Fructuoso Rivera

José Fructuoso Rivera y Toscana
Fructuoso Rivera.jpg

Coat of arms of Uruguay.svg
1.er Presidente constitucional de Uruguay
(2º mandatario uruguayo)
6 de noviembre de 1830- 24 de octubre de 1834
Predecesor Luis Eduardo Pérez
(primer presidente interino de Uruguay)
Sucesor Carlos Anaya

Coat of arms of Uruguay.svg
3.er Presidente constitucional de Uruguay
(6º mandatario uruguayo)
1 de marzo de 1839- 1 de marzo de 1843
Predecesor Gabriel Antonio Pereira
Sucesor Joaquín Suárez

Coat of arms of Uruguay.svg
Triunviro de Uruguay
(exiliado en Brasil,
10º mandatario uruguayo con Flores y Lavalleja,
en Triunvirato de Gobierno de 1853)
25 de septiembre de 1853- 13 de enero de 1854
Predecesor Juan Francisco Giró
Sucesor Venancio Flores

Información personal
Nacimiento 17 de octubre de 1784
Durazno ( gobernación de Montevideo de la intendencia de Buenos Aires, Virreinato del Río de la Plata)
Flag of Cross of Burgundy.svg Imperio español
Fallecimiento 13 de enero de 1854
(69 años)
Melo
Bandera de Uruguay Uruguay
Nacionalidad Uruguaya
Partido político Flag of Colorado Party (Uruguay).svg Partido Colorado
Familia
Padres Andrea Toscana Velázquez
Pablo Hilarión Perafán de Rivera Bravo
Cónyuge Bernardina Fragoso Laredo
Información profesional
Ocupación Militar, político y gobernante
[ editar datos en Wikidata]

José Fructuoso Rivera y Toscana ( Durazno, gobernación de Montevideo, 17 de octubre de 1784 - Melo, Uruguay, 13 de enero de 1854) era un militar y político de Uruguay que fuera el primer presidente constitucional, luego de diversas participaciones en las luchas independentistas. Fue el fundador del Partido Colorado.

Biografía hasta la independencia uruguaya

Origen familiar y primeros años

Era hijo de Pablo Hilarión Perafán de la Rivera Bravo, un poderoso terrateniente de la zona de San José de Mayo dueño de un saladero, y de Andrea Toscano. De modo que perteneció al grupo de los estancieros, opuestos al monopolio de los comerciantes peninsulares.

Época artiguista

Se unió a la Revolución Oriental en el interior de la Banda Oriental, en la zona de Minas, y se destacó como pequeño caudillo en el centro de la provincia. Se incorporó a las fuerzas de José Artigas, y a sus órdenes participó en la Batalla de Las Piedras (1811). Cuando Artigas y la división enviada en su ayuda desde Buenos Aires inició el primer sitio de Montevideo, Rivera fue destinado a intentar detener la invasión portuguesa. Cuando esta se hizo incontenible y el gobierno porteño pactó con el virrey Elío, se unió al Éxodo Oriental, siguiendo a Artigas.

Participó de una expedición a las Misiones Orientales a órdenes de Eusebio Valdenegro y Fernando Otorgués, y luego se incorporó al segundo sitio de Montevideo, a órdenes del coronel Manuel Pagola. Pero se retiró con Artigas, cuando este enfrentó al general José Rondeau, que seguía la política del Directorio de someter a las provincias a un gobierno nombrado y dirigido desde Buenos Aires. Nacía en este momento el federalismo en el Río de la Plata.

Después de la toma de Montevideo por Carlos María de Alvear, Rivera fue el jefe de las tropas orientales en la Batalla de Guayabos, derrotando a las tropas de Manuel Dorrego. En sus filas figuraban grupos de indígenas charrúas y guaraníes. Las tropas de Dorrego huyeron en desbandada, y poco después el Director Alvear entregaría el control de la Banda Oriental a Artigas y sus partidarios. Mientras las fuerzas de Otorgués provocaban desmanes contra los ciudadanos de la capital, Rivera comenzó a ser visto por el grupo de comerciantes y "doctores", que luego serían los aliados de los portugueses y antes lo habían sido de los realistas, como la garantía de orden entre los caudillos de la zona rural.

Invasión portuguesa

Cuando se produjo la Invasión Luso-Brasileña, a partir de 1816, Rivera secundó inicialmente a Artigas, destacándose como uno de los jefes que lograron algunas victorias menores. No obstante, fue derrotado en la Batalla de India Muerta, en noviembre de ese año, lo que permitió a los portugueses ocupar Montevideo.

Su actuación pública históricamente ha sido fruto de polémica. Algunos historiadores e investigadores como Eduardo Picerno señalan que

ya desde el año 1816, cuando comienza la Invasión Luso-Brasileña, Rivera empieza a desobedecer órdenes de Artigas y a manifestar su adhesión a la causa portuguesa de un modo muy distinto a como lo hacía el Gral. Belgrano, que proponía a la Reina Carlota de Portugal como Reina de las Provincias Unidas del Sudamérica el 9 de julio del año 1816 ".[1]

En efecto, mientras que Manuel Belgrano buscaba legitimar ante las potencias de ese momento la total independencia rioplatense ante la Santa Alianza, con lo que tal alianza exigía, gobiernos monárquicos (era el único modo que parecía viable en el año 1816 a pocos meses de establecida la "Santa Alianza" y el restauracionismo monárquico absolutista entre las potencias del mundo, Belgrano buscaba como solución de compromiso un país rioplatense totalmente independiente y tras su viaje a Europa notó que las potencias sólo aceptaban países gobernados monárquicamente, la solución inicial belgraniana fue que la regenta Carlota asumiera como reina de las Provincias Unidas del Río de la Plata siendo tales provincias totalmente independientes de todo poder extranjero y teniendo una monarquía constitucional, luego Belgrano se dio cuenta de lo infundado de su optimismo en cuanto a una regenta que también ostentaba el gobierno brasileño y optó por una solución más audaz: que un inca –un descendiente de Tupac Amaru II, probablemente Juan Bautista Túpac Amaru último descendiente reconocido de Túpac Amaru II– fuera el "rey" nominal limitado por una Constitución democrática del nuevo extensísimo país constituido por los estados rioplatenses); absolutamente por el contrario Rivera directamente se sometió a Portugal y luego al Imperio del Brasil, convirtiéndose en uno de los oficiales de Portugal y de Brasil en el territorio actualmente uruguayo.

A mediados de 1818, varios jefes artiguistas comenzaron a cuestionar la estrategia defensiva de su jefe; el único oficial notable que no se pronunció en contra del caudillo fue Rivera, por lo que Artigas le entregó el mando de las divisiones más poderosas. Esto causó la defección de muchos de sus subordinados, entre ellos Rufino Bauzá y Manuel Oribe, que pasaron a Buenos Aires. Por su parte, el Director Supremo Pueyrredón le ofreció el mando de las tropas orientales, desplazando a Artigas, pero Rivera no aceptó.

No obstante, Rivera obtuvo algunas victorias menores en los combates de Chapicuy y Queguay Chico, pero fue finalmente derrotado en la Batalla de Arroyo Grande.

Cuando la derrota de las tropas orientales en la Batalla de Tacuarembó el 22 de enero de 1820, Rivera se encontraba acampando en el arroyo de Tres Árboles. Desde Mataojo – actual departamento de Salto – Artigas le ordenó que se incorporara a su ejército, pero Rivera ya había celebrado un armisticio con el jefe portugués Bento Manuel Ribeiro y desobedeció la orden del caudillo. Rivera en una carta fechada 13 de junio de 1820 al gobernador Francisco Ramírez, descubierta por Picerno, Rivera se habría ofrecido a "ultimar" a Artigas, a quien consideraba un "monstruo, déspota, anarquista y tirano".[2]

Hay quienes, como Manuel Flores Silva, sostienen que esta carta, publicada originalmente por Hernán F. Gómez en su clásico "Corrientes y la República Entrerriana" (1929, Corrientes), se "justifica" en función del contexto y las dotes de Rivera como "hombre político", que permanentemente se adaptaba a las circunstancias. Tras la batalla de Tacuarembó, Artigas se encontraba derrotado y sin apoyo de Ramírez. A su vez, Ramírez había creado la República de Entre Ríos, que incluía a Corrientes y Misiones, y tenía relaciones con Buenos Aires.

La Provincia Cisplatina

Tras firmar un armisticio con el gobernador de la Provincia Cisplatina – dependiente del Reino Unido de Portugal, Brasil y AlgarveCarlos Federico Lecor, se incorporó al ejército de Portugal. Sus soldados, vencida ya toda posible resistencia, lo siguieron. En julio de 1821 formó parte del Congreso Cisplatino que convalidó la anexión de la Provincia Cisplatina a Portugal. Formó parte del Club del Barón, germen del Partido Colorado.

Cuando el Imperio del Brasil anunció su independencia de Portugal, Rivera secundó a Lecor, que siguió al Emperador Pedro I en su intención de expulsar a los portugueses de Montevideo. A sus órdenes ingresaron algunos oficiales artiguistas que habían sido liberados, como José Antonio Berdún y Juan Antonio Lavalleja, pero en estos era más claro que buscaban la independencia de la Banda Oriental.

El cabildo de Montevideo invitó a Rivera a unirse a ellos en la continuidad de la dominación portuguesa, con la esperanza de que cuando finalmente los europeos se retiraran, concediera la independencia a Montevideo y su jurisdicción. A la invocación del cabildo al patriotismo de Rivera, este respondió que el patriotismo es la búsqueda de la felicidad de la patria, que él entendía como sinónimo de paz.

En noviembre de 1823, las tropas portuguesas entregaron Montevideo al general Lecor, que ingresó en la ciudad y proclamó anexada la Cisplatina al Imperio del Brasil. Otorgó a Rivera el título de Barón de Tacuarembó y lo nombró comandante de campaña.

Por su parte, Lavalleja y otros oficiales habían partido hacia Buenos Aires. Desde allí lo invitaron a unirse a quienes buscaban la independencia de la Banda Oriental, pero Rivera entregó esas cartas a Lecor.

Durante la invasión portuguesa y en los años que le siguieron, las fuerzas brasileñas saquearon el ganado oriental e instalaron saladeros con mano de obra esclava; la población pecuaria, principal riqueza de la región, se redujo drásticamente.

Los Treinta y Tres Orientales

En 1825 se produjo la gesta de los Treinta y Tres Orientales bajo el mando de Juan Antonio Lavalleja quienes, en lo que se conoce como la Cruzada Libertadora, desembarcaron en la playa de la Agraciada el 19 de abril de ese año. El 29 de abril Lavalleja y Rivera se habrían encontrado en un rancho en las cercanías del arroyo Monzón, ubicado en el actual departamento de Soriano. Allí se habría producido un abrazo entre ambos caudillos para sellar su unión en la lucha independentista contra las fuerzas brasileñas.[3]

Existe controversia sobre la veracidad del abrazo entre Lavalleja y Rivera. Rivera, al servicio de Brasil y al mando de setenta hombres, habría ido a enfrentar a Lavalleja en las inmediaciones del arroyo Monzón. Pero este habría sido capturado por los patriotas al mando de Lavalleja, quien le habría ofrecido sumarse a los revolucionarios bajo amenaza de ser fusilado.

El general José Brito del Pino en su "Diario de la Guerra del Brasil", escrito durante esa campaña, expresó: "Se pudo ir (Rivera) al galope y cuando llegó, recién se apercibió de su engaño y de que se hallaba prisionero de los mismos que iba a combatir. Como al verlo todos desnudaron sus espadas, creyó que iba a ser muerto y lleno de terror le dijo a Lavalleja: "Compadre, no me deje Ud. asesinar".[3]

Fue entonces que las fuerzas acaudilladas por Rivera se incorporaron a las fuerzas patriotas comandadas por Lavalleja y por el después general Julián Laguna.[4]

La incorporación de Rivera constituyó un hecho fundamental para el éxito de la campaña, debido a su enorme prestigio, lo que determinó que el alzamiento contra la dominación brasileña se generalizara en todo el territorio de la Banda Oriental. En pocos días, la expedición ya contaba con varios miles de partidarios. El Congreso de La Florida declaró el día 25 de agosto la independencia de la Banda Oriental y su unión

"...con las demás Provincias Argentinas a que siempre perteneció."

El 4 de septiembre, Rivera fue derrotado por Bento Manuel Ribeiro , el jefe de la caballería "gaúcha" de Río Grande del Sur, futuro jefe de la revolución antiimperial de los farrapos, pero el 14 de septiembre logró el desquite en la Batalla del Rincón, en que derrotó al coronel José Luís Mena Barreto (padre), que resultó muerto. El 20 de octubre, unidas las fuerzas de Lavalleja y Rivera, lograron la decisiva victoria en la Batalla de Sarandí sobre el coronel Ribeiro. De este modo se cerró el sitio sobre Montevideo.

Las victorias de Lavalleja y Rivera entusiasmaron a la opinión pública de Buenos Aires y del interior, de modo que en diciembre, el Congreso de las Provincias Unidas proclamó la reincorporación de la Provincia Oriental. Esto causó la declaración de guerra de parte del Emperador, dándose comienzo a la Guerra del Brasil. El Congreso respondió con otra declaración de guerra y reunificó al país, eligiendo como primer presidente del mismo a Bernardino Rivadavia; este se dedicó a organizar un ejército capaz de enfrentar al brasileño.

A principios de 1826, por orden del comandante militar nombrado por Rivadavia – el general Martín Rodríguez – Rivera atacó por segunda vez a Ribeiro. Pero esta vez se negó a capturar a los fugitivos, y cuando Rodríguez le ordenó perseguirlo hasta el río Cuareim, tampoco obedeció la orden, e incluso dio aviso al jefe enemigo. El 17 de junio, por exigencia de Lavalleja, Rodríguez arrestó a Rivera y lo envió a Buenos Aires, informando de lo sucedido. El presidente ordenó arrestar a Rivera, pero en el mes de septiembre, este escapó hacia Santa Fe, donde se puso bajo la protección del gobernador Estanislao López.[5]

La campaña a las Misiones Orientales

Durante el período más álgido de la Guerra del Brasil, Rivera permaneció inactivo en Santa Fe. Mientras la guerra terrestre era ampliamente favorable a las Provincias Unidas – que sancionaron una Constitución que cambiaba su nombre oficial por el de República Argentina – la guerra naval, pese a las victorias del comandante argentino Guillermo Brown causaba graves daños a la economía de Buenos Aires, por el estricto bloqueo naval a que era sometido el Río de la Plata.

De modo que el presidente Rivadavia decidió ceder a las presiones de Gran Bretaña para que declarara la independencia del territorio en disputa. Para ello envió a Manuel José García a Río de Janeiro, donde este excedió sus instrucciones y firmó una Convención Preliminar de Paz, por la que la Argentina renunciaba a la soberanía sobre la Banda Oriental. El tratado, aunque fue rechazado, causó la caída de Rivadavia. En su lugar, el nuevo gobernador de Buenos Aires, Manuel Dorrego, asumió únicamente este título, al que adosó el de Encargado de las Relaciones Exteriores de la República Argentina. En tal carácter decidió continuar la guerra.

Pero la situación económica de la provincia de Buenos Aires era crítica, y las demás provincias estaban muy resentidas con los sucesivos gobiernos porteños, por lo que no prestaron ayuda alguna. De modo que Dorrego buscó alguna medida extraordinaria que le permitiera volver a tomar la iniciativa.

Un tratado firmado entre Dorrego y Estanislao López anunciaba un acuerdo para llevar adelante un plan ideado al parecer por López, que Rivera había hecho suyo e informado del mismo al gobernador porteño:

"...levantar una fuerza militar que ocupe los pueblos de las Misiones Orientales, que existen en poder del tirano del Brasil."[6]

El general Lavalleja, jefe del Ejército republicano, rechazó por completo estos planes, especialmente por la participación de Rivera en los mismos.

Rivera fue enviado como avanzada a la provincia de Entre Ríos, pero fracasó en reunir voluntarios en ese territorio, por lo que en febrero de 1828 se trasladó a la Provincia Oriental. Lavalleja ordenó a su segundo – el general Manuel Oribe – perseguir a Rivera, pero este tuvo tiempo de reunir unos 400 hombres, con los cuales marchó rápidamente hacia el norte. El 20 de abril, esquivando a Oribe, Rivera cruzó el río Ibicuí y comenzó la invasión de las Misiones Orientales.

Tras una serie de combates menores, Rivera logró conquistar las Misiones Orientales; Estanislao López quiso ponerse al mando de la campaña, pero, rechazado por Rivera, terminó por regresar a Santa Fe. Dejó a órdenes de Rivera las tropas correntinas del comandante López Chico, con lo que el jefe oriental logró reunir alrededor de 1.000 hombres. A fines de mayo ocupaba todo el antiguo territorio de las Misiones Orientales.

Rivera asumió el mando político, pero apenas pudo hacer algo más que proclamar la autonomía de su provincia. Los brasileños, temiendo un ataque a Porto Alegre, se mantuvieron a la defensiva.

Mientras tanto, presionado por el bloqueo y su propia precaria situación económica, Dorrego accedió finalmente a firmar la paz con el Brasil, con la condición de que la Banda Oriental fuera un estado independiente. El Emperador terminó por acceder a las mismas condiciones para la paz, pero exigió a cambio la retirada de Rivera y el reconocimiento de su soberanía sobre las Misiones Orientales. El asunto de las Misiones ni siquiera fue considerado en la Convención Preliminar de Paz firmada el 27 de agosto.

De modo que Rivera inició la marcha hacia el sur en el mes de noviembre. Arreando todo el ganado disponible, llevando consigo a toda la población indígena y todos los bienes que pudieron transportar, llevó la población de las Misiones hasta la margen sur del río Cuareim. Por un acuerdo con el mariscal Barreto, encargado de custodiar su retirada, Rivera logró ser autorizado a establecerse sobre ese río, en lo que resultó el antecedente para la futura fijación en el mismo del límite norte de la República Oriental del Uruguay.

Rivera estableció a los exiliados en una villa que llamó Santa Rosa del Cuareim, pero que desde entonces fue conocida como Bella Unión. El territorio al norte del Cuareim fue incorporado a la Provincia de Río Grande de Sao Pedro.[7]

Other Languages