Friedrich Hölderlin

Friedrich Hölderlin en 1792.

Johann Christian Friedrich Hölderlin ['jo:han 'kʁɪstjan 'fʁi:dʁɪç 'hœldɐlɪn] ( Lauffen am Neckar, Ducado de Wurtemberg, 20 de marzo de 1770 - Tubinga, Reino de Wurtemberg, 7 de junio de 1843) fue un poeta lírico alemán. Su poesía acoge la tradición clásica y la funde con el nuevo romanticismo.

Biografía

Hölderlin nació en Lauffen am Neckar (Wurtemberg) en el seno de una familia burguesa. Su padre (administrador del seminario protestante de Lauffen) muere cuando él tenía dos años. Su madre contrae segundas nupcias con Johann Christoph Gock, consejero municipal de Nürtingen, donde Hölderlin se crio junto con su hermana y su hermanastro.[1]
Su padrastro murió cuando Hölderlin tenía nueve años y de sus seis hermanos sólo dos sobrevivirían a su infancia: su hermana Rike, mayor que él, y Karl, seis años menor.

Como su abuelo materno era un pietista, su madre lo destinó a seguir la tradición familiar y en 1784 ingresó en un colegio preparatorio para el seminario, en Denkendorf; en 1788 entró como becario para estudiar Teología en el Tübinger Stift (seminario de la Iglesia protestante en la ciudad de Tubinga, en Württemberg), donde fue amigo y compañero de los futuros filósofos Georg Wilhelm Friedrich Hegel y Friedrich Schelling. En esas compañías sintió un gran interés por la filosofía y leyó a Spinoza, Leibniz y Kant. Hegel, Schelling y Hölderlin se influyeron mutuamente y se ha especulado que fue probablemente Hölderlin el que presentó a Hegel las ideas de Heráclito acerca de la unión de los contrarios, que el filósofo desarrollaría en su concepto de la dialéctica. El caso es que de esta época le vino su «idea panteísta de la unidad o armonía del ser rota por el progreso social de enajenación del ser humano respecto a la naturaleza». En la Grecia clásica veía una lejana imagen de la armonía original entre ser humano, sociedad y naturaleza.[2]

Estudió también literatura y filosofía clásicas, tradujo al alemán algunas tragedias griegas y escribió poesía. Muy influido por Platón y por la mitología y cultura helénicas, se apartó sensiblemente de la fe protestante. Además, «los ideales de la Revolución francesa, la reivindicación de la libertad, la igualdad y la fraternidad, despertaron en él la esperanza del inicio de una nueva época dorada para la humanidad». Por entonces ocurrió la célebre anécdota que pinta a Hegel, Scheling y Hölderlin celebrando el culto a la diosa Razón en Francia plantando un árbol de la libertad en la plaza del mercado de Gotinga y bailando en torno de él[3]

En 1793 salió del seminario provisto de la licencia que le permitía ejercer el ministerio evangélico, pero decidió no dedicarse a su carrera y durante los años siguientes se dedicó a educar hijos de nobles y de comerciantes ricos y, huyendo de los deseos que su madre albergaba para él, consiguió que el dramaturgo y poeta del romanticismo Friedrich Schiller le proporcionara una plaza de preceptor del hijo de Charlotte von Kalb, en Waltershausen, aunque pronto abandonó su puesto, dada la limitada influencia que ejercía sobre su alumno. Se instaló luego en Jena, que era por entonces uno de los principales centros intelectuales del país y donde tuvo encuentros con Goethe, Herder, Novalis y, sobre todo, Schiller. Asistió a clases impartidas por Fichte, y Schiller le publicó un fragmento del Hiperión, o El eremita en Grecia en su revista Thalia.[4]

Falto de recursos, volvió a Nürtingen en 1795 y en 1796 trabajó en casa de Jakob Gontard, un comerciante y banquero de Fráncfort del Meno, y se enamoró de Susette, la mujer de Jakob. A ella le dedicó varios escritos, entre ellos el Hiperión, refiriéndose a ella con el nombre de Diotima (como el personaje de El banquete de Platón que enseñó la filosofía del amor a Sócrates). A pesar de su trabajo y de los viajes que debió efectuar con la familia Gontard a causa de la guerra, fue una época de intensa actividad literaria, y en 1799 concluyó por fin su novela epistolar Hiperión, o El eremita en Grecia.

La torre de Hölderlin en Tubinga, lugar en el que se hospedó hasta su muerte.

En septiembre de 1798 tuvo que abandonar la casa de los Gontard, después de vivir una penosa escena con el marido de Susette, con quien mantendría la relación posteriormente durante casi dos años de forma clandestina. Se entrevistó varias veces en secreto con ella hasta que se trasladó a Homburg por consejo de su amigo el diplomático Isaak von Sinclair, un republicano convencido. De esta relación amorosa ha subsistido un interesante epistolario[5]

Emprendió entonces la redacción de su tragedia La muerte de Empédocles e intentó lanzar una revista intelectual y literaria que fracasó. En 1800 fue invitado a Stuttgart, donde tuvo tiempo para dedicarse a la poesía y traducir al poeta griego antiguo Píndaro, que ejercería una gran influencia sobre sus himnos. A finales del año aceptó otro puesto como preceptor en Hauptwil, Suiza.[6]

Se ignora por qué razones abandonó su trabajo en abril de 1801 y volvió con su madre a Nürtingen. Según se desprende de una carta de marzo de 1801 a su amigo Christian Landauer, Hölderlin era cada vez más consciente de sus problemas mentales, que ya desde su época de estudiante se habían presentado en forma de periódicas depresiones. En invierno de ese año tuvo una fuerte crisis.

Hasta enero de 1802, cuando obtuvo un cargo en casa del cónsul de Hamburgo en Burdeos, trabajó ininterrumpidamente en su obra poética. Al aparecer los primeros síntomas de su enfermedad mental en abril, abandonó una vez más su puesto. Sinclair le comunicó por carta la muerte de Susette Gontard, el 22 de junio de 1803, en Fráncfort del Meno.[7]

Tras un período de gran violencia, su trastorno mental pareció remitir. Sinclair lo llevó de viaje a Ratisbona y Ulm y, a la vuelta, escribió El único y Patmos, dos de sus obras maestras. Gracias a la influencia de su amigo Sinclair, obtuvo en 1804 una plaza de bibliotecario (que el mismo Sinclair pagaba con su fortuna) en el palacio del landgrave de los Homburg.[8]

Como sus crisis mentales se hicieron cada vez más frecuentes (profería maldiciones como un poseso y andaba sin rumbo mientras hablaba consigo mismo), Sinclair decidió internarlo en 1806 en una clínica psiquiátrica de Tubinga. Tras cuatro días de viaje, fue recibido por Ferdinand Autenrieth (1772-1835), responsable médico de una clínica que había alcanzado fama desde su apertura por los nuevos métodos terapéuticos empleados.

Hölderlin ingresó en la clínica el 14 o 15 de septiembre de 1806 y estuvo internado 231 días con síntomas de gran agitación motriz, largos paseos sin rumbo, escasa orientación espacio-temporal, frecuentes accesos de ira y, sobre todo, una incontrolable e ininteligible verborrea, datos todos que parecen indicar una esquizofrenia catatónica.

Tras ser declarado enfermo incurable, fue puesto en mayo de 1807 al cuidado de un ebanista de la misma ciudad, Zimmer, entusiasta lector del Hiperión, quien lo acogió en su casa; la madre del poeta se hizo cargo de los gastos de manutención. Allí permaneció hasta su muerte en unas condiciones de locura pacífica que se prolongaron durante treinta y seis años.

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