Funcionalismo lingüístico

El término funcionalismo lingüístico hace referencia a una serie de corrientes lingüísticas que parten de los mismos principios teóricos, aunque poseen modelos de análisis muy diversos.

El principio básico del funcionalismo es la consideración del estudio de una lengua como la investigación de las funciones desempeñadas por los elementos, las clases y los mecanismos que intervienen en ella; consecuentemente, con esta importancia de la función, el funcionalismo entiende que el estudio de un estado de lengua, independientemente de toda reflexión histórica, tiene valor explicativo y no solo descriptivo.

El 'funcionalismo lingüístico' es heredero de las tesis del suizo Ferdinand de Saussure y hunde sus raíces en el estructuralismo

Heredero de las tesis de Ferdinand de Saussure, el funcionalismo se apoya en la idea de que el papel de la lengua como instrumento de comunicación es esencial.

En el ámbito teórico, todos estos estudios funcionales del lenguaje tienen un mismo punto de partida: una visión que podría ser calificada de instrumentalista. Conforme a esta visión, toda lengua tiene como propósito primordial la comunicación y, por lo tanto, este propósito debe ser el punto de partida para cualquier estudio lingüístico que se haga. Por ello, la cuestión básica por resolver es verificar cómo se comunican los usuarios de una determinada lengua. Esto implica analizar no solo las formas o estructuras gramaticales, sino también toda la situación comunicativa: el evento, los participantes, el contexto discursivo. En esto, se oponen al estructuralismo norteamericano y a las teorías formalistas. Dentro del primero, se analizan estructuras gramaticales tales como los fonemas, morfemas, relaciones sintácticas y semánticas, los constituyentes, las dependencias, etc. Las segundas analizan estos fenómenos y, a la vez, construyen un modelo formal del lenguaje. Los funcionalistas sostienen que la situación comunicativa motivada explica y determina las estructuras gramaticales; por ello, su propósito no es presentar modelos, sino encontrar explicaciones. Puede decirse que los estudios funcionales son un examen de la competencia comunicativa, o sea, de la capacidad de los individuos para codificar y decodificar los mensajes. Todo esto conlleva ver las expresiones lingüísticas como la configuración de funciones. Es, al considerar estas funciones, donde las distintas corrientes funcionalistas se separan.

Representantes

Han recibido el calificativo de funcionales los paradigmas teóricos propuestos por la Escuela de Praga, la glosemática del danés Louis Hjemslev, los trabajos del lingüista francés André Martinet, la gramática sistémica del británico Michael Halliday y la propiamente llamada gramática funcional del holandés Simon Dik. También se incluyen dentro de esta categoría diversos trabajos de autores como Thomas Givon (Talmy Givón), Susumu Kuno, Michael Silverstein, Anna Siewierska, Sandra Thompson, Robert Van Valin y Anna Wierzbicka. En el ámbito hispánico, Emilio Alarcos Llorach introduce un funcionalismo de corte estructuralista. Actualmente, Salvador Gutiérrez Ordóñez y César Hernández Alonso se encuentran, más allá de sus diferencias teóricas, entre los mayores exponentes del funcionalismo español. También deben mencionarse los trabajos de la lingüista argentina Erica García, exponente de la escuela de Columbia.

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