Fuente de energía

Viento, sol y biomasa son fuentes de energía primarias que pueden calificarse de "renovables", "sostenibles", "limpias" y "alternativas".
Los combustibles para propulsar los vehículos de transporte pueden provenir de muy distintas fuentes primarias: el petróleo (un combustible fósil del que se obtiene la gasolina, el gasoil o el queroseno), la biomasa (de la que se obtienen los biocombustibles), o cualquier fuente primaria que genere electricidad para posteriormente obtener hidrógeno, como el que utiliza el automóvil que reposta en esta imagen, o los de celda de combustible. Otros utilizan otros tipos de baterías ( vehículo eléctrico) o son híbridos (consumen tanto gasolina como energía eléctrica). Hay otros ejemplos de propulsión alternativa.
Las hogueras y los hornos alimentados con madera o cualquier otra biomasa térmica son uno de los usos más antiguos de fuentes de energía tradicionales.
Molino de sangre impulsado por un animal de tiro que obtiene su energía de alimentos, de origen vegetal, producidos por plantas que transforman la energía del sol en moléculas energéticas.
Los sirgadores del Volga, de Ilia Repin (1870-1873). La sirga es el procedimiento para remolcar embarcaciones desde las orillas de un canal. En una sociedad preindustrial, como la rusa de mediados del siglo XIX, se utilizaba la energía humana o animal. También se usaba la energía humana en los barcos de remo. Los barcos de vela como el que se representa en el cuadro utilizan la energía del viento cuando les es posible, en su navegación por aguas libres.
Molino de mareas en Isla Cristina (España).
Molino de viento de los polders holandeses.
Presa de las Tres Gargantas (China), la mayor del mundo.
Central nuclear Bruce (Canadá), la mayor del mundo.
Pozos de petróleo de Kuwait incendiados durante la Guerra del Golfo (1991).
Central de carbón de Madrid (Estados Unidos) hacia 1935.
Central de gas de Moscú hacia 1912.

Fuente de energía es un fenómeno físico o químico del que es posible explotar su energía con fines económicos o biofísicos. Según un primer criterio de clasificación, se las llama " primarias" si provienen de un fenómeno natural y no han sido transformadas (el sol, la biomasa, las corrientes de agua,[5]

Historia

A lo largo de la historia el hombre ha buscado incesantemente fuentes de energía para su provecho; desde la Prehistoria, cuando la humanidad descubrió el fuego para calentarse, alumbrarse y cocinar los alimentos, pasando por la Edad Media en la que se introdujeron molinos de viento para moler cereales, hasta la Edad Contemporánea en la que se ha llegado a obtener energía fisionando el átomo y producir los sofisticados combustibles que permiten la propulsión aeroespacial.

La agricultura no solo proporcionaba la comida... sino la mayor marte de las materias primas para cualquier industria que existiera, especialmente la textil para el vestido. ... Las fuentes de energía para procesar estos materiales, así como para la calefacción, también provenían de los bosques. Así, el Antiguo Régimen biológico era orgánico, es decir, dependía de la energía solar para el crecimiento de los cultivos alimentarios y de los árboles como combustible. El Antiguo Régimen biológico limitaba el rango de posibilidades de la gente y de su historia, porque virtualmente toda la actividad humana dependía de las fuentes de energía renovables suministradas a un ritmo anual por el sol.

Robert Marks[9]

Los combustibles fósiles protagonizaron las revoluciones industriales: desde la Primera Revolución Industrial el carbón con el que se alimentaron las calderas de las máquinas de vapor aplicadas inicialmente al bombeo del agua de las minas, luego al telar mecánico y sucesivamente a la práctica totalidad de los procesos industriales mecanizables y al transporte ( ferrocarril, barco de vapor), así como a los procesos metalúrgicos (en siderurgia, los altos hornos) y químicos, y a la calefacción y cocinas domésticas; desde la Segunda Revolución Industrial, el petróleo y sus derivados aplicados tanto a la industria como al transporte ( motor de combustión aplicado al automóvil y a la aviación). Siempre convivieron con aprovechamientos a menor escala de las energías tradicionales de la economía preindustrial: la eólica de la navegación a vela o los molinos de viento, la hidráulica de norias y molinos hidráulicos, y los aprovechamientos tradicionales de la biomasa, fundamentalmente la utilización de la madera y el carbón vegetal como combustible.

El modelo de desarrollo propio de la sociedad industrial aboca al agotamiento de los recursos fósiles, sin posible reposición, pues son necesarios períodos de millones de años para su formación. La búsqueda de fuentes de energía inagotables y el intento de los países industrializados de fortalecer sus economías nacionales reduciendo su dependencia de los combustibles fósiles, concentrados en territorios extranjeros tras la explotación y casi agotamiento de los recursos propios, les llevó a la adopción de la energía nuclear y, en aquellos con suficientes recursos hídricos, al aprovechamiento hidráulico intensivo de sus cursos de agua. A finales del siglo XX y comienzos del siglo XIX se comenzó a cuestionar el modelo energético imperante por dos motivos: los problemas medioambientales suscitados por la combustión de combustibles fósiles, que ya no se limitaban a episodios de smog en las grandes urbes como Londres o Los Ángeles, sino que se generalizaban con impactos globales ( cambio climático antropogénico); y los riesgos del uso de la energía nuclear, puestos de manifiesto en accidentes como el de Three Mile Island (Estados Unidos), el de Chernóbil (Unión Soviética) o el de Fukushima (Japón).

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