Francisco Xavier de Luna Pizarro

Francisco Xavier de Luna Pizarro
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Gran Sello de la República del Perú.svg
Encargado del Poder Ejecutivo del Perú
(como Presidente del Congreso Constituyente)
20 de septiembre de 1822- 22 de septiembre de 1822
Predecesor José de San Martín
Sucesor Suprema Junta Gubernativa

20 de diciembre de 1833- 21 de diciembre de 1833
Predecesor Agustín Gamarra
Sucesor Luis José de Orbegoso y Moncada

Gran Sello de la República del Perú.svg
Presidente del Primer Congreso Constituyente del Perú
20 de setiembre de 1822- 20 de octubre de 1822
Vicepresidente José Faustino Sánchez Carrión
(Diputado secretario)
Predecesor Toribio Rodríguez de Mendoza
Sucesor José de Larrea y Loredo

Presidente del Congreso Constituyente (1827-28)
4 de junio de 1827- 4 de julio de 1827
Predecesor José Gregorio Paredes
Sucesor Francisco Valdivieso y Prada

4 de marzo de 1828- 4 de abril de 1828
Predecesor Juan Tomás Moscoso
Sucesor Juan Manuel Nocheto

Presidente de la Convención Nacional (1833-34)
12 de diciembre de 1833- 12 de marzo de 1834
Predecesor Santiago Távara y Andrade
Sucesor Tomás Diéguez de Florencia

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Arzobispo de Lima
1843- 1855
Predecesor Francisco de Sales Arrieta
Sucesor José Manuel Pasquel

Información personal
Nacimiento 3 de noviembre de 1780
Flag of Cross of Burgundy.svg Virreinato del Perú, Arequipa
Fallecimiento 9 de febrero de 1855
Flag of Peru.svg Perú, Lima
Nacionalidad Peruana y española Ver y modificar los datos en Wikidata
Información profesional
Ocupación Sacerdote, abogado.
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Francisco Javier de Luna Pizarro Pacheco (* Arequipa, 3 de noviembre de 1780 - † Lima, 9 de febrero de 1855) fue un sacerdote, político y abogado peruano. Ejerció la presidencia interina del Perú, durante breves períodos en 1822 y 1833. Arzobispo de Lima desde 1846 hasta 1855. Fue también diputado por su departamento natal, senador de la República, y Presidente de los Congresos Constituyentes de 1822, 1828 y 1834. Fue una de las mayores figuras intelectuales y políticas del Perú de principios de la República: abnegadamente patriota, con gran firmeza de carácter, defendió con vigor las ideas liberales, y a pesar de su edad y sus enfermedades, no doblegó su honor, su dignidad, ni su conciencia, frente a las innumerables persecuciones de que fue objeto.

Primeros años

Nació en Arequipa el 3 de noviembre de 1780, en un hogar profundamente cristiano y de abolengo. Hijo de Juan Antonio de Luna Pizarro, teniente coronel de milicias reales, granadino, y de la dama arequipeña Cipriana Pacheco de Chaves Araus.

A los once años ingresó al Seminario Conciliar de San Jerónimo de Arequipa cuyos estudios se desenvolvían entonces bajo la ilustre dirección del obispo Pedro José Chávez de la Rosa. Tras recibir la primera tonsura ( 16 de diciembre de 1791), estudió allí Latinidad y Retórica, Filosofía, Sagrada Teología y Jurisprudencia civil. Se dice que era un niño precoz y vivaracho. A propósito se cuenta una anécdota que nos ha trasmitido Ricardo Palma en una de sus más célebres Tradiciones peruanas: En cierta ocasión el obispo hizo una visita al Seminario y comenzó a hacerles preguntas a los alumnos; a quienes no contestaban rápida y correctamente les decía: "Al rincón, quita calzón", para señalarles que se les iba a aplicar un palmetazo en sus partes pudibundas. Al llegar el turno a Francisco Javier, éste tampoco pudo contestar muy bien el interrogatorio de Monseñor, pero inmediatamente retrucó una pregunta a su eminencia: ¿cuál era la cantidad de Dominus Vobiscum que se decían en la misa? El obispo, después de meditar, tuvo que reconocer que no sabía la respuesta, por lo que el niño Francisco Javier se atrevió sancionar al superior religioso con el ya clásico: "Al rincón y quita calzón".

Francisco Javier demostró tan altas dotes que el obispo decidió entonces enriquecer su educación con el aprendizaje de las Matemáticas, y más tarde le otorgó su protección. Al terminar sus estudios pasó al Cuzco, en cuya Universidad optó la licenciatura en Leyes y Cánones ( 26 de junio de 1798) y en Sagrada Teología ( 5 de julio de 1798). Con la autorización para hacer la práctica forense (abogadil), volvió a su ciudad natal y se dedicó por lo pronto a la docencia en el Seminario de San Jerónimo, enseñando Filosofía, Ética y Matemáticas.

El 13 de abril de 1799 recibió las órdenes menores de manos del Obispo Pedro José Chávez de la Rosa, quien le ofreció un puesto entre sus familiares. Siguió la práctica profesional (abogadil) en el estudio de Evaristo Gómez Sánchez, un notable magistrado arequipeño. Volvió al Cuzco en 1801, donde obtuvo dispensa del período de práctica que le faltaba cumplir, recibiéndose de abogado ante la Real Audiencia del Cuzco ( 28 de setiembre de 1801). Hizo lo propio en la Real Audiencia de Lima con fecha 25 de enero de 1802.

De vuelta al Seminario de Arequipa, continuó su labor docente. Cumplido su deber magisterial, recibió las órdenes mayores de manos del Arzobispo Bartolomé María de las Heras, en Lima ( 13 de agosto de 1806). Ocupó la prosecretaría del Obispado de Arequipa y asumió los cargos de Vicerrector y Prefecto de Estudios en el Seminario ( 1807). Al año siguiente pasó a ejercer su ministerio en el curato de Torata.

En marzo de 1809 viajó a España, acompañando al Obispo Chávez de la Rosa en calidad de Secretario. La estancia de Luna Pizarro en la península fue decisiva en el curso posterior de su vida, pues allí presenció la resistencia que el pueblo opuso a la invasión napoleónica. Nombrado Capellán de la Presidencia del Consejo de Indias, asistió a las sesiones de las Cortes de Cádiz, que aprobaron la primera constitución de la monarquía española y la libertad de prensa. Fue designado examinador sinodal del arzobispado de Sigüenza ( 1811). Pero pronto obtuvo el permiso de su protector para retornar al Perú, embarcándose en la goleta Hermosa mexicana el 22 de diciembre de 1811. Llegó a Lima al siguiente año, justamente cuando la opinión del país se hallaba agitada por las elecciones de diputados a Cortes ( 1812).

En Lima ocupó el cargo de medio racionero en el Cabildo Metropolitano, una modesta prebenda que le fue otorgada por intercesión de su protector Cháves de la Rosa. En 1816 fue promovido a la dignidad de racionero y ejerció, hasta 1822, la secretaría del Cabildo, en recompensa de su fidelidad y talento. A solicitud de la Junta de Catedráticos, en 1819 pasó a ejercer el rectorado del Colegio de Medicina de San Fernando, sucediendo a Fermín de Goya, quien había fallecido en ese año. No obstante los avatares de la coyuntura emancipadora, mantuvo la regularidad de las labores académicas. Por exigencia de sus funciones debió pronunciar un elogio de Fernando VII y la monarquía española, durante la conmemoración anual del advenimiento de dicho monarca. Era, sin embargo, un republicano liberal. Abiertamente lo manifestó cuando se preparaba en Lima la proclamación de la independencia.

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