradicionalista. En tercer lugar, muchos autores consideran inapropiado referirse a una realidad referida a un área cultural determinada con una denominación extraída de otra área, al margen de las analogías que pueda haber entre ambas realidades.

Otros, sin embargo, consideran que puede usarse, aunque con cierta cautela, debido a que está extendido, y otros, por último, reservan el término para corrientes tradicionalistas y específicamente religiosas del islam, y no para los actuales movimientos políticos que se designan con el nombre genérico de islamismo. Con este último sentido el término ha pasado al árabe, aunque su uso no está generalizado.

El rey de Marruecos Hasan II solía definirse a sí mismo como fundamentalista, como un modo de señalar que este concepto nada tenía que ver con el islamismo político.

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