Franco Corelli

Franco Corelli
Franco Corelli
Datos generales
Nombre real Dario Corelli
Nacimiento

8 de abril de 1921 Ancona,

Flag of Italy.svg  Italia
Nacionalidad Flag of Italy.svg  Italiano
Muerte

29 de octubre de 2003 Milán,

Flag of Italy.svg  Italia
Cónyuge Loretta di Lelio
Ocupación Cantante lírico
Información artística
Tipo de voz Tenor spinto
Género(s) Ópera
Artistas relacionados Maria Callas, Renata Tebaldi, Birgit Nilsson, Mario del Monaco, Ettore Bastianini, Leonard Warren,
Web
Ficha Franco Corelli en IMDb
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Dario Franco Corelli conocido artísicamente como Franco Corelli ( Ancona, 8 de abril de 1921 - Milán, 29 de octubre de 2003) fue un tenor spinto italiano, activo entre 1950 y 1976. Sobresalió por poseer una técnica única, admirada por muchos y criticada por otros, y una enorme potencia vocal, que sin embargo le permitía realizar diminuendos sorprendentes. Su atractivo físico y la brillantez de su voz le llevaron a ser uno de los tenores más populares de la posguerra.

Particularmente asociado a los papeles de spinto y de tenor dramático del repertorio italiano, fue universalmente exitoso por sus electrizantes notas agudas, su timbre claro, su canto apasionado y sus notables 'performances'.

Su carismática presencia escénica y su conmovedor esplendor vocal lo hicieron favorito de las audiencias de su época. Su carrera tuvo una larga y fructífera relación profesional con el Metropolitan Opera de Nueva York entre 1961 y 1975. También incursionó en los más importantes escenarios de ópera en Europa.[1]


Biografía

Primeros años

Aun cuando sus padres no tenían particulares inquietudes musicales,[2]

En el conservatorio tomó lecciones con Rita Pavoni, pero no estaba satisfecho con los resultados. Decía que las clases básicamente destruían el registro alto. Entonces Corelli decidió transformarse en su propio maestro, y declaró que los instructores de canto eran "gente peligrosa" y "una peste para los cantantes".[2] El efecto de esta combinación resultó en un sonido profundo, a veces cavernoso y sin embargo brillante y tremendamente sonoro. A esto se agregó que, regulando la presión de la respiración, el tenor fue capaz de reducir este sonido al tiempo que conservaba el timbre de la voz, para lograr un diminuendo, o incluso un morendo en un Si bemol agudo, el efecto pedido por Verdi para el final del aria "Celeste Aida".

Primeros años de actividad: 1951–1960

En el verano de 1951 Corelli ganó el premio del Maggio Musicale Fiorentino in Florencia, lo que propició su estreno en Spoleto en el otoño siguiente en el papel de Don José en Carmen de Bizet. Originalmente fue agendado para cantar Radamés en Aida de Verdi, por lo que empleó tres meses para preparar el papel con el director Giuseppe Bertelli. Sin embargo, en medio del proceso, Corelli tuvo la sensación de que le faltaba finura técnica y legato para el papel de Radamés.[1]

Mientras cantaba en la Ópera de Roma, Corelli hizo también numerosas 'performances' en otros teatros de ópera de Italia y de Europa. Hizo su primera presentación en La Scala de Milan en 1954, como Licinio en La vestale de Spontini, junto a Callas como Giulia para abrir la temporada 1954-1955. El tenor volvió en numerosas ocasiones a ese teatro durante los cinco años siguientes, cantando junto a Callas nuevas producciones escénicas de Fedora (1956), El pirata (1958) y Poliuto (1960).[1]

Pronto siguieron otros estrenos importantes: en el Maggio Musicale Fiorentino y en la Arena de Verona en 1955; en la Opera de Viena, donde finalmente cantó el papel de Radamés tal como él lo imaginaba, y en el Covent Garden de Londres, como Cavaradossi, en 1957;[1] la Teatro Nacional de San Carlos de Lisboa, en la Opera de Chicago y en la Opera de San Francisco en 1958; y en la Ópera de Berlín en 1961. Entre los muchos triunfos de la primera década de Corelli se cuentan dos actuaciones muy célebres en el Teatro di San Carlo de Nápoles, un formidable Don Alvaro en La fuerza del destino en 1958 junto a Renata Tebaldi como Leonora, y un notable de Maurizio en 1959, en Adriana Lecouvreur con Magda Olivero en el papel principal.

Durante su carrera temprana, Corelli triunfó en varias óperas inusuales como Agnese di Hohenstaufen de Spontini, Giulio Cesare y Hércules de Handel , La guerra y la paz de Prokofiev , y el estreno mundial de Enea de Guido Guerrini . [2]

En 1957 Corelli conoció a la soprano Loretta di Lelio cuando ésta se coló en la extraescena de la Ópera de Roma para conseguir su autógrafo. Empezaron a verse, y se casaron en 1958. Al casarse, Loretta renunció a su carrera en ciernes para asistir a Corelli como apoderada, secretaria, agente de relaciones públicas, cocinera y traductora de inglés. Su matrimonio duró hasta la muerte de Corelli, acaecida cuarenta y cinco años más tarde.[2]

El período del Metropolitan: 1961–1975

Franco Corelli como Dick Johnson en La Fanciulla del West

Corelli hizo su debut en Metropolitan Opera de Nueva York el 27 de enero de 1961 como Manrico en Il trovatore, junto a la soprano Leontyne Price como Leonora quien a su vez estrenaba esa noche en el Met.[1]

El tenor de Ancona cantaría con un enorme éxito en el Met hasta 1974 en papeles como Calaf (con Birgit Nilsson como Turandot), Cavaradossi, Maurizio, Ernani, Rodolfo y Edgardo. También frecuentó nuevas producciones de piezas francesas, como Romeo y Julieta y Werther . Cantó en noches históricas como la gala de clausura en el viejo Met, el concierto en honor de Sir Rudolf Bing, y la legendaria reaparición de María Callas en Tosca. [7]

Mientras era un habitué del Met, Corelli siguió teniendo presencia en la escena de ópera internacional. En 1961 debutó en la Opera de Berlin, regresó a La Scala en 1962, para una reposición de Los Hugonotes de Meyerbeer, junto a Joan Sutherland, y ese mismo año cantó el Manrico en una elogiada producción de Il trovatore en el Festival de Salzburgo bajo la dirección de Herbert von Karajan y acompañado nuevamente por Leontyne Price, con Giulietta Simionato, y Ettore Bastianini.[8] En 1964 se presentó en la Ópera de Paris con Callas en Tosca y Norma.

La única casa operística de primer nivel mundial que el tenor nunca visitó es el teatro Colón de Buenos Aires. Existen constancias de que se hicieron negociaciones que nunca llegaron a puerto. El otro tenor de su nivel de excelencia que comparte este hueco en su carrera es el sueco Jussi Björling.

Retiro

Al comenzar la década de 1970 la voz de Corelli comenzó a mostrar algunos signos de desgaste, después de años de desarrollar con frecuencia un repertorio exigente. Esto provocó que los nervios resultantes se hicieran cada vez más difíciles de manejar para el tenor. Hizo su última aparición en la ópera como Rodolfo en 1976 en Torre del Lago a la edad de 55 años.[1]

En el momento de su retiro, hacía algunos años que Corelli venía coqueteando con cantar el Otello de Verdi. Curiosamente, y poseyendo las particulares dotes que este papel exige, nunca pasó de cantar algunos fragmentos en concierto, que dejan imaginar el poder que habría tenido esa personificación.

Luego del retiro: 1976–2003

Al dejar los escenarios, Corelli devino en un famoso maestro de canto en Nueva York, algo irónico en un hombre que durante su carrera desdeñó a los maestros de canto.[1] Murió en Milan en 2003, a los 82 años, después de haber sufrido un derrame cerebral a principios de ese año. Fue enterrado en el Cementerio Monumental de Milán.

Recepción de la crítica

Con una rica y sonora voz de tenor spinto y una presencia esbelta y atractiva, Corelli ganó muchos fanáticos desde el comienzo de su carrera. Sin embargo, mientras el público estaba cautivado con sus presentaciones, la crítica estaba dividida. Se quejaba de una cierta autoindulgencia de Corelli en relación a algunos fraseos y expresiones efectistas de su canto. El grupo de críticos detractores del estilo del tenor se resumen en un artículo de Alan Rich para el New York Herald Tribune de 1966 donde, a pesar de reconocer la vitalidad de su canto, entendía que Corelli

«no sirve a la opera, se sirve de ella para fines a los que no está destinada»[2]

Muchos críticos no vieron bien su incursión en el repertorio francés, debido a lo deliberado de su pronunciación, y a una emisión demasiado exótica para ese repertorio.[2]

El crítico John Higgins escribe sobre él:

«La EMI ofreció en 1964 un reparto desigualado [para "Il Trovatore" de Verdi], protagonizando Franco Corelli, quien mezcló sobreagudos brillantes con sonidos que nunca debían haber salido del estudio.»[10]

Acaso la opinión más equilibrada la brinda el crítico Gonzalo Badenes en su libro Voces:

«Instrumento carnoso, oscuro de timbre (un "baritenor", le llamaba Celletti), homogéneo, de proyección espectacular y diamantina en el registo agudo, manejado con facilidad, solo aparente, ya que es el resultado de una personalísima forma de afianzar la zona de paso, mediante el ligero entubamiento del sonido. De impresionante capacidad respiratoria, que le permitía ligar y mantener el sonido (incluso por encima de lo meramente musical, degenerando a veces en excesos atléticos) Posibilidad de regular adecuadamente la dinámica del sonido (escúchese el Si Bemol agudo final de "Celeste Aida", en la grabación de EMI, o a la conclusión del aria "¡Ah! Leve-toi soleil", de Romeo y Julieta de Gounod). En el canto a media voz, el sonido se oscurece, lo cual permite colorear ciertas frases. La dicción no es ejemplar: la "s" sonora resulta confusa y tiende a exagerar, de manera casi grotesca, la "r" final. Cuando canta en idiomas distintos al italiano (en francés, inglés, español y alemán) la pronunciación es muy deficiente. No evita los feos efectos de los portamentos exagerados (escúchese la profusión de ellos en el "Ah si ben mio") y se complace en los calderones. La línea de canto es salpicada de sollozos, resoplidos y bufidos que la vuelven exageradamente melodramática (Vesti la giubba). Le falta habilidad en en canto florido. Cuando el canto requiere voluptuosidad (Mario), fiereza (Manrico) o potencia (Calaf), Corelli es el rey. Corelli supera al Del Monaco, porque cuando quiere, sabe cantar con delicadeza. Iguala a Pavarotti en el mítico Do de pecho.»[11]

Franco Corelli en el rol de Andrea Chenier

Badenes también dice, en el mismo libro que "En suma el suyo es un canto sensual, vibrante, externo, comunicativo, que apela los sentidos puramente físicos antes que al intelecto". Pero en el siglo XXI se ha revisado la aparente tosquedad de Corelli, y al conocerse su personal modo de estudiar los roles, su obsesión por el sonido y la escena, y el acceso a obras desconocidas del repertorio, se le reconoció una gran inteligencia en el ejercicio de su oficio.

Por lo demás, la voz de Corelli era efectivamente poderosa, viril y con auténtico squillo. Tenía tintes baritonales en la zona media e iridiscencias hermosísimas en los agudos, de acceso un poco desprolijo, pero espectaculares. Y si se le criticó, no sin razón, su uso excesivo de calderones, portamentos, y probables concesiones de dudoso gusto, la salvaje belleza tímbrica de su voz, el arrojo de sus interpretaciones y su indudable apostura física hicieron de él uno de los tenores más populares del siglo XX.

Según Kesting,[12] su mejor papel fue Andrea Chénier. Kesting describe su caracterización como

«la de un Errol Flynn transpuesto al escenario de la ópera.»

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